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Jugar al foul

Daniel Valles.- Jugar al foul es jugar sucio. Así juegan quienes por su habilidad o destreza se ven limitados para competir en buena lid. Jugar a dañar, a lastimar al contrario de manera premeditada es ordenado por el entrenador en jefe. Escoge a uno de sus jugadores más rudos y le ordena: “entra y quiebra al 10”, por ejemplo.

Jugar al foul es una mala práctica. En términos sociales o políticos es ser tramposo, marrullero, corrupto. Desde Palacio Nacional se está enviando la orden de jugar al foul y el INE es a quien desean “quebrar”.

Las intenciones del Jefe del Ejecutivo federal han sido el tomar control de tal institución, como ha hecho con el Poder Legislativo y el Judicial, pero no ha podido. Lorenzo Córdova, el consejero presidente, ha sido presionado, atacado desde el inicio del sexenio.

El INE es un organismo constitucional y autónomo. Además, ciudadano, no depende del gobierno como la extinta Comisión Nacional Electoral sí dependía hasta antes de su creación como IFE, en 1990.

La CNE, recuerda usted, era manejada entonces por el secretario de Gobernación y servía para legalizar las elecciones. El control era tal que se podía “caer el sistema de cómputo” que usaban y les permitía manejar la elección a su antojo.

De hecho sucedió en 1988, cuando Manuel Bartlett, hoy director de la CFE, era su titular y declaró ganador a Carlos Salinas de Gortari en la elección. Si alguien sabe de trampas en las elecciones sería Bartlett, al que se le acusó de jugar al foul.

Es cierto. En una época las elecciones que teníamos estuvieron siempre controladas de tal forma que el PRI nunca perdía. Y si sucedía, arrebataba. Jugaba al foul.

La fama de esto creció de tal forma que se decía para casi todo alegato: “gánale al PRI”. Nunca perdía. “Ganaba siempre con el carro completo famoso”.

Costó mucho esfuerzo de grandes hombres y mujeres el ir moldeando una institución que garantizara los resultados electorales y que fueran los ciudadanos los que estuvieran presentes. Pasaron muchos años y se alcanzó, medianamente.

El IFE, Instituto Federal Electoral, nació en 1990 con funciones constitucionales de organizar las elecciones, pero su presidente seguía siendo el secretario de Gobernación. No era confiable. Se sospechaba que seguía jugando al foul.

En agosto de 2007 se remueve a los consejeros electorales y se amplían las facultades de fiscalización, así como nuevas atribuciones en materia de radio y televisión, respecto a la propaganda electoral. Se nombran nuevos consejeros.

En esa reforma, el PRD y su líder, que ahora es el presidente de México, caprichosamente empantanaban las negociaciones. Finalmente “metieron su cuchara” a lo grande para después en la siguiente elección que pierden, gritar foul.

No es sino hasta 2014, el 4 de abril, que el presidente Enrique Peña Nieto acuerda la disolución del IFE para dar paso al INE actual, que enmarcado en la Constitución es un organismo autónomo encargado de organizar las elecciones federales y otras funciones más que coordina con los estados de la república para las elecciones locales.  Trata pues de evitar que se juegue al foul.

El INE tiene todo un sistema ciudadano para organizar y llevar a cabo las elecciones federales como las que tendremos el año entrante y que al parecer los partidos políticos no solo se preparan sino que ya están “placeando” a sus candidatos y candidatas.

Son más de tres mil posiciones las que estarán disponibles para que los partidos les postulen y los electores votemos. Serán 15 gubernaturas con sus respectivos congresos.

También algo así como más de dos mil alcaldías. Pero sobre todo ello, se renovará la Cámara de Diputados federal, la que es vital para que el proyecto autoproclamado como la Cuarta Transformación, por nuestro “ya no tan querido presidente”, se consolide y trate de imponer un control de tal forma que garantice la continuidad de su movimiento por los siguientes 25 años.

Para lograrlo son vitales estos comicios que se avecinan. Ganarlos de manera contundente, como hicieron en 2018. Pero ese triunfo fue solamente “un garbanzo de a libra”. Y Andrés Manuel López Obrador y toda la gente de Morena lo saben bien.

Y los diputados de Morena, los saben, lo saben. Los opositores, lo saben, lo saben. Y los periodistas, lo saben, lo saben.

Gritar foul por anticipado antes de que inicie el 2021 y traiga la elección, al parecer sería la estrategia actual que anuncia se jugará a eso mismo, a cometer foul, pero por parte de la 4T y sus operadores.

El Ejecutivo federal dijo esta semana que “sería guardián de las elecciones”. Pero no solamente eso dijo, sino que atacó al INE y a su presidente cuando dijo que éste, el INE, “no ha servido para detener fraudes”, a lo que el presidente consejero del INE le contestó que se abstuviera de entrometerse en el proceso electoral.

De igual forma, el consejero Ciro Murayama le recordó al Ejecutivo federal que: “solo el INE es el responsable único de organizar las elecciones y los gobernantes están obligados a abstenerse de influir en ellas”.

Lo que todos sabemos que el presidente hace en sus giras de trabajo: Influir y coptar la intención del voto. Llevar recursos para tratar de levantar su popularidad caída y la de su movimiento. El que sin él como figura principal, es nada.

Esto lo sabe López Obrador. Y como es su costumbre, se brinca todas las “trancas” y pésele a quien le pese sale a hacer campaña política con el seudónimo de gira presidencial.

Asimismo, son todos esos programas llamados del “Bienestar”, que no son otra cosa que la legalización del uso de los bienes públicos con fines electorales. Esto es obvio. Mas, está facultado para hacerlo y entonces así lo legaliza.

Es algo así como era el antiguo IFE, que controlaba el gobierno para hacer trampa en las elecciones. Tenían “el sartén por el mango”. No obstante,  “nuestro ya no tan querido presidente” no tiene facultades constitucionales para hacer lo que dice hará en las elecciones de 2021. Cuidarlas ante un fraude y se entromete.

Sabe que no le va a ir bien. No estará en la boleta, como quería. Conoce el que Morena es frágil y que la gente se ha dado cuenta muy pronto de lo que en realidad son, más de lo mismo, pero elevado a la “4T potencia”.

Por eso ya se cura en salud y de manera corrupta dice y habla de lo que sabe que no está facultado para hacer. Y antes de que inicie el proceso electoral formal ya gritó foul, lo que indica a lo que va a “jugar”, lo que va a realizar porque sabe que no le va a alcanzar.

Así está hoy, El meollo del Asunto.

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