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Día de Muertos

Dr. Fernando Antonio Herrera Martínez.- México es mosaico de culturas en todos los aspectos de la vida. Si hablamos de formas de vivir hay toda una gama de costumbres, si es de las tradiciones también hay una riqueza extraordinaria, desde las comidas y formas de prepararlas, la forma de celebrar acontecimientos está plagada de diversas acciones de acuerdo a la región del país de la que hablemos.

Es cierto que somos un país con territorio amplio y diverso; en el sur hay selva virgen y llueve mucho y en el norte tenemos los desiertos, las montañas y extensas llanuras; sin embargo, esa diversidad ha logrado dotarnos de orgullo de pertenencia. Respetamos las costumbres de cada pueblo o región y celebramos cada quien según la idiosincracia de su lugar de origen dentro de nuestro gran país.

Pero no crean que las celebraciones del Día de Muertos son herencia de los españoles, porque en México esta “fiesta” viene desde antes, aunque debemos admitir que tantos años de dominación influyeron de alguna forma y tenemos mescolanzas en nuestras celebraciones. Pero nada que justificara decir que heredamos o aprendimos de ellos.

El reniego de haber sido colonia no es solamente por hacerlo, superado está y así debe ser, pero hay cosas muy nuestras y las celebraciones de muertos son una de ellas. En Campeche, por ejemplo, sacan los huesitos de sus muertos de sus pequeñas tumbas, los limpian y acicalan y los acomodan en su espacio para compartir el pan y la sal cada Día de Muertos.

Acá en Chihuahua tenemos diferentes costumbres y la más arraigada todavía es ir a los panteones para “acampar” todo el día, se junta la familia de acuerdo a la persona que yace en la tumba; si es abuela o mamá la reunión es grande y la comida es de riguroso traje: cada quien lleva algo para comer y ahí se hace el tendido, todos platican anécdotas mientras alguien limpia la tumba o lápida y otro más da una repasada a la pintura del epitafio o solo del nombre de la persona que ahí reposa.

La romería empieza en diferentes partes de las ciudades, en las grandes urbes, como Ciudad Juárez y Chihuahua, se ordenan flores y coronas a quienes tienen ese tipo de negocios, los menos adinerados esperan a llegar a los panteones para comprar a los vendedores que cada año se instalan en sus alrededores para hacer comercio con las flores de diversos nombres y colores; por supuesto, con diferentes precios, hay para todas las economías.

Los músicos dejan la visita de los suyos para algún momento del día o ya de plano lo hicieron muy temprano o lo harán más tarde, también deciden hacerlo antes o después del mero día 2. 

La razón es sencilla: se pasean por los pasillos de los panteones para que las familias reunidas los contraten para cantar aquellas melodías que eran de la preferencia del fallecido.

Los que venden comida, desde burritos hasta tacos, tostadas o elotes también son parte de esa “fiesta” del Día de Muertos y hacen sus ventas.

La flor de cempasúchil es la que tradicionalmente se coloca y se dice que porque marca el camino de los muertos, el crisantemo es otra flor muy demandada y del gusto de las familias.

México es el único país del mundo que tiene una relación de temor, admiración y burla con la muerte, que por supuesto, se exagera en estas fechas. En otros países se recuerda a los muertos en diferentes fechas, la mayoría, a finales de octubre e inicios de noviembre.

Por ejemplo, el Halloween del 31 de octubre, de origen estadounidense, se celebra en la víspera del Día de Muertos, pero también es una muestra de sincretismo y se caracteriza por enfrentar la muerte con bromas o actividades cuyo fin originario -se cree- era para espantar a los difuntos.

Las calaveras, que no son otra cosa que breves rimas para reírse de la muerte, son compuestas a costa de otros para burlarnos todos de la muerte. Si le tocó una, ría y celebre la broma, si no le tocó, ría de las que vienen en los periódicos y que las hacen en burla sana de nuestros gobernantes. Por último, hay quienes gustan de contar leyendas mientras están reunidos en el panteón y hay algunas que, de niños, según recuerdo, infundían miedo.

Terquedades:

Siguen los de la caravana con el milagro de los 15 kilómetros diarios. Por la tele pasan entrevistas de algunos que dicen que ya no tienen que comer, ni dinero, que andan enfermos y lastimados de los pies, pero el avance inexplicable sigue cada día. ¿Quién paga?

¿Qué quieren? ¿Adónde nos llevará esto?

Por cierto, ¿dónde están las organizaciones defensoras de derechos humanos? ¿Son invisibles estas caravanas?