Soc. Omar Jesús Gómez Graterol.- El título del presente texto es una frase tomada de un libro basado en la teoría Gestalt para explicar la conducta humana (aunque no recuerdo el nombre de su autor). En tal sentido, ofrece entre sus ejemplos el de cierta adolescente que, mostrándose a otra como su devota compañera, le comenta de cosas negativas contadas acerca de ella por una chica ubicada a poca distancia de ambas.
Así, la supuestamente afrentada se va sobre la acusada, asumiendo la veracidad de lo informado por la “amistad” sostenida con la informante. Se propicia una riña donde la instigadora conserva sus manos limpias y su salud íntegra, mientras contempla a las otras dos golpearse posiblemente para su diversión, porque la atacada le caía mal o le significaba molestias.
Ya adultos, de seguro reprobaríamos semejante comportamiento. A lo mejor, catalogamos el suceso como algo astuto concluyendo que la intrigosa es más inteligente que las utilizadas, ya que las indujo, en su ingenuidad, a los objetivos que quería. Quizás, supondremos que en la “madurez” ya deberíamos haber desarrollado habilidades para evitar sucumbir a tan pueriles jugarretas, por lo que difícilmente nos atraparían en ese engaño.
Lamentablemente, seguimos siendo entrampados en dicho juego de modo individual y también colectivo. No es tan fácil liberarse de este ardid sino conocemos con certeza a quienes nos rodean y cuáles son sus motivaciones. En ocasiones, aun sabiendo esto, existen mecanismos coercitivos para obligar a alguien o a muchos a participar en dichas dinámicas, si bien en contra de su voluntad. Lo referido aplica a personas, pero se puede extrapolar a países.
En el contexto internacional actual, muchas de las acciones de guerra han sido impulsadas por las grandes potencias bajo esquemas similares. El temor al arsenal bélico, que cada una ostenta, hace que efectúen sus combates de manera indirecta empleando territorios ajenos como campos de batalla. Asimismo, libran contiendas en áreas ideológicas, económicas, sociales y culturales en regiones estratégicas, pero fuera de sus fronteras.
La ventaja de esta práctica es evidente para los promotores de las conflagraciones. Las infraestructuras de sus patrias se mantienen intactas, sus pérdidas son nulas o se reducen al mínimo, con frecuencia sus sistemas financieros se fortalecen, las bajas entre sus conciudadanos son minúsculas en relación a la población de los escenarios del conflicto, si pierden atribuyen el fracaso a las víctimas y se eximen con relativa facilidad de su responsabilidad de los actos mencionados, además de otra serie de beneficios.
Desafortunadamente para los demás Estados del mundo, con menor capacidad armamentista o tecnológica, no hay alternativas suficientes que les permitan desligarse de estas situaciones. De hecho, a varios no les queda otra opción que aceptar las imposiciones de sus vecinos incómodos o “entes aliados”. Incluso, ya se ha podido observar cómo algunos fueron empujados a confrontaciones y luego abandonados a su suerte para que los artífices de sus tragedias surjan después como “salvadores” y “pacificadores”, con discursos de justicia (desde sus perspectivas), repartiéndose sus despojos.
Por lo expuesto, para los pueblos y sus mandatarios es prioritario no descuidarse con los movimientos del tablero de ajedrez mundial y no terminar convirtiéndose en las piezas a sacrificar. Es decir, peones prescindibles para que otros consigan sus propósitos. Las naciones hegemónicas no tienen amigos, poseen intereses y, si no se entiende esto, las restantes vivirán en un permanente desconcierto condenadas a servir a agentes foráneos.
A Latinoamérica le conviene diversificar sus socios e inclusive apostar por la pluralidad con la finalidad de disminuir este tipo de presiones, ya que es casi imposible que desaparezcan. El “Tratado de Libre Comercio” entre Estados Unidos, Canadá y México, en las circunstancias contemporáneas; las luchas en el Medio Oriente, la guerra entre las dos exrepúblicas soviéticas y la amenaza a Taiwán, por señalar algunas, son demostraciones con abundantes lecciones que aportar, destacándose la enseñanza que ha revelado lo peligroso que es poner todos los huevos en una sola canasta.