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Trastornos

Raúl Ruiz.- En momentos cruciales como el que atraviesa nuestro país, cualquier movimiento que haga el jefe del Ejecutivo es motivo de cuestionamiento.

El más reciente de ellos ha sido el decreto que autoriza al Ejército y a la Marina, para que salgan de nuevo a enfrentar al crimen organizado, a partir de ya y hasta 2024, pues no tenemos el poder suficiente con la Guardia Nacional, ya que aún no cuaja esta corporación como fuerza de seguridad nacional.

La gente no se siente protegida por ningún lado que se le platique. El deterioro psicológico que le produce la existencia misma, es devastador. Los trastornos mentales son cada vez mayores.

Si se trata de la pandemia, cada vez son más los mexicanos que dudan de las decisiones del gobierno federal y los gobiernos de los estados para aplanar la famosa curva del Coronavirus.

Unos no creen que el peligro de muerte es real y se niegan a permanecer en sus casas. Otros no tienen más que salir a buscar la vida o la muerte. Se juegan el albur: o mueren de hambre o mueren por el virus.

Y en materia de seguridad pública, hay menos certeza todavía. A pesar de las declaraciones presidenciales, al inicio de su mandato, en torno a la estrategia para detener al crimen organizado, ya en la práctica parece que regresaremos a combatir a los malos con el uso de la fuerza.

El retorno a la guerra irracional desatada por Felipe Calderón parece irremediable, lo que conlleva al aumento de las cifras mortuorias que nunca han dejado de estar ahí, pero que recrudecerán.

Y el otro factor de estrés y por consecuencia, percutor de enfermedades como la psicosis, psoriasis o la neurosis, es la incertidumbre económica. Aún no podemos saber cuántos caídos habrá con motivo del desempleo o la quiebra de las microempresas, pero la conducta humana está sufriendo cambios negativos.

Una amplia variedad de afecciones que inciden en el estado de ánimo, el pensamiento y el comportamiento, afloran. Solo los más fuertes y sanos se protegerán mejor.

El trastorno de salud mental se caracteriza por depresión persistente o pérdida de interés en las actividades, lo que puede causar dificultades significativas en la vida cotidiana. La combinación de fuentes biológicas, psicológicas y sociales de angustia, implica un deterioro fatal, que necesitamos contener.

Los trastornos mentales comienzan con la producción de sensaciones de preocupación, ansiedad o miedo, tan fuertes que interfieren con las actividades diarias de quien las padece. Los ataques de pánico a los que estamos expuestos por la pandemia, nos llevan a los trastornos obsesivos compulsivos y los trastornos de estrés postraumático.

A mí no me haga mucho caso, esto me lo han dicho profesionales en la materia y solamente los repito por si le sirven a usted de algo. La vida después de la pandemia no será la misma. Y yo me congratulo de ello, porque nuestra “normalidad”, anterior a este confinamiento, no era precisamente la mejor para vivirla.

Tenemos la oportunidad de reinventar nuestra existencia. Todo saldrá bien.

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