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Óxido corrosivo

Raúl Ruiz.- Cuando Felipe Calderón, al punto pedo dijo: “¡Vamos a hacerle la guerra al narco, qué chingaos!”, removió un avispero muy peligroso. Nunca se imaginó el tamaño de las avispas, ni el número de insectos que contenía el panal.

Su entonces secretario de la Defensa Nacional, general Guillermo Galván Galván, le advirtió en corto: “Aguante un poco mi presi. Tenemos un estudio reciente que nos indica cosas terribles. Al menos 6 de cada 10 mexicanos son parte del narco”.

En aquel tiempo, el narco era sinónimo de delincuentes dedicados al tráfico de drogas. No como ahora, que tiene muchos más giros, como el guachicoleo, trata de personas, tráfico de órganos, prostitución infantil, tráfico de migrantes, extorsión, secuestro y otras variables. Pero no le hizo caso y comenzó la matazón. 

– “¡Se lo dije, mi presidente! Es que le calculó mal. El narco no solo es un grupo que vende mota. Detrás de ellos están otros que la siembran, luego los que la empacan, enseguida los que la transportan, luego los que la pasan por la frontera. Los que cobran. 

“Y luego las mamás que les hacen lonche. Los hermanos que ayudan de sicarios. Los chavalos de 12 que trabajan como halcones. Los que la consumen y una enorme red que se va extendiendo más y más.

El problema es que el pueblo está empobrecido, al borde de la miseria. Entre las remesas y el dinero del narco apenas sacan a flote la economía familiar”, le comentó Galván Galván al presidente botella. 

Rescatar a la gente de las garras del narco es un reto de mucho trabajo social; y cuando llega López Obrador con sus políticas socialistas de becas a los ninis, pensionar a todos los viejitos, hacer programas de ‘sembrando vida’ y otras más, en vez de seguir con la estrategia de enfrentar a tiros a los malandros, obviamente rompe el esquema político nacional.

Esta breve historia ocurrió a finales de 2006. Y desde entonces hasta la fecha, han muerto por la violencia casi un millón de mexicanos. Y aumentó la cifra de 6 a 8 por cada diez, el número de mexicanos involucrados en este fenómeno llamado NARCO.

Enderezar este barco solo se puede lograr con el bienestar de la gente, para que no anden exponiéndose dentro de las fauces del narco. Con empleo digno, con salarios decentes.

No es gratuito que a todo lo que AMLO produce como gobierno, le ponga el cuño de BIENESTAR. Es un término mercadotécnicamente amigable que penetra no solo al pensamiento de la perrada, sino a su corazón. 

La miseria a la que se ha sumergido al pueblo mexicano, es causa del saqueo hecho por la clase política de varias décadas. Esta es una categoría irrebatible, cuya negación ha sido el gran error de los opositores del “Peje”.

Pareciera que no desean recuperar el espacio político arrebatado por Morena. Las encuestas de simpatía lo llevan a tener el 70% de aceptación popular y consecuentemente a ganar las gubernaturas, alcaldías, escaños y curules de su partido. (Hoy sería ocioso distraer el tema en si Morena es peor partido o no que el mismísimo PRI en sus poderosos tiempos cuando era considerado como LA APLANADORA).

Para AMLO fue relativamente fácil convencer a los desventurados y menesterosos de ir a buscarles bienestar si le daban su voto. Seducirlos le costó 12 años de ir casa por casa, diciéndoles al oído cuan rateros habían sido los del PRI y los del PAN.

Remover el óxido corrosivo de un país en la herrumbre, comenzó desde 2004, con su discurso agitador usado como solvente. Por eso puedo advertir que el removente aún no termina su trabajo de exfoliación y que los adversarios andan a ciegas y sin rumbo.

¿Cómo revertir el trabajo de este disolvente? Imposible por lo pronto. Vienen las elecciones de 2023 y el objetivo de Morena es arrancar de cuajo las gubernaturas de Coahuila y Edomex. En Coahuila difícil que le gane el PRI a Ricardo Mejía Berdeja. Desde el famoso ‘coahuilazo’, el trabajo territorial de Morena se ha comido al tricolor.

Y en Edomex, aunque la contienda está muy pareja y habremos de ver una lucha de marrullerías, los morenos echarán montón a los hijos de Atlacomulco.

Pero el punto es que el discurso corrosivo contra la herrumbre, más el ingrediente de los programas de bienestar, le ganan en el puro arranque a los candidatos de la alianza Va X México, en bola o individualmente.

Y el escenario para 2024 es más que obvio. Cómo andarán de desorientados los opositores, que ante el tétrico panorama que advierten para la elección presidencial, comienzan a fundar al vapor una figura ciudadana, encabezada por Gustavo Madero, el fallido Delfín de Javier Corral a la gubernatura de Chihuahua. 

Frente Cívico Nacional (FCN), una agrupación formada por legisladores, académicos e integrantes de la sociedad civil, que busca una candidatura común de la oposición para la elección presidencial. Son como 30 amigos entre sí que no juntan ni a su familia para un bautizo, pero les gusta hacer boruca.

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