“Quien no sabe mostrarse cortés va al encuentro de los castigos de la soberbia”. Cayo Julio Fedro, fabulista romano
Cuauhtémoc Monreal Rocha.- En el tiempo de Morena y de la 4T volvió a aparecer con mucha fuerza la mascota nacional de los mexicanos: el ajolote (animalito que en más de 500 años no ha evolucionado, según los zoólogos). Hasta los puentes peatonales cerrados por deficiencias estructurales e inseguros por las noches de la Ciudad de México han sido pintados de color violeta por capricho de la jefa de Gobierno, Clara Brugada, y donde por doquier se ve a este animalito anfibio que data de tiempos inmemoriales y que no tiene para cuándo evolucionar.
Desde luego, no se sabrá cuánto costó este derroche de pintura que, para el Mundial de Futbol, ya habrá desaparecido; primero, por ser de ínfima calidad y, segundo, gracias a los tremendos aguaceros que caen en la capital del país. El costo quizá vaya a ser un asunto de seguridad nacional.
Ahora coloquemos en el centro de esta opinión a la señora presidenta, con todos nuestros respetos, porque está ante su pueblo en un verdadero… más que dilema, en un “trilema” político, con motivo de la inauguración del Campeonato Mundial de Futbol, pues a pocos días de este acontecimiento deportivo aún no decide si asistirá el 11 de junio al acto inaugural o de plano no asistirá para no pasar un mal momento, amén de que estarán en el estadio Ciudad de México el señor presidente de Sudáfrica y, por allá en la hermosa Guadalajara, Su Majestad el Rey Felipe VI de España y su distinguida esposa.
Quiera o no la doctora, es la anfitriona de este suceso deportivo tan trascendental y debe atender con toda amabilidad, cordialidad y cortesía a todas las distinguidas personalidades deportivas y políticas, haciendo a un lado su aversión, si es que la tiene, a todo acto social, sea deportivo, político o cultural, porque ella representa a todo el pueblo de México, a toda la sociedad sin distinción de clase, religión, partido político o ideología.
La señora presidenta está bajo una fuerte presión política, no obstante que no hay una ley que obligue a los jefes de Estado a asistir a este tipo de eventos deportivos, pero el nombre de México está en la lupa de la comunidad internacional, que sin duda preguntará: “¿Y la señora presidenta de México, dónde está?”
¿Se les dirá a los visitantes distinguidos que la doctora está en el Zócalo, reunida con su pueblo, para ver la inauguración de esta justa deportiva internacional en una pantalla gigante? Sinceramente creemos que no.
Qué dilema para nuestra presidenta. ¿Saludará a todos los jefes de Estado que visiten nuestro país en esta Copa del Mundo, incluido Felipe VI? ¿Los invitará a comer o a cenar en Palacio Nacional o se hará la desentendida argumentando la austeridad republicana?
Ojalá todo salga bien y nuestra presidenta esté a la altura de las circunstancias, dejando a un lado toda ideología, porque ésta no cabe en el deporte. Hay que demostrarle al mundo y al universo la hospitalidad mexicana, que siempre nos ha distinguido.
Regresemos al buen humor. ¿Qué le dijo el 2 al 0? “Veinte… conmigo”. Vale.



