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Continuidad de acciones sociales y obras públicas inconclusas

Soc. Omar Jesús Gómez Graterol.- En los últimos meses Ciudad Juárez ha observado una vigorosa actividad en la construcción de obras de infraestructura.  Estas han consumido millones de pesos del erario estatal y municipal, además de afectar la cotidianidad de miles de juarenses que de alguna forma se vinculan a las zonas y o espacios donde se hacen estas construcciones.  Los detractores de la administración que ejecutaba dichas acciones dirán que se hicieron por captar votos a las elecciones, en tanto que los simpatizantes de la misma afirmaran que fue por disposición presupuestaria, planificación o cualquier otro razonamiento que resulte medianamente “lógico” ante la ciudadanía.  Lo cierto es que en estas edificaciones y vialidades se han invertido cuantiosas sumas de dinero provenientes del dinero público, por lo que no debe desperdiciarse este recurso.

En la mayoría de los gobiernos latinoamericanos, y México no es la excepción, es una constante hacer trabajos de envergadura previo a contiendas electorales (asumiendo que se pensará que los gobernantes están trabajando por la localidad aun y cuando no lo hicieron en todo su período) y cuando no gana el partido de turno y son reemplazados unos por otros no se da continuidad a las obras en ejecución.  Lo anterior, porque los nuevos funcionarios con frecuencia piensan que hacer eso significará darle brillo a los rivales políticos que reemplazaron.  En este sentido, las ciudades se van llenando de inmuebles y cimentaciones inconclusas que además de problemas urbanísticos se convierten en monumentos a la desidia y un desperdicio para todos.

También sucede lo mismo con las iniciativas de desarrollo social, cuando asume una nueva administración, estas suelen ser interrumpidas sin importar como se afecta a quienes se beneficiaban de ellas o las razones que impulsaron su creación.  Ciertamente, algunos gobernadores las hacen con el propósito de hacer labores de proselitismo, pero en todos los casos se debe evaluar el impacto que están teniendo en las comunidades hacia donde fueron destinadas.  Si la intención es meramente clientelar indudablemente deben ser canceladas, pero si está tendiendo repercusiones positivas en la población lo conveniente es conservarlas y/o replicarlas (aunque se les cambie la denominación).

Otro vicio que no es frecuente, pero que, si sucede, es cuando quienes realizaron las obras o acciones asumen estas como suyas. Los recursos que se les otorgan son para que los administren e inviertan para la comunidad, pero en ningún momento pasan a ser patrimonio del ente ejecutor.  Evidentemente, podemos estar agradecidos con la manera en que fue administrado, distribuido e invertido el dinero, pero no significa que son de su peculio.

Recuerdo un personaje al que se le confió la regencia de un municipio.  Desde que llegó se hizo célebre pero no por lo acertado de su gestión sino por una serie de acciones que ejecutó que hicieron dudar, incluso, de su sanidad mental.  Una de estas, casi al final de su mandato, fue la de intentar destruir un centro de recreación que en su gobierno se había edificado.  Lo expuesto por su reticencia a que otro se apropiara de los méritos y beneficios de su labor (aunque posteriormente intento reelegirse pronto se dio cuenta que no contaba con el apoyo de los moradores del sitio para realizar otro mandato).

En conclusión, hay que romper con esa tradición negativa y concluir las obras.  Los dineros y recursos no son de los administradores sino de la gente que paga sus impuestos. De esta forma, es injusto que por diferencias ideológicas los proyectos que se estaban desarrollando queden inconclusos. Por lo expuesto, de alguna manera debería garantizarse que los trabajos de cualquier naturaleza sin concluirse se revisen, y en la medida de lo posible, se lleven a buen término.  Si el temor por vincular a una administración con otra es lo que subyace pueden renombrarse estos proyectos o programas y ampliarse sus contenidos. Sin embargo, no tendría por qué anularse algo que funcionaba con eficacia, eficiencia y efectividad.

Con lo expuesto, no queremos dar la sensación de que los sucesores de un mandato deben apegarse a lo que estaba haciendo el anterior.  En las campañas electorales se hacen compromisos con la ciudadanía y estos deben honrarse pues por esta razón fueron elegidos.  De lo que se trata es de evitar que las inversiones se sigan perdiendo como hasta ahora.  Recordemos que, aunque somos diferentes estamos en un mismo país: México.