Inicio EL MEOLLO DEL ASUNTO Día de las Madres: La batalla por el corazón de la mujer

Día de las Madres: La batalla por el corazón de la mujer

Daniel Valles.- “Madrecita del alma querida, en mi pecho yo llevo una flor…” Bastan unas cuantas notas de Mi Clavel Blanco para que millones de mexicanos recuerden algo que ninguna ideología ha podido arrancar del corazón humano: el amor por mamá.

Y no. El Día de las Madres no es lo mismo que el Día Internacional de la Mujer. No tienen el mismo origen, ni el mismo propósito, ni la misma carga cultural. El primero honra a la mujer que da vida, forma carácter, sostiene hogares y deja pedazos de sí misma en cada hijo. El segundo, en muchas ocasiones, ha terminado secuestrado por agendas políticas y discursos ideológicos que poco tienen que ver con la realidad cotidiana de millones de mujeres.

Ahí empieza el verdadero conflicto.

Durante décadas se le ha dicho a la mujer occidental que la maternidad es una especie de carga histórica, casi una prisión emocional, que el hogar es opresión, que cuidar hijos es sometimiento, que depender afectivamente de una familia es debilidad y que el éxito verdadero consiste en competir contra el hombre en los mismos terrenos, bajo los mismos parámetros y con las mismas obsesiones.

El problema es que millones de mujeres han descubierto, demasiado tarde, que la promesa no llena el alma.

Porque el feminismo radical moderno confundió libertad con ruptura, independencia con aislamiento y realización personal con guerra permanente contra todo lo que huela a tradición.

La teórica feminista radical Shulamith Firestone llegó a plantear que la familia biológica tradicional debía desaparecer para liberar verdaderamente a la mujer. Mientras tanto, Roxanne Dunbar-Ortiz sostuvo que algunos sectores del feminismo buscaban destruir “la familia, la propiedad privada y el Estado” como pilares de una sociedad considerada opresiva.

Claro, no todas las mujeres piensan así. Tampoco todas las feministas. Pero negar que estas ideas han influido profundamente en universidades, medios de comunicación, entretenimiento y política, sería una ingenuidad monumental.

Y ahí están los resultados.

Nunca habíamos tenido generaciones tan “libres” y al mismo tiempo tan confundidas. Mujeres agotadas emocionalmente tratando de demostrar que no necesitan a nadie. Hombres aterrados de ejercer liderazgo por miedo a ser etiquetados como opresores. Niños creciendo entre hogares rotos, figuras paternas ausentes y madres obligadas a cargar solas con responsabilidades imposibles.

La sociedad moderna presume progreso mientras multiplica la ansiedad, la depresión y la soledad.

Porque el problema nunca fue la maternidad. El problema siempre fue el abuso, el machismo degradante y la irresponsabilidad masculina. Pero en lugar de corregir al hombre abusivo, muchos optaron por dinamitar el modelo completo de familia. Error fatal.

Mamá sigue siendo el centro emocional de millones de hogares. La voz que calma. La presencia que ordena. La memoria viva de la familia. El ser humano que, aun cansado, sigue sosteniendo la mesa, las conversaciones, los afectos y hasta las heridas emocionales de hijos y esposos.

Eso no es opresión. Eso es poder. Un poder distinto al político, distinto al económico, distinto al ideológico. Mucho más profundo, porque moldea generaciones completas.

Por eso, el Día de las Madres paraliza México. Porque el mexicano podrá pelearse con el gobierno, con Hacienda, con el SAT y hasta con el América… pero con mamá no.

Aunque algunas corrientes culturales intenten ridiculizar la figura de la “madrecita mexicana”, la realidad sigue imponiéndose. Las serenatas continúan, los festivales escolares siguen emocionando. Los hijos siguen buscando a mamá cuando la vida se derrumba.

Porque hay verdades humanas que sobreviven incluso a las modas ideológicas.

Y una de ellas es esta: Ser madre no disminuye a la mujer. La engrandece.

Felicidades a todas las madres.

Ahí, justamente ahí, está, El Meollo del Asunto.