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La vida en la frontera y el problema migratorio

Carlos Angulo Parra.- México se encuentra en una gran encrucijada relacionada con el actual problema migratorio en la frontera con los Estados Unidos.

Pongo primeramente el contexto. Por sus características físicas, la frontera de México y Estados Unidos siempre ha sido porosa. Los más de 3,000 km que mide dicha frontera lo pone de manifiesto.

La vida en la frontera tradicionalmente fue de fácil acceso. Yo que soy fronterizo, nacido y criado en Ciudad Juárez, Chihuahua, en 1950, recuerdo rápidamente que cruzar a la vecina ciudad de El Paso era como cruzar en la Ciudad de México de la Colonia Narvarte a la Colonia Del Valle, pero con una breve inspección previa. La brevedad en inspección no pasaba de 30 segundos y normalmente era de cinco a 10 segundos.

Cruzábamos a El Paso para comprar leche o para hacerse de una aguja para cocer los botones del uniforme de la escuela.

De la misma forma, los residentes de El Paso, Texas, cruzaban a Ciudad Juárez a poner gasolina, a visitar al peluquero o al salón de belleza, para que, de pasada, de regreso comprar carne y licor para cruzarlos a El Paso.

Indistintamente, las familias mexicanas tenían parientes en El Paso que visitaban con frecuencia y las familias que vivían en El Paso hacían lo mismo con sus parientes mexicanos.

Todas estas situaciones pasaron en todas las fronteras, desde California hasta Texas, desde Tijuana hasta Matamoros.

Esto empezó a cambiar a partir del gobierno de Richard Nixon, cuando el 21 de septiembre de 1969 se inició el operativo denominado “operación, intercepción”, ordenándoles a los inspectores de cruce fronterizo de los Estados Unidos a que cuando menos utilizaran tres minutos en inspeccionar a los vehículos que cruzaban. Aunque dicha operación duró escasos 20 días, a partir de dicho precedente, el cruce fronterizo, se tornó ineficiente y lento.

Ahora vemos filas de automóviles de hasta de 10 kilómetros en estoica espera para cruzar la frontera, ya que las inspecciones tardan cinco o más minutos por cada vehículo.

Esto ha cambiado a profundidad la vida fronteriza, adicionando la situación de las hordas de migrantes que llegan a las fronteras mexicanas con el fin de cruzar la línea divisoria sin utilizar los cruces fronterizos oficiales.

A raíz de esta situación, las autoridades de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos (CBP por sus siglas en inglés), han prácticamente cerrado los cruces fronterizos al trasladar a sus agentes fronterizos a atender los flujos migratorios extraordinarios, dejando los cruces fronterizos con pocos agentes, agravándose aún más el tiempo de cruce hacia los Estados Unidos.

En el tema de inmigrantes, nuestra próxima presidente de la República se va a enfrentar muy seguramente con una disyuntiva sumamente difícil.

Se le va a plantear que México se convierta en una especie de “tercer país seguro”, teniendo que hospedar a los migrantes mientras esperan su permiso para cruzar y recibir a los migrantes expulsados de los Estados Unidos, aunque no sean de nacionalidad mexicana.

En el caso de que Donald Trump gane las próximas elecciones, muy seguramente amenazará con establecer aranceles a los productos mexicanos si no se acepta dicha propuesta. En el caso de que gane Biden, quizás pueda haber una negociación con él para establecer alguna clase de apoyo financiero para poder albergar a estas personas y no aceptar en México a los expulsados de Estados Unidos que no sean de nacionalidad mexicana.

Veamos si en el desarrollo de nuestras campañas las dos aspirantes tienen algo que decir de cómo actuar frente a tal amenaza.

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