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Valentina… Valentina…

Dr. Fernando Antonio Herrera Martínez.- En la audiencia en la que César Duarte acusa de violar sus derechos y se niega a retirarse, nunca pisó terreno ilegal. Tampoco ofendió a la juez y cuidadosamente guardó, aunque al filo de la navaja legal, su legítimo reclamo.

La audiencia explotó porque en lugar de imponer de seis meses o un año más de prisión preventiva, la juez impuso prisión indeterminada y que a partir de ese día no se computaría el tiempo de estar interno. De ahí el reclamo inicial de imponer, sin decirlo, una cadena perpetua sin pasar por juicio.

Además de asegurarse de que, aunque pasen los dos años de prisión que la obligarían a cambiar medidas cautelares cuando ese beneficio se ha violado al no contabilizarle los 23 meses pasados en prisión en Estados Unidos “porque era trámite administrativo”, cuando la orden de aprehensión es la misma por la que está detenido.

La juez le reclamó y le llamó la atención e hizo su mayor coraje cuando le dice que es su derecho ejercer su libertad de expresión y es cuando, fuera de quicio, la juez ordena a los custodios que lo saquen, pero no se atreven a tocarlo.

Ella insiste en ordenar a César Duarte que se salga, él se niega y le reitera que lo desaloje contra su voluntad porque él no se irá, y ahí es donde los custodios le piden favor, que los apoye porque se trata de su trabajo, a lo que él les contesta: “hagan su trabajo, ustedes no son responsables, pero no me voy a ir, ni a levantar de aquí por mi voluntad, hagan ustedes lo que tengan que hacer, para que me saquen”, pero los custodios no se atreven a tocarlo y ella abandonó la sala con evidentes muestras de rabia y coraje, se fue a otra sala y allá cerró la audiencia.

Valentina Meléndez sabía que al sacarlo por la fuerza lo podían dañar en su deteriorada salud todavía más, incluso provocarle una parálisis total, pero aun así ordenó a los custodios que lo sacaran; sin embargo, los custodios, nada tontos, sabían que era menor el problema al desobedecer a la juez que arriesgarse a matar a César Duarte.

La juez lo tiene en la cárcel, pero él es libre en su derecho de expresión y libre albedrío. ¿Victoria pírrica? No por el nombre de ella, sino por la historia, pero de que hay carácter, lo hay y la juez tuvo que comer camote e irse a terminar su vergonzosa consigna en otra sala.

La justicia tiene la balanza inclinada y no hay manera de equilibrarla. El abuso de autoridad es obvio y descarado. César Duarte es un preso político. La autoridad de Chihuahua pasa vergüenza ante la sociedad que los eligió.

Hay que poner las barbas en remojo porque a cualquiera nos pueden meter a la cárcel. Basta que te planten una pistola o droga y ni Dios Padre te salva de la inquisición en que se han convertido.

Cualquier cosa que pase por ser libres de informar y de expresar nuestra opinión, la sociedad sabrá a quién hacer el reclamo. Maru debe salvaguardar este derecho. Nada más, nada menos.

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