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Vientos de educación

Dr. Alfredo Morales González.- Cualquiera que se ocupe de nuestro panorama nacional estará de acuerdo con nosotros en que las nuevas realidades socioculturales que vivimos en México afectan particularmente a los jóvenes.

Este conglomerado de pulsiones de consumo e inmediatez, conduce a los jóvenes, incluso a los niños, a buscar la valoración de sí mismos y la propia identidad en los modelos de éxito personal y social que ofrecen las campañas publicitarias y algunas películas al estilo Hollywood, asociadas con la capacidad de consumo y de acceso a bienes superfluos.

La cultura, por naturaleza, se comunica, se crea y se recrea a través de la educación. ¿Y cuál sería el eslabón perdido de la educación? Me gustaría mencionar a la virtud, considerada una cualidad moral positiva y excelencia humana para mejorar la vida ética y alcanzar la plenitud personal.

Por mencionar los tres tipos principales de virtudes, sin importar el orden. En primer lugar, las virtudes cardinales (humanas) como la prudencia, justicia, fortaleza, templanza. En segundo lugar, la virtud moral que denota el hábito de obrar bien y con bondad. Y por último, la virtud teológica (cristiana), que incluye la fe, la esperanza y la caridad.

No es cierto que somos más inteligentes que nuestros abuelos y ancestros. Es diferente ya que estamos más conectados en redes, pero más distantes físicamente. Y nos hacen creer que estas generaciones somos los super inteligentes. Contamos con más herramientas para la comunicación e investigación, a diferencia de los métodos utilizados en el pasado. En consecuencia, hoy en día somos muy fácilmente manipulables, como sociedad en general.

Como un ejemplo de nuestros antepasados, cabe recordar que el Derecho Romano sentó las bases de nuestro sistema legal y de la mayoría de gobiernos en la actualidad. El gran Marco Tulio Cicerón escribió un manual de campañas electorales para enseñar cómo salir elegido senador o magistrado; por cierto, sigue estando vigente la misma praxis en la actualidad.

También, ya desde entonces, se consideraba la imagen de la persona, que fueran jóvenes y bien parecidos los candidatos a puestos públicos, ya que la mayoría de las personas votan o confían por la imagen que se pueda transmitir. (Publicidad, marketing, mismos métodos y modelos de funcionamiento que conocemos que se siguen aplicando y obteniendo resultados de la misma forma desde el siglo I a.C.).

También las relaciones personales se han visto afectadas en la actualidad a través de las redes sociales porque se convierten en un mercado que consumen personas, relaciones a través de una marca personal. ¿De qué nos sirve la tecnología maravillosa si dejamos de utilizar nuestro cerebro? ¿Entonces qué nos hace más inteligentes actualmente?, si también está comprobado que cada vez nos cuesta más trabajo leer un artículo como éste, por ejemplo.

Sin embargo, cada etapa de la historia de la humanidad se distingue de las demás por el conjunto de certezas que a nivel cultural definen la vida de las personas y de los pueblos de su época. Desde la Grecia clásica se decía que la juventud ya estaba echada a perder… Sócrates, Platón, Aristóteles, los grandes filósofos griegos clásicos de hace 2400 años, decían exactamente lo mismo: ¿Qué le pasa a la juventud?, refiriéndose a los adolescentes que vagan por las calles sin las ideas fijas, qué va a ser de nosotros… De tal manera que, si cada generación hubiese sido peor que la anterior, ya nos hubiésemos extinguido de la Tierra.

Cada una de estas épocas posee un conjunto de valores no cuestionados, que configuran un paradigma; es decir, una base sobre la que se desenvuelve la vida de las personas, de las sociedades y de las instituciones. El conjunto de avances científico-tecnológicos que hemos vivido las últimas décadas, han hecho que el mundo se vuelva más complejo y resulte difícil percibir su unidad. Se vive una realidad fragmentada, se ve la realidad unilateralmente, ya sea desde la perspectiva económica, política o científica, reduciéndola a sólo alguno de sus aspectos y se interpreta a la naturaleza humana como algo puramente biológico, socioeconómico o sentimental.

Hay que replantearnos el camino que estamos siguiendo para transformar nuestra historia de desencuentros y violencia en un horizonte de verdaderas oportunidades, desarrollo e inclusión, pensando especialmente en las nuevas generaciones.

Necesitamos recomenzar la educación desde la familia, siendo esta la primera y más importante en nuestra existencia y no dejarle toda la responsabilidad a las instituciones educativas, religiosas o hasta el propio gobierno, siendo este último una guía de acompañamiento en la formas y condiciones de vida de todo un pueblo o país, partiendo desde programas en el desarrollo social con visión en un amplio esquema de políticas públicas, que muchas veces se quedan cortas ante la gran demanda de necesidades y constantes cambios en toda la geopolítica contemporánea.

Necesitamos seguir adaptándonos a los tiempos actuales de bienestar, inclusión y equidad, así como la participación ciudadana en el día a día de nuestra convivencia, adaptando la cultura de nuestro tiempo, en aquel sentido unitario y completo de la vida humana que ni la política, ni la ciencia, ni la economía, ni los medios de entretenimiento podrán proporcionarle.