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Profecías mediáticas electorales

Daniel Valles.- Terminaron las campañas políticas, las que de manera oficial iniciaron el 7 de septiembre del año pasado. Y si tomamos en cuenta las precampañas y la etapa de rumorología y campañas internas, es poco más de un año en que hemos estado escuchando la publicidad, anuncios, comentarios, rumores y elucubraciones sobre quiénes van o quiénes ganarían.

Se silencian todas las campañas. Estamos de plácemes. Las campañas, aparte de que representan un gasto inútil que es enorme, nos hartan. No se han innovado, no han ideado una forma diferente de hacer campaña a las tradicionales de dar a conocer sus propuestas, las que realmente no existen. Por eso mismo, eso podría señalarse como un tipo de corrupción. Claro, que no se puede generalizar.

Existen como un tipo de promesas proféticas que quienes las emiten no cumplen. Ergo, esas personas pueden ser calificadas de falsos profetas. Y en la antigüedad, a los falsos profetas se les apedreaba.

El rechazo de la gente hacia la clase política obedece a eso precisamente. Se sienten defraudadas, burladas, saben que la demagogia es corrupción. Hay campañas en las que se prometen puentes donde no hay ríos y hasta ríos prometen instalar.

La cosa es decirle a la gente lo que quiere escuchar para luego olvidarse de lo ofrecido. Así ha sido siempre. El uso de la demagogia es la principal herramienta retórica que se utiliza para la campaña política. En vez de proponer insultan “al pueblo” mediante ella.

Critican a la persona que contiende en el otro partido para desacreditarle, pero presentar propuestas reales muy poco, casi nada. Son promesas que más bien parecen “profecías mediáticas, electoreras y demagógicas”. Nada más.

Por la pandemia que en el país hemos vivido en más de 14 meses se esperaba que las campañas fueran diferentes, que innovaran, que algo diferente sucediera. Es cierto, se vieron mucho en redes sociales, pero eso no es nuevo. Desde 2008 cuando Barack Obama hizo campaña en su primera participación en la elección de EU, quedó claro que el uso de estas redes era vital para darse a conocer.

En esta elección en México llamada “intermedia” quienes participaron sí hicieron, pero nada nuevo, nada de un nivel diferente que la pandemia ameritaba. Simplemente no se vio, no sucedió. A pesar de que los partidos tuvieron una millonada de dinero para gastar en la campaña, casi 3 mil millones de pesos que es poco menos de la mitad del presupuesto anual de Ciudad Juárez.

Algunas campañas para el gobierno de su estado respectivo, como en Nuevo León, se gastaron más de 30 mdp. Solo en dos meses y sólo “lo fiscalizable”. A pesar del gasto excesivo que se hace, el INE cree que el llamado abstencionismo será nuevamente quien gane la elección.

Las causas son varias a mi ver: El que no se tienen un sentido ciudadano lo suficientemente arraigado en el electorado. La pandemia. La situación económica. La violencia. El “importapoquismo” y alguna otra. ¿Cuál? La que usted quiera.

Para el próximo domingo se esperarían 90 millones de electores en las urnas, pero todos sabemos que eso no sucederá. A pesar de la importancia que la elección representa. Será el voto duro el que se manifieste para el candidato y candidata que se levante con el triunfo.

Al organizar las elecciones en el INE, el primer elemento que les ha tenido preocupados es el factor de la pandemia. Es decir, lograr la organización de las elecciones sin poner en riesgo la salud de la ciudadanía que acude a votar, el desarrollo de las campañas electorales y de la propia jornada electoral. Eso ha sido logrado hasta el momento.

El INE y el IEE están ya listos para el día de la elección y lo que sigue después del domingo. Han tomado todas las precauciones necesarias. Se seguirán todos los protocolos que ya conocemos, como la distancia y el uso del cubrebocas. Hasta van a permitir que uno lleve su propio marcador o pluma para imprimir la intención del voto. Algo que nunca antes se había visto.

Sin embargo, José Roberto Ruiz, quien preside la Comisión de Capacitación y Organización Electoral del Instituto Nacional Electoral (INE), dijo hace unos meses que: “No era posible asegurar que se eliminan las posibilidades de contagio al 100%, no sería responsable prometer eso, pero la ciudadanía debe saber que se hace todo lo posible para mitigar los riesgos”.

Históricamente, la participación ciudadana en un proceso intermedio, como el que vamos a vivir el próximo domingo apenas supera el 40%. Veremos si los elementos que le he mencionado pueden ser superados.

Y es que se ha hecho énfasis por parte de los partidos de oposición que estas elecciones son vitales para la marcha del país como lo hemos conocido hasta ahora. Y por favor, nadie se puede atrever a decir que no hemos progresado como nación.

Como tampoco uno se puede cegar a las carencias y problemas que hemos enfrentado. Corrupción, inseguridad. Pero tampoco se puede decir que estamos mejor hoy, que hace dos años. Podríamos estarlo, claro, pero no es así.

Entonces, si es cierto que por las vísperas se conocen los días, nada bueno nos espera con la votación. Espero y el domingo se venza al abstencionismo. Que la gente acuda y vote. No hacerlo es faltar al compromiso que como ciudadanos tenemos. Sería otro tipo de corrupción no hacerlo. Vaya y vote. Medite su voto. ¡Razónelo!

A eso invita e INE en este tiempo. A que digiera la cantidad de anuncios y propaganda que los diferentes partidos presentaron anunciando a su producto principal: sus candidaturas.

Nos corresponde a nosotros si lo “compramos” o no. Es decir, si votamos por esas ofertas políticas o no. Debemos vencer el abstencionismo. Debemos votar y hay que meditar el voto.

Aunque sé bien que eso de meditar el voto en estos días, se asemeja a los días de guardar y meditar de la Semana Santa, cuando muy pocos se guardan y muy pocos meditan.

(*) Daniel Valles es el Comisionado Internacional Anticorrupción de la OMPP