Inicio EL MEOLLO DEL ASUNTO ¿En quién confiar?

¿En quién confiar?

Daniel Valles.- Para confiar en alguien debemos tener la certeza de que quien nos habla lo hace con sinceridad, que es sincero, pero no solamente eso. Saber que una persona es sincera en lo que comunica, en lo que dice, en lo que habla, en lo que escribe, es importante. Pero no es suficiente para confiar plenamente. Es una ventaja, claro, pero hace falta “un poco de gracia y otra cosita”, como dice la canción.

Obvio que la sinceridad es fundamental, pero para confiar plenamente uno debe saber que la persona que comunica, que dice algo, que escribe, que comenta, que informa está en lo correcto, que sus fuentes, datos o bases son igualmente confiables. De otra forma la persona corre el riesgo de estar sinceramente equivocada. O como decía mi papá, el periodista bajacaliforniano Daniel Valles Moreno, la persona está “perfectamente mal”.

Actualmente vivimos en el país una situación que en los siguientes meses puede traer o no, una serie de situaciones anómalas, delicadas, que repercutan en la economía y en la forma como hemos vivido en las últimas décadas. El motivo principal no tiene que ver con las políticas que el gobierno federal implementa en materia de salud, de energía, de economía, de desarrollo social, pero sí tiene que ver con ellas. 

¿Entonces? ¿Tiene o no tiene que ver con esas cuestiones? Sí y no. Sí, porque son la materia de las diferencias que se comentan. Sí, porque ha provocado una polarización entre la población en general. Sí, porque esta se torna invectiva. Sí, porque por lo mismo el nivel de confrontamiento escala. Sobre todo, el que se vive y se ve en las calles, en los congresos de los estados, en el de la unión, en los cafés donde se habla de política, entre empresarios y las personas que ocupan una función de gobierno.

No. Porque el concepto que afecta todo lo anterior es un ingrediente diferente: La desconfianza en quienes hablan, entre quienes comunican, la que es producto no solo de lo que puede ser una evidente falta de transparencia o de insinceridad, sino de la certeza que tienen de que su contraparte no está en lo correcto, que no sabe de lo que se habla, de lo que se comunica, de lo que se informa. Para confiar no solo se debe saber que quien nos comunica algo, habla o hace es sincero, sino que está en lo correcto. Repito, se puede estar sinceramente equivocado.

La contrarreforma eléctrica ha polarizado a gobierno y empresas mucho más que cualquier otra medida que el actual régimen ha tomado en el tiempo que lleva en el poder. Independientemente de las cuestiones técnicas, administrativas y hasta las políticas, lo que está calando y de manera grave es que se insulte a quienes no están de acuerdo con la iniciativa y se les tache de ladrones, sin presentar las pruebas del latrocinio.

Lo invectivo del mensaje en este sentido es lo que ofende, pues la otra parte, con cuestionar o con no estar de acuerdo no ofende, pero quien escucha el desacuerdo se ofende porque no tolera que no se esté de acuerdo con lo que dice.

Don presidente ha llamado ladrones a los empresarios, pero no ha presentado pruebas de ello, solo sus dichos y sus apreciaciones. Y no tiene derecho a llevarlos a la palestra de la manera que lo hace. El contraejemplo suyo cunde y sus incondicionales secretarios, como Rocío Nahle, lo imitan.

En su conferencia de temprano del pasado lunes 11 del presente, don presidente López Obrador dijo que “su iniciativa de reforma constitucional garantizará el 46% del mercado eléctrico para la iniciativa privada y el 54% para la CFE”.

Esta afirmación puede ser muy sincera, como el promocional que dice que la electricidad era nuestra y nos la van a regresar, pero no se está en lo correcto, lo que es una imprecisión, una mentira.

El presidente Andrés Manuel López Obrador rechazó que su iniciativa de reforma constitucional en materia eléctrica busque la expropiación de empresas privadas.  Quienes están en ese negocio con todas las de la ley dicen lo contrario, luego de haber leído la iniciativa.

Ambos pueden ser muy sinceros, pero estar equivocados y no ser correctos. Eso en sí mismo genera un conflicto de intereses en las partes, pero es ahí donde se sientan a negociar con base en los contratos previos y arreglarían el diferendo.

Ah, pero donde cala, donde ofende, donde muestra la incapacidad es cuando don presidente insulta, ofende, lastima. Les dijo, de manera sincera, que la contrarreforma buscará que tengan ganancias razonables, pero agrega el epíteto: “a robar a otro lado”. 

Esto es lo que crispa y lo que divide, lo que de manera intrínseca lleva la autorización para que sus incondicionales ofendan, descalifiquen y para sentar la base para que el conflicto social escale.

Hay más de 15 millones de personas que votaron por don presidente que no le entienden a la política, a la ideología y otros 10 millones que no terminan de convencerse y confían en don presidente. Esperan que todo mejore porque saben que, en parte, es cierto lo que dice don presidente. Los empresarios en el pasado sí han lucrado con las facilidades que les han dado los antecesores del actual.

Pero el modo de imposición don presidente, no es el de arreglar las cosas. Puede actuar con mucha sinceridad, pero sin estar en lo correcto. Eso genera el conflicto que pronto puede escalar. 

¿Se podrá llevar sin que se salga de los límites de la estabilidad y la paz social? Ahí El Meollo del Asunto.

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