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Se necesita gente

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Alejandro Cortés González-Báez.- Ya estamos metidos, y no encontramos la puerta para poder salir con bien de estas crisis de salud y económicas. En estos momentos y durante lo que se pronostica como una larga, muy larga temporada, vamos a experimentar cambios radicales en nuestras vidas personales y sociales.

Solemos escuchar que las épocas de crisis debemos verlas como tiempos que nos abren oportunidades. Sin duda alguna, aunque el panorama se nos presenta oscuro. Muchos caerán en estas batallas.

La inmensa mayoría de los que estamos vivos no conocemos las terribles penurias de las guerras. La Revolución Mexicana es una imagen romántica hecha de fotos de color sepia y películas mudas como aquellas de indios y vaqueros en las que todos iban armados.

Nuestros estilos de vida tendrán que cambiar. Como telón de fondo siempre estará el miedo a la violencia, al hambre, a la pérdida de nuestros seres queridos. Quizás —desafortunadamente— los contrastes entre ricos y pobres se harán más drásticos.

En cuanto el presente y futuro próximos —en relación con el aislamiento que estamos viviendo— nos pueden servir esos videos en los que aparecen animales que habiendo estado enjaulados son conducidos a sus hábitats naturales para ser dejados en libertad.

Una vez que se abren las puertas, suelen salir corriendo, asustados, para perderse en la lejanía, pero no todos, pues algunos se lanzan contra las personas que los estaban liberando. Pienso que no faltarán quienes estas circunstancias los hagan comportarse de forma agresiva hacia todos los que encuentren a su paso.

De hecho, ya se dan casos de algunos que están aprovechando para sacar beneficios económicos desproporcionados elevando los precios de materiales necesarios en los servicios de asistencia médica.

Es aquí y ahora donde se necesita gente con profundo sentido humanitario. Gente que esté dispuesta a trabajar por el bien de todos; personas con capacidad de entrega —como los médicos, enfermeras y demás personal sanitario— que arriesgan, incluso sus vidas, siguiendo unos compromisos que libremente adquirieron al dedicarse a esas funciones; héroes que tengan la capacidad de pensar primero en los demás.

Los pequeños tendrán que vivir dentro de unos esquemas donde ya no estén permitidos los caprichos y antojos. Donde, quizás sus padres ya no les compren lo que pidan por miedo a provocar sus ridículos berrinches.

Tiempos en los que heredar la ropa de los hermanos mayores sea equivalente al gusto de estrenarla. Donde los jóvenes y los adultos aprendan a valorar todo al margen de los criterios puramente económicos.

Por todo esto y por mucho más algunos podrán decir: “Benditas crisis que me abrieron los ojos, que me sacaron de mi estúpida mentalidad egoísta, consumista y pragmática”.

Tiempos en los que podamos descubrir que venimos a este mundo para poder ganarnos la felicidad eterna junto al Creador. En definitiva, para luchar por una felicidad perfecta que no terminará jamás.

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