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Teoría de la evolución

Padre Eduardo Hayen.-

Querido padre:

Tengo 50 años, soy casado y tengo una hija. Leí un libro escrito por una arqueóloga, que habla sobre los sumerios y plantea otras teorías sobre el origen del hombre y sobre hechos históricos del Antiguo Testamento. También encontré documentales que cuestionan la historia que nos enseñan de niños y, basados en arqueología, dan interpretaciones distintas de la historia de Adán y Eva, el paraíso, el diluvio, etc. Agradezco mucho su orientación.

Querido hijo:

La Iglesia Católica nunca se ha opuesto a la ciencia, sino que siempre la ha alentado. De hecho, las universidades nacieron auspiciadas por la Iglesia en la Edad Media, y hoy existen muchísimos científicos creyentes, así como otros tantos que no lo son.

Los once primeros capítulos del Génesis –desde la creación hasta la torre de Babel– no transmiten hechos históricos comprobables por el método de las ciencias históricas que hoy conocemos, lo que no significa que no hayan de alguna manera ocurrido. No son hechos que se pueden comprobar según el método científico, sino que transmiten un mensaje de Dios para la humanidad.

En cuanto al origen del hombre, la Iglesia siempre ha dicho que el cuerpo humano podría ser fruto de una evolución. Aunque es una hipótesis, no deja de ser posible. Lo que la Iglesia no acepta de la teoría evolucionista es la evolución del alma humana. Si es que hubo una evolución del cuerpo, el alma fue infundida directamente por Dios en el primer hombre.

Hay estudios científicos que cuestionan la teoría de la evolución. Por ejemplo, el que hizo David Thaler y que publicó en Journal of Human Evolution, donde concluye que nueve de cada diez especies de animales en el planeta, incluidos los animales más minúsculos, aparecieron al mismo tiempo que los seres humanos. El análisis de Thaler estudió el ADN de 100 mil especies y concluyó que éstas aparecieron en la tierra simultáneamente y no en un desarrollo evolutivo. La teoría de la evolución es incompatible con su descubrimiento, que es científico.

Muchos católicos aceptan la teoría de la evolución como un hecho incuestionable, pero, en realidad y para ser más sensatos, se tienen que ver otras investigaciones. La teoría de la evolución no es un tema cerrado. Como católicos no somos fundamentalistas para creer que la narración del libro del Génesis es literal. Lo que contiene es una verdad religiosa cierta: el universo y el hombre tiene un origen sobrenatural: son creación de Dios.

Hay que ser muy respetuosos de los avances científicos, pero como católicos hemos de estar atentos a que éstos no estén contaminados de posturas ideológicas. Hoy, por ejemplo, los animalistas, ecologistas y evolucionistas radicales consideran que la teoría de la evolución es absolutamente cierta y que no se puede criticar. La Iglesia no debe cuestionar a la ciencia y su desarrollo, pero sí debe desenmascarar las doctrinas ideológicas que la quieren manipular a su favor.

Repito, en el supuesto de que el cuerpo del hombre hubiera evolucionado, el alma no evolucionó, sino que fue infundida por Dios. Desde ese momento existió el primer ser humano al que la Revelación divina llama “Adán”. Lo importante del mensaje de Génesis capítulo 1 es que el origen del hombre es sobrenatural, que su relación con Dios es el centro de su existencia y que, como administrador puesto por Dios en el universo, tiene superioridad y dominio sobre la creación visible.

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