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Javier Corral y Raymundo Romero

Dr. Fernando Antonio Herrera Martínez.- Un vaso con agua en la mano, el impulso del brazo de Raymundo Romero, dirigido a la cara de Javier Corral, quien fue sorprendido con el baño. Recibió el líquido en el rostro, luego Romero le recordó: yo tenía 74 años, cáncer de 4o grado y aun así en 24 de diciembre me mandaste arrestar injustamente por un asunto anterior a mi llegada a la Secretaría General de Gobierno y en el patio de la prisión me desnudaron a medianoche con tres grados bajo cero, me bañaron a manguerazos con agua fría poniendo en peligro mi vida.

Te gané el juicio, demostré mi inocencia y el arresto y las vejaciones de que fui objeto con engaños de tus agentes delante de mis hijos y nietos, me lo he tragado. No puedo soportar que vengas a comer como un ciudadano honorable en medio de personas que sí lo son. Tú no lo eres. En eso llegó su yerno Fernando y le propinó un par de bofetadas a Javier.

Eso pasó ayer en La Garufa, acá en la capital de Chihuahua. ¿Por qué pasa esto? ¿Por la impunidad? ¿Por la indolencia? ¿Por la complicidad? ¿Porque todavía hay presos enfermos injustamente? ¿Porque los que salieron después de ser torturados, extorsionados y encarcelados les ganaron a base de amparos? ¿Por los abusos de poder? ¿Por la indolencia de quienes fueron perseguidos y que ahora son los que gobiernan y que con la miel del poder olvidaron la hiel de su persecución? No lo sé. Pero pasa.

Sin embargo, será más fácil darle una docena de guarros a Javier que hacer justicia. Así les gira la piedra, así los trastorna el poder.

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