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Si nadie dice nada, nada pasa

Dr. Arturo Castro.- La verdad de la historia es que está escrita por quienes la describieron en base a la experiencia vivida. Quienes dejaron un legado nos permitieron entender el cambio de vida generación tras generación, fueron estudiosos, analíticos, filósofos de quienes aprendemos lo mismo que ellos vivieron para facilitar la existencia en un mundo llamado Tierra.

Hablar es una acción que trasciende porque deja registro, un registro que permite conocer un pasado lejano o cercano, va de la Grecia antigua a un tal peso pluma que canta sin cantar.

Cuando se externa una opinión, se colabora en la construcción de la vida cotidiana, sin pensar que sea un mensaje, solo es el sentimiento de lo vivido en esta vida loca por demás.

La palabra es ley, dice un viejo refrán; de ahí que desde los primeros años se inculque una sabiduría que va de alfabetizar a todos y a cada quien, aunque se reconoce la estadística de aquellos que nacieron y crecieron en circunstancias desiguales.

Que parece que a nadie importa porque la agenda es de género en una equidad inequitativa, que va de un día casi nacional de la madre a un desapercibido día del padre, que va de aplaudir a una diputada y cuestionar a ese macho mexicano igualmente diputado.

Por ello, es interesante expresar lo que se piensa para que la sociedad, el gobierno, la prensa o a quien corresponda entienda lo que se quiere o tal vez lo que no se quiere en este mundo dominado por la falacia política de que todo está bien.

Si nadie dice nada, nada pasa, es la expresión que invita a compartir la experiencia de vida en relación al futuro cercano y la deficiencia presentada en todos los sentidos.

La verdad no ofende, pero molesta, es una gran verdad. Existe aquel o aquella que no desean que se les diga sus verdades, solo desean escuchar la voz de las sirenas que en alguna ocasión emocionaron a Aquiles, casi causándole la muerte en aquella trama de Homero llamada la Odisea.

Si nadie dice nada es porque se vive una vida tranquila, que pase lo que pase y lo que tiene que pasar, entonces nada pasa, cuando se levanta la mano y se expresa una opinión se convierte en un elemento de juicio que tendrá un veredicto positivo o negativo.

La vida enseña que es bueno no hablar. En boca cerrada no entran moscas. Entonces la idea de esta reflexión se complica porque se trata de motivar la expresión abierta para vivir mejor.

Solo la recomendación de no hablar por hablar como se hace en una gira mañanera que exalta la personalidad de quien lo hace, siendo una locura expresiva que realmente nadie entiende, al menos no hay estudios psicológicos visibles que lo describan.

Si nadie dice nada, no pasa nada. Espero que por decir lo anterior pase algo y cada quien en un todo transforme su posición y apoye a transformar a los demás, quienes comprensivamente se pueden dejar querer.

Hablar es un derecho, aunque hay aquellos que se disgustan por el texto, viven una vida egoísta que a la vez a nadie interesa, ante lo cual no hay epitafio alguno, menos memoria que da lugar a lo desapercibido.

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