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Percepciones desde los supuestos

Dr. Arturo Castro.- Los prejuicios son los juicios sin sustento que se realizan sobre alguien o algo, siempre han existido y en política se muestran como parte de una cultura adoptada por demás.

La sociedad percibe los sucesos, ya sea a través de los medios de comunicación, de las redes sociales o de la experiencia de estar en el momento de los hechos. Todo significa una consecuencia lógica del pensamiento que se tiene y vive.

La astucia parece tener talento cuando se intenta una y otra vez a través del ejercicio político, cuyo interés ocupa a más de cien, de esos primeros cien preocupa lo que hacen a muchos cientos más, que opinan valorando y tergiversando lo que sucede aquí, allá y acullá.

La percepción política de la sociedad está influenciada por el quehacer de quienes dirigen su vida personal hacia la colectividad, son aquellos que moldean de palabra y de quehacer lo que sucede hoy en las políticas públicas y en la hechura legislativa de acuerdos con algunos desacuerdos intrínsecos.

Cualquiera supone lo que sea, tiene su verdad como un tesoro, aunque no sepa el resultado de una operación matemática de sumas y restas a dos dígitos, mucho menos el símbolo de cobalto en la tabla periódica de los elementos.

Muchos opinan porque creen que saben, ya que la información inunda ese pequeño aparato telefónico que se ha convertido en un gran compañero de vida; sin él, más de uno sería como volver a aquel pasado sin disfraces sociales, ni alarmas violentas de cualquier lugar.

Todo mundo en el planeta Tierra conoce el valor de la información. De la realidad mal informada nacen los supuestos que enfocarán la dirección a seguir, tal vez en forma equivocada.

Los partidos políticos lucran como siempre. Las verdades y mentiras están en todos lados, de ahí los supuestos que modifican el futuro cercano, describen el pasado a conveniencia y moldean el futuro en base a su interés.

Las percepciones son variadas, van de la educación de cada quien, de la vida ordinaria que se vive y del sueño quijotesco de que todo vaya bien, sin errores para intentar hacer lo menos lo mejor posible.

La falsa percepción de las cosas no tiene culpables, solo es el momento único que le toca vivir a cada quien, creyendo que su vida es la mejor de todas, que esos años del ayer solo son nostalgia frente a la intensa vida tecnológica que hoy toca vivir.

La inteligencia artificial supone resultados extraordinarios, viene de copias del pasado, la robótica se vio en la caricatura de los supersónicos hace varias décadas, la vacuna de una pandemia llamada Covid-19 se desarrolló en meses por varios laboratorios a la vez, cosa única no vista antes.

Las percepciones desde los supuestos que se creen, construyen una vida difícil, envuelta en escándalos ideológicos sin sustento; moverse es dejar la paz atrás, para entender de una mejor manera cualquier virus verbal, de esos que están por la mañana, por la tarde y por la noche.

La percepción de lo que sucede pertenece a cada quien, la sociedad como tal, emite su razón a través de protestas que alguna vez llegan a la boleta electoral.

Así nació y creció la oposición, independientemente de las siglas. La sociedad siempre tiene la razón, igual que siempre tiene el coraje de tachar con una horrible X al gobierno en turno, pensando que la diferencia pudiese ser mejor.

Percibir un desarrollo integral hace suponer la hechura de un mejor país, es dedicarle trabajo real desde cualquier trinchera existente.

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