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La situación del agua potable en América Latina

El 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua, que tiene como tema de este año la valoración de este recurso. ¿Qué sabemos sobre el acceso al agua potable en América Latina? ¿Cuántas personas no tienen acceso al saneamiento?

Este siglo se ha caracterizado por la discusión acerca de la escasez de agua potable a nivel mundial —a la que más de 2.000 millones de personas no tienen acceso en el mundo— y el saneamiento.

Este año, vino acompañado por las discusiones que trajo la campaña digital #Water2me —agua para mí, traducido al español—, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La ONU impulsó esta campaña en redes sociales hasta finales de diciembre de 2020 para “generar conversaciones, recopilar opiniones y comentarios de personas de todo el mundo sobre el agua y lo que significa para ellas”, y dar forma al Día Mundial de este año.

¿Qué pasa con el agua en América Latina?

La situación del agua potable en América Latina prende todas las alarmas. La región concentra casi un tercio de los recursos hídricos mundiales según la CEPAL, con más de 230.000 cuencas, pero 18 millones de personas aún practican la defecación al aire libre y 34 millones utiliza saneamiento no mejorado, según datos de 2015.

¿Cómo se puede evitar que el agua se termine?

Uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, señala que, “de aquí al 2030, lograr el acceso universal y equitativo al agua potable a un precio asequible para todos”. A este se suma “lograr el acceso a servicios de saneamiento e higiene adecuados y equitativos para todos y poner fin a la defecación al aire libre, prestando especial atención a las necesidades de las mujeres y las niñas y las personas en situaciones de vulnerabilidad”.

Según evalúa el Banco Interamericano de Desarrollo, para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, es preciso tener en cuenta varios elementos. En un informe referente al agua potable en América Latina destaca, por un lado, apelar al marco legal, institucional y a la gobernanza; inversiones públicas o privadas que desarrollen sistemas de saneamiento para el acceso al agua de toda la ciudadanía; el establecimiento de metas a cumplir por parte de las autoridades, con el fin de establecer objetivos concretos y accesibles en el mediano plazo.

Sugieren una “gestión integral de los recursos hídricos y cambio climático”. “La planificación y la gestión de los operadores deben basarse en una visión integral del uso del recurso hídrico. En este marco, la eficiencia en la utilización de los recursos debe trascender el negocio del operador. Deben adoptarse tecnologías para el reúso de las aguas tratadas y el aprovechamiento de las aguas de lluvia, donde sea viable.

Además, las autoridades deberían establecer mecanismos de incentivos para promover estas actividades, así como prever la incorporación, en las tarifas de los servicios, del cobro de tasas por el uso de los servicios ambientales o para la protección de los recursos hídricos y de los recursos forestales que contribuyen a su renovación”.

Sputnik

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