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La jactancia

Raúl Ruiz.- El pasado 16 de junio, publiqué un post en mi muro personal que reza lo siguiente: “La diputada Ana Estrada presentía no ir en la boleta Morena en reelección, y se la jugó votando a favor de la reforma de Corral.”

Tres días después, la diputada Estrada, evidentemente alterada interviene: “Querido Raúl Ruiz qué lástima leer que te sumas al grupo de personas ignorantes y nefastas que publican cosas solo porque pueden, para tu conocimiento la reforma de Corral como tú la llamas no ha sido votada en el pleno aún. Lástima de pseudo comunicador!!!!!!”

Se refiere a mi persona como, ignorante, nefasto, pseudo comunicador.  Y continúa: “Y aprovecho el espacio para informarte que la “violencia Política contra las mujeres” incluye: difamación, calumnia etc a una diputada en funciones (publicado el el DOF el 14 de Abril del 2020) para que si te llega la notificación de la denuncia no te extrañe!!!” (Sic)

Aduce que soy violentador de mujeres políticas. Concretamente a ella como diputada en funciones. Más adelante, insiste en llevarme ante los tribunales por “haberla ofendido”. “Raúl Ruiz es es el problema de ustedes los pseudocomunicologos o pseudoperiodistas sus fuentes, lo de la ofensa lo leeras y entenderás en la demanda, buena tarde!!!”

Alardea, se jacta. Mi respeto a ella y todas las mujeres. Nunca me he referido a su persona o su condición de género de manera despectiva, ni humillante. Su molestia es que se haya hecho pública su definición favorable a la línea de Palacio. Los morenos nunca se lo perdonarían.

Pero dejar en el mundo de las percepciones, la idea que hubo cierta negociación para impulsar la iniciativa con su voto le exaspera. Pronto se sabrá. Por lo pronto, su enfado no tiene causa jurídica. Dudo que algún abogado le tome el caso. Sin embargo, sí temo por mi seguridad personal pues los hombres y mujeres en el poder son capaces de todo cuando se les obnubila la razón.

Veamos ahora el ángulo jurídico. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, etimológicamente el vocablo “jactancia” deriva de la latina “iactantia”, y significa “alabanza propia, desordenada y presuntuosa”. Jactarse equivale a alardear, con fundamento o sin él, de las cualidades personales; exaltar la propia excelencia.

En la esfera jurídica, que ahora nos interesa, la jactancia, según el profesor Malaver, implica “la ostentación pública por el jactancioso de una pretensión jurídica respecto a un tercero, atribuyéndose determinados derechos reales o creditorios o bien acciones en contra del mismo, ocasionando con ello perjuicios materiales y/o morales, al verdadero titular del derecho discutido”.

Para Prieto Castro, la acción de jactancia “es concedida al sujeto contra el que otro se vanagloria de poseer un derecho obligacional, real o de cualquier clase en perjuicio del mismo, produciéndole inseguridad y peligro en la esfera jurídica, económica y moral, y está dirigida a obtener la declaración del juez de que se condene al demandado al perpetuo silencio”.

Dicho de otro modo, la acción de jactancia aparece como aquella pretensión que coloca al demandado en el trance de promover su respectiva acción dentro de un breve término o de perder el derecho a accionar que pretenda tener contra el actor o demandante, guardando perpetuo silencio sobre el particular.

Es una específica acción que busca que cese la amenaza que pende sobre el derecho de otro, para evitar que pueda perpetuarse la situación de incertidumbre, de manera que quien afirme tenerlo, lo ejerza o calle para siempre; o como dice José Antonio Doral, “una acción dirigida -en términos generales- a acallar definitivamente en el asunto debatido a quien por dichos o hechos, expresos o no (facta concludencia), pone en duda el derecho ajeno”.

El afectado, en este caso, yo, tiene el derecho de exigir la prueba de dicha jactancia, o la inmediata disculpa pública. Es fácil sojuzgar a cualquier individuo desde la protección del fuero. Amenazar con causarle a uno un perjuicio usando el poder político.

Por otro lado, hemos llegado a una etapa de la vida social, donde los varones, nos encontramos en estado de indefensión, versus las mujeres extremistas, que por un lado, por quítame estas pajas, se sienten ofendidas y arremeten contra tu persona. O por el otro lado, si te refieres a ellas como guapas, bellas, seductoras, etc., de inmediato se sienten acosadas.

Exijo, de la diputada Ana Estrada, interponga la demanda con la que amenaza perjudicarme, o se desista públicamente, y no vuelva a jactarse de su poder. Ni a referirse de mi persona, o compañeros de la prensa, despectivamente como lo hace.

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