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Juárez Número Uno

Lic. Héctor Ramón Molinar Apodaca.- Nuestra querida y amada Ciudad Juárez Chihuahua, la mejor frontera de México, que ha sido distinguida por su gente trabajadora, sincera, leal, hospitalaria y que recibe a toda persona sin menospreciarla por su condición social y económica, es un distintivo honorable, que no debe pasar desapercibido por nadie. Menos por los que nos critican como la ciudad de la perdición desde que fue fundada hace trescientos sesenta y cinco años.

A esta noble frontera han venido a buscar un mejor nivel de vida familias enteras, de donde han surgido personajes como Juan Gabriel que en sus canciones le dedicó su gratitud y amor a la ciudad que lo vio crecer y donde conoció el calor humano, el amor y la amistad, de tal manera que en la letra “Juárez es el Número Uno” dice un uno de sus párrafos: y la frontera donde debe vivir Dios.

Sin embargo, los que nacimos en esta tierra del desierto, hemos crecido practicando los valores mencionados, entre ellos el que no discriminamos a nadie, que hemos contribuido en el crecimiento económico y social para el país y en particular para el estado de Chihuahua, pues somos los que más contribuimos en las diversas actividades profesionales y empresariales.

Desgraciadamente en el ámbito político nos han defraudado los diversos presidentes municipales, así como todos los que administraron con ellos el patrimonio económico, cultural y social, como cómplices y en omitir la honestidad y lealtad a los principios que se nos inculcaron en las mejores escuelas donde estuvimos desde los años cincuenta.

Efectivamente, en esta frontera teníamos escuelas públicas primaria, secundaria, preparatoria y finalmente la más nueva, la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, donde nos conocimos y convivimos todas las clases sociales, desde la más baja hasta la más alta.

Quienes tienen doble nacionalidad, aprovecharon los beneficios de estudiar en El Paso, Texas. Esto permitió que el nivel académico fuera de primerísima calidad, hasta que se vino abajo por el sindicalismo y malos manejos en el sistema de educación, que fortaleció a las escuelas privadas, que además de que son para clase media alta, son las que mantienen el mejor nivel.

En la década de los sesenta surgieron los hippies en los Estados Unidos y nuestra frontera por ser vecina de El Paso, Texas, se contagió de algunas costumbres y forma de vida, que influyó para aumentar en los jóvenes y adolescentes, el consumo de bebidas embriagantes y marihuana principalmente. Esto permitió que se establecieran los picaderos y el narcomenudeo arreglado con las autoridades municipales, principalmente.

Los jóvenes hippies, así como los jóvenes de la década de los setenta, que hoy en día somos padres y abuelos, tuvimos la obligación de educar a nuestras descendencias implementando los valores que nos inculcaron nuestros ancestros, tales como la honestidad, la amistad, la fidelidad, el amor, la compasión, el respeto, la lealtad y sobre todo debimos prevenir el consumo de alcohol y de las drogas.

Fallamos desde el momento que permitimos que se instalaran licorerías, cantinas, bares, tiendas de autoservicio, cigarreros y hasta en las tienditas de abarrotes -antes de la llegada de centros comerciales-, para la venta indiscriminada y sin control alguno de bebidas embriagantes y drogas como la marihuana, cocaína y heroína. Los expresidentes municipales y su respectivo personal del ayuntamiento se corrompieron y los empresarios se hicieron millonarios tomando el control ciudadano.

Teníamos el problema del narcotráfico y lavado de dinero, pero no el consumo que existe en la actualidad. Lo que demerita la participación ciudadana de las familias juarenses en responsabilizarse de los actos de sus descendientes. También dejamos de lado que los jóvenes de las dos décadas sesenta y setenta, no tuvieran la atención necesaria para protegerlos de las adicciones. Nunca se impartieron cursos ni hubo materia alguna que desarrollara el tema de las adicciones.

De repente nos llenamos de antros y los fraccionamientos donde vivimos se convirtieron en corredores turísticos para establecer más negocios del ramo de vinos y licores. El narcotráfico está presente en todas partes y las autoridades de los tres niveles de gobierno siguen sin atender el grave problema desde las causas que lo originan y tratan de convencer a la ciudadanía que con más policías se logrará disminuir la violencia.

Tenemos muchos temas al respecto que incluye también a los migrantes que se establecieron en nuestra ciudad, pero el fondo de este asunto es el descuido total a los valores que incluye nuestro centro histórico, museos, cines, teatros y todo lo que un día existió y de lo que, por ignorancia y ambición, ya no queda nada.

Ciudad Juárez ha sido defraudada por su hijos que han escalado en la política y que aprovecharon la buena fe, la lealtad, el respeto y la amistad que les dimos, porque creímos en que nos iría mejor y que entre todos solucionaríamos el principal problema de las adicciones y proteger lo que se puede rescatar todavía como se hizo con la antigua Aduana Fronteriza.

Tenemos en El Chamizal un asta de 100 metros con nuestra hermosa megabandera descuidada porque está ausente la mayor parte del año. La Plaza de la Mexicanidad se convirtió en nuestro símbolo, con una X gigante que significa la unión e integración de las culturas indígenas y españolas de México, aunque también ya se utiliza para hacer negocios de empresarios tequileros y está cercada, privando a la gente a disfrutarla. Ambas se pueden apreciar desde El Paso Texas.

Tenemos un deterioro y atraso en progreso de cincuenta años. ¿Qué nos pasó?

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