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Momentos aciagos

Alejandro Zapata Perogordo.- Quizás estamos transitando por una temporada compleja, donde han confluido una serie de acontecimientos que hacen aún más difícil abrir un camino hacia nuevos y positivos horizontes, probablemente se trate de un episodio sin precedente.

La situación prevaleciente es más profunda de lo que parece, pues para algunos constituye un enorme problema de dimensiones desconocidas; mientras otros consideran que es un fenómeno de transformación donde lo que interesa son los fines.

Donde es más notorio y, en buena medida fuente de otras crisis, es en el área política, ante la inexistencia de una práctica adecuada utilizando sus elementales herramientas: diálogo, reflexión, intercambio de ideas, búsqueda de consensos, debate, deliberación, encuentro con la razón, tolerancia y respeto.

Por el contrario, el clima de confrontación y descalificación es el sello de la casa, sin margen de acercamiento y menos entendimiento, quienes detentan el poder tienen metido en la cabeza el pensamiento de que la oposición les estorba y, en consecuencia, hacen todo para retirarla del camino.

Así, no están dispuestos a convivir de manera armónica en una sociedad plural; al revés, defienden sus posturas en carácter de inamovibles, únicas e incontrovertibles, apoderándose de una razón de Estado, que utilizan como bandera maniquea en su narrativa justificando con ello, la cerrazón y sus excesos.

En tanto ello acontece, se han agudizado una serie de problemas que afectan la vida nacional, sin que se les haya prestado la atención debida por un lado y; por otro, con estrategias y políticas públicas que han evidenciado un total fracaso, los resultados saltan a la vista, siendo la sociedad la que paga los platos rotos.

Ahora bien, el daño ya está hecho; sin embargo, el cuestionamiento que impera en buena parte del país consiste en buscar soluciones que atemperen y nos brinden esperanzas para salir de la crisis, la que, por cierto, la administración en turno no acepta.

En principio, es pertinente hacer hincapié que el debate social sobre el tema que nos ocupa inició con la marcha y el desfile del 13 y 27 de noviembre pasados, respectivamente, movimientos que pusieron sobre la mesa el cambio o la continuidad.

Una reacción interesante derivada de un diagnóstico que se viene arrastrando desde hace años, fue la protagonizada entre el senador Monreal y el diputado Creel, que retoman la idea de impulsar la reconciliación nacional, punto toral que tiene una gran variedad de vertientes.

El seguir una actitud de respuestas al tono agresivo e irrespetuoso de López Obrador, conduce a continuar el proceso del peleador callejero, donde es su terreno y experto en la materia, cuando lo importante es hacer todo un proceso de concientización ciudadana.

Hace no muchos años, México se consideraba entre los países más felices del mundo, con todas las carencias y problemas, veíamos la vida con optimismo, con alegría, sacábamos provecho de la adversidad. Esa connotación se ha ido diluyendo, la fragmentación social que en buena medida ha sido auspiciada desde el gobierno, ocasiona detrimento en la calidad de vida, es necesario rescatar el buen ánimo y la unidad en lo esencial.

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