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Adolescentes y sexualidad

Dr. Fernando de Jesús Hernández Estrada.- En la adolescencia, la sexualidad se asume como un fenómeno excitante, confuso y desconocido que al mismo tiempo genera tentación así como temor al fracaso y al ridículo. Existen alrededor de ella, numerosos tabús y datos incomprensibles así como estereotipos, leyendas urbanas y prejuicios. Es un impulso que empuja a los seres humanos a su ejercicio pero desde nuestra acepción como seres racionales y éticos. A lo largo de los  siglos, se han  creado normas y disposiciones al respecto y con el avance de la psicología y las neurociencias hoy podemos considerar algunos parámetros. 

Es fundamental establecer, por principio de cuentas, que es un deber considerar a los seres humanos, independientemente de su género, raza, color de piel, características físicas, edad, nivel de desarrollo y estrato socio-económico, como seres iguales en dignidad y ante la consideración de la ley. Lo anterior, justifica, por tanto, que, el ejercicio de la sexualidad implica la responsabilidad y el respeto a sí mismo y hacia la persona con la que se comparte. Existen 3 dimensiones de la sexualidad a considerar para efecto de este artículo. La primera desde luego, es la dimensión personal; el ejercicio de la sexualidad es una atribución que tiene que ver con la completitud personal;  es la consecución de una afectividad necesaria, la obtención de un placer buscado y el establecimiento de un compromiso con otro ser humano. Todo ello lleva como condición sine qua non, el ejercicio de su propia libertad, una libertad responsable, esto es, atender las consecuencias que nuestros actos producen. La segunda es el ejercicio de la sexualidad bajo la premisa ineludible de cuidar la salud y la higiene propias y la de la persona con la que se experimenta y se vive la sexualidad. Lo anterior implica la salud física y mental, así como la higiene física y mental. Estos dos conceptos involucran un tema que, por su importancia y trascendencia, ameritan un artículo aparte. La tercera dimensión, Ética y psicológica nos lleva a contemplar que la sexualidad no puede ser reducida a un mero fenómeno biológico. También es un complejo impulso fisiológico, psicológico y ético, al que tenemos la capacidad de oponer nuestra racionalidad.

En este fenómeno coinciden aspectos holísticos. Es la búsqueda de la realización del placer mediante un complejo estado emocional y sensorial del cuerpo-persona propio en apertura receptiva hacia el cuerpo-persona de otro. Y no solamente debe estar regida por el amor; La ética de las relaciones sexuales se basa en la autonomía personal del otro y no sólo en la realización plena del amor y la dignidad. Es, al mismo tiempo, un encuentro de dos personas, el choque de dos concepciones del mundo y la búsqueda de la realización personal acompañando el mismo objetivo de la persona con la que se emprende el recorrido de un siempre novedoso camino en el que se descubre a la otra persona al tiempo que va descubriéndose a sí mismo.

Si tuviéramos que describir el motivo por el cual la sexualidad apareció en la humanidad, nos encontraríamos con la complejidad que rodea el tema: relación interpersonal, reproducción, obtención de placer, expresión e impresión de afectividad, satisfacción de un impulso libidinal, liberación de tensiones, acercamiento físico, intelectual y espiritual, afirmación de vínculos, reencuentro y reconocimiento, establecimiento de una relación permanente, satisfacción personal y autoestima, potenciación de capacidades, experiencia corporal y sensorial, establecimiento de un acuerdo de reciprocidad (sentido de posesión), la amistad, la expresión del sentimiento de afecto, cariño, complicidad y comprensión entre dos personas, recordando que, expresiones como abrazos, caricias, besos forman parte de la relación sexual, todo lo anterior ejemplifica mejor que cualquier otra cosa, la intrincada interconexión que la sexualidad tiene  con nuestra condición de humanos. 

Concluyendo, podemos resumir que la sexualidad implica nuestra confirmación como seres humanos, siempre y cuando, reúna estas condiciones: el entendimiento vital de que todos somos iguales en dignidad, desempeñarnos con libertad responsable y lo más importante, el respeto empático con nuestros semejantes.