Inicio EL MEOLLO DEL ASUNTO ¡¡¡Felicidades!!!

¡¡¡Felicidades!!!

Daniel Valles.- Amigos y amigas. Se termina el año y con él, el primero de la segunda década del Siglo XXI. Deseo trabajo, bienestar familiar como personal, salud y determinación para todos.

El destino uno ha de forjárselo. La vida es a base de determinación y disciplina, esfuerzo y dedicación que uno conquista paulatinamente conforme conquista uno sus metas y toma sus decisiones más con base en la razón y usando la inteligencia, que con los sentimientos.

Esfuérzate y sé muy valiente. Es la recomendación que recibimos de parte de DIOS para la vida. Quienes tenemos FE en DIOS, lo sabemos y lo entendemos.

En el 2022, la esperanza y la fe se convierten en artículos de primera necesidad, no como panaceas, sino como realidades. No como “ayos” o como refugio de débiles personas, sino como verdaderas anclas, como bases reales que sostienen nuestra vida para que no navegue a la deriva y naufrague.

La esperanza, virtud que otorga visión a quien la tiene, es como el viento que, al pegar en las velas de nuestro barco, lo empuja para llevarlo a donde esperamos llegar. Es la fuerza que nos motiva a seguir a pesar de que las cosas no salgan como queremos, por los motivos que sean.

La fe también otorga una visión, pero de diferente consistencia, ya que entre más crezca y se perfeccione, entre más se pula y se arraigue en uno mismo, otorga certidumbre y confianza. Nos lleva y nos dirige hacia donde se encuentran las respuestas que en verdad necesitamos. En mi caso particular, a la sabiduría pragmática de DIOS, Mi Creador.

“Todo lo bueno y perfecto que se nos da, viene de arriba, de Dios, que creó los astros del cielo. Dios es siempre el mismo: en él no hay variaciones ni oscurecimientos”, escribe Santiago en su epístola.

Así, al contar con estas virtudes, la esperanza y la fe, la vida del ser humano se hace más llevadera, más tolerable, más completa. No son las únicas virtudes, pero son de las más importantes.

El amor será un derivado de estas dos últimas. Y todo, se convierte en sostén principal del diario vivir de cada persona que los cultiva. No se requiere de “varitas mágicas” para lograr metas, se necesita de la visión y la determinación que dan la esperanza y la fe, de trabajo y disciplina, de voluntad y buenos deseos. No solo de “buenas vibras”.

Amigos y amigas, les deseo mucha esperanza, mucha fe y que el amor fluya a través de cada decisión que tomemos con base en estos elementos virtuosos. Que el año que inicia sea determinante en el crecimiento y progreso de todos y cada uno de ustedes. Así, dentro de nueve años, podremos voltear a ver el fin de la segunda década del Siglo XXI y podremos estar satisfechos. Entendiendo también que todo lo que sembremos, es lo mismo que cosecharemos.

Y ahí está, El Meollo del Asunto.

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