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Perniciosos algoritmos

Raúl Ruiz.- Este fin de semana me la pasé informándome en temas científicos donde las matemáticas y la geometría, que son como madre y tía de la estadística, son mandonas en materia política. Sí, aunque usted se sonría.

Marcos Barraza siempre ha dicho que mi cerebro discierne más en el rollo de las ingenierías que en el de las humanidades. Mis razonamientos, dice, son más matemáticos que jurídicos. Quizás sí. Tuve un buen profesor de matemáticas en secundaria, el ingeniero Salvador Alejo, padre de mi matemático de cabecera, Gustavo Adolfo Alejo Luna, amigos desde los años mozos.

Mi profesor decía que las matemáticas, se encuentran presentes en nuestra vida cotidiana, en el quehacer diario por medio de los objetos técnicos, en compras diarias, pagos de servicios, en repartos de algún producto en la mesa, en cálculos próximos de longitud, peso de algún objeto y otras variables.

Con el tiempo, nos enteramos que el conocimiento matemático es una de las disciplinas que permite fortalecer la capacidad de razonamiento, en cuanto a: abstracción, toma de decisiones, análisis, síntesis, predecir, sistematizar y resolver problemas de orden lógico o heurístico, que permite una formación básica a nivel cultural para el desenvolvimiento cotidiano.

Y yo trabajo el análisis político utilizando herramientas como la teoría del caos y la ciencia de la prospectiva, para elaborar escenarios futuros. El ingeniero Alejo nos ponía ejercicios para razonar así. No era poner en el pizarrón un problema y a ver quién lo resolvía.

Déjenme presumir unas lecturas recientes a propósito de estos recuerdos. Chevallard, Bosch y Gascón (1997) refieren que las matemáticas, se encuentran presentes en nuestra vida cotidiana, en el quehacer diario. Dicen que el razonamiento matemático conlleva a un razonamiento formal de manera consciente permitiendo la solución de problemas y generando las conclusiones pertinentes, al respecto.

Categorías que manejan estos autores en sus publicaciones en 1997, mientras que mi profe ya las traía puestas en 1963. ¡Nomamespancho!

Hasta aquí el contexto nostálgico para entrar de lleno al tema de hoy.

Pues ahí tiene usted que alguien me preguntó si yo pensaba que la Reforma Electoral planteada por el presidente Andrés Manuel López Obrador tendría posibilidades de vida. Y de inmediato respondí que no.

No es que la reforma sea mala. Por el contrario, es razonablemente buena para nuestro avance democrático. El problema es que afecta los intereses de la oposición y con el factor matemático de los votos que se necesitan, más la arrogancia que les produce la seguridad de ser entre todos los partidos opositores, poquito más de la tercera parte de las curules, detendrán a sus calzones una importante reforma.

Así, a lo orejón, sin mediar razonamientos, negociaciones. No. Será una negativa rabiosa.

Pero este escenario, que planteo, no es producto de un impulso para favorecer a nadie en especial porque se ha dado el caso que en mis recientes análisis y comentarios, se me tilda de chairo por no darle con la pluma al presidente.

Hoy, utilizaré el razonamiento matemático para demostrar que la reforma no pasará, pues se ha forjado un algoritmo pernicioso para frustrar cualquier intento de reforma, donde se requieran las dos terceras partes del Congreso para su aceptación.

Primero una definición. Un algoritmo es un conjunto metódico de varios pasos que pueden emplearse para hacer cálculos, resolver problemas y alcanzar decisiones. Un algoritmo no es un cálculo concreto, sino el método que se sigue cuando se hace el cálculo.

Por ejemplo, si queremos calcular la media entre dos números, podemos usar un algoritmo sencillo. El algoritmo dice: “Primer paso: suma los dos números. Segundo paso: divide la suma por dos”. Cuando los números son 4 y 8, se obtiene 6. Cuando son 117 y 231, se obtiene 174.

Un ejemplo más complejo es una receta de cocina. Un algoritmo para preparar una pasta Alfredo:

  1. Calienta agua con sal, y aceite en una cazuela.
  2. Introduce la pasta hasta que quede al dente.
  3. En un sartén aparte, prepara la salsa Alfredo.
  4. Ponemos camarones y champiñones también.
  5. Sirve con una ensalada como guarnición.

Y así sucesivamente. Podemos seguir el mismo algoritmo decenas de veces, empleando cada vez ingredientes algo distintos y obteniendo por lo tanto una pasta ligeramente diferente. Pero el algoritmo sigue siendo el mismo. Por sí misma, una receta no puede hacer la pasta. Se necesita una persona que lea la receta.

Dicen los científicos que los humanos son algoritmos que producen copias de sí mismos (como una máquina expendedora que, después de pulsar la combinación adecuada de botones, arroja el objeto deseado).

Algunas palabras clave para entender un poco más este estrato son: costumbre, hábito, usanza, inercia, automatismo, repetición. Y en este caso de la política en materia legislativa, se ha creado un algoritmo cuya respuesta siempre irá por la negativa. Solo por joder.

Un algoritmo pernicioso que rebota hacia otro algoritmo igual de nocivo: El de acusar a los dañosos y negativos, como… TRAIDORES A LA PATRIA.

Conclusión: Las matemáticas tienen una gran belleza, es el esplendor de lo exacto, la lozanía de lo llano, la inspiración de lo simétrico y en los algoritmos está el secreto de la vida. (Marcos Barraza)

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