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Sangre de Cristo derramada en la Cruz

“Pero uno de los soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante salió sangre y agua” (Jn 19 24)

Antonio Fernández.- Es importante para el cristiano católico grabar en su alma y corazón que el pago a la deuda contraída por sus pecados inició a los días del nacimiento del Redentor cuando fue circuncidado.

El dolor provocado por la herida es dolor inexplicable y en un niño sumamente lacerante el padecimiento inesperado en carne viva vino las primeras gotas de su preciosísima sangre. En ese instante inició Jesucristo Nuestro Señor el pago de la inmensa deuda pecadora del ser humano.

Pasan los años, el Señor antes de ir a su pasión va a ofrecer el sacrificio en oración al huerto de Getsemaní: dejando al Padre Luis de la Palma en su obra de la Sagrada Pasión con estilo, claro y dulce describe:

“Pues en esta agonía hizo el Salvador más larga y mas fervorosa su oración. Y como quiera que en estas apreturas se suele recoger la sangre de los demás miembros, dejándolos fríos, para cercar y favorecer el corazón”.

¿Cómo pudo el Salvador? Sudar esta sangre por las venas, sino por haber hecho un esfuerzo tan magnánimo y generoso para sacudir de sí el temor, que juntamente desvió la sangre que se había recogido al corazón con tanta fuerza que, no pudiéndola contener la estrechura de las venas, se desataron y dieron libre salida por los poros a “las gotas de sangre que corrían hasta la tierra”.

Un doloroso momento estremeció el cuerpo de nuestro Salvador, conocemos y estamos ciertos, que cuando los dolores son agudos vulneran y agobian doblando cualquier cuerpo, pero en Nuestro Señor Jesucristo es un tormento interno que nace del corazón sin detenerse.

Esto y muchísimo más padeció nuestro Salvador al aflorar su sangre al exterior de su divino cuerpo, el apresurado flujo de su preciosa sangre baja por su cuerpo y caer a tierra; creer que perder de está forma la sangre no es causa de dolor es un error, es tan intenso que nada puede calmarlo.

Pero como la cizaña, el incrédulo dirá que eso es una aberración así lo va a ver y entender su incredulidad porque no tiene fe en su Salvador.

En respuesta a todo lo anterior queda entendido que la sangre derramada en la cruz por Nuestro Señor, cada gota de ella queda en la humanidad y en el cristiano católico comprendido y convencido, discernido y enterado.

Fue la moneda que pagó la salvación de las almas como consecuencia de las maldades humanas hasta el último segundo de vida del alma que esté al término del fin de los siglos.

Llevado injustamente al Pretorio donde Pilatos no encontrando forma de calmar al pueblo judío y azuzado por el Sanedrín, busca la forma de perdonarle la vida, pero la insistencia de los enemigos de Jesucristo Nuestro Señor es persistente cada vez más incendiaria.

Pilatos ve que para calmarlos tendría que hacer uso de las legiones, teme perder el control político y militar sobre Israel, entonces erróneamente dio temerosa sentencia. Su negligente forma de pensar da una falsa salida a la presión que sobre él ejercen los judíos.

Ordena azotar a nuestro Salvador injustamente por un juez que lo considera inocente creyendo poder después dejarlo libre. Atan las manos de nuestro Salvador a una columna de piedra para satisfacer a sus enemigos que le habían visto obrar con ellas prodigiosos milagros.

Pasemos a la meditación del Padre Luis de la Palma: “Espectáculo el más horrendo que el mundo vio y que jamás verá. ¡Que estén los hombres azotando al Hijo de Dios, a vista de su Eterno Padre y de todos los ángeles del cielo sin que haya quien se lo estorbe!

“¡Venid todos los hombres y hallaos presentes en el pretorio de Pilatos, veréis azotado a Dios por vuestras culpas! ¡Reconoce, ¡oh hombre!, cuánto vales, pues fuiste comprado con este precio; y ten vergüenza de hacerte otra vez esclavo del pecado, ¡si sabes estimar el valor y dignidad de ese rescate!”

En medio del murmullo de los soldados que participan de esta acción, y los gritos de la plebe judía solo escuchan el látigo, mientras el Señor en medio de esta afrenta de burla y mofa a fin de humillar y ridiculizar su divinidad no deja su corazón de elevar la oración que cierra su agonía en la cruz: “Señor perdónales porque no saben lo que hacen”, oración que perdurará hasta el fin de los tiempos.

Así quede debidamente enterado el cristiano católico y todo habitante que pase por este mundo que Cristo Nuestro Señor desde al nacer vertió su sangre para con ello pagar sus miserables pecados.

Ahora medita, reflexiona y lo menos que puedes hacer es pensar si tus resbalones pecadores son de mayor valor de lo que el Hijo de Dios ofreció por tu salvación.

Pero hay una cosa que no has previsto: el Señor te asediará incesantemente para recuperarte, si tu corazón se cierra y endurece, perdido serás pues con su sangre pagó por tus pecados y todos los pecadores pasamos a su poder de salvación.

Mas hay algo para recapacitar: el Señor buscará los medios inimaginables para salvarte pecador, y lo hará para que ganes la gloria, pero pasarás al purgatorio el tiempo que se purguen esos pecados, pagó por ellos y será hasta que su justicia disponga pasar a la gloria eterna cuando se gozará tenerte a su lado.

 hefelira@yahoo.com