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Corcholata y Francis

Dr. Fernando Antonio Herrera Martínez.- Espejito, espejito, ¿Quién es el más guapo? Cuenta un cuento parecido, pero en Chihuahua somos originales y los tenemos en vivo y a todo color. Duarte, ahora recluido, echa en cara a Corral (por recluir) que echó por la borda la seguridad alcanzada, que se vendió a las bandas del crimen organizado y lo persiguió como criminal, cuando estaba por operarse en Houston.

Corral, sin recato, gritó a los cuatro vientos: !al ladrón, al ladrón! Y prometió justicia para Chihuahua. Culminó su tarea enriquecido, pero desprestigiado y solo. Las extorsiones, desfalco y dádivas fueron su sello; incluso, cual reyezuelo al estilo de Midas, convirtió en víctimas a quienes encerró, torturó y esquilmó, fueran o no culpables; incluido el propio Duarte, al que por negligencias legales le tienen que regresar sus bienes.

En fin, una historia digna de emperadores romanos enloquecidos por el poder, las mañas y las pasiones que ahora se rasgan vestiduras para pelear por el escenario en el fru fru de la corcholata, Shasha y Francis.

Ahora, con desfachatez supina, Heliogábalo Corral se presenta en la misa de cuerpo presente de los jesuitas, pretendiendo exculparse. Afortunadamente no llevó consigo al dios adorado de aquel emperador, cuando todo Chihuahua sabe que el asesino era su protegido. Mientras, la letrina de Chihuahua se satura con los chismes y dichos sin recato ni pudor y hasta escatológicos de dos cuasi emperadores que casi acaban con Chihuahua.

Tenía que llegar una mujer a poner orden. Ojalá que no se tarde, los chihuahuenses estamos ávidos de recobrar la calma y nuestra armonía social.

Política escatológica

Vaya manera de repartir culpas y de pretender eludir responsabilidades. Se perdieron las formas, el rubor, el sonrojo y el recato ausentes. Ante el océano de sangre y lágrimas, por muertes y desaparecidos, las autoridades pierden piso y pasan a las acusaciones y agresiones verbales.

El presidente se niega a cumplir con sus obligaciones y cuando ve la estadística y sufre el reclamo social por los muertos y desaparecidos, se cierra, enterca y, ya necio, en vez de recapacitar, abre frentes por todos lados. Ahora suma como rivales a la jerarquía católica y la compañía Jesuita.

Pareciera la época de la Edad Media, cuando al grito de “agua va” aventaban orines y heces fecales por la ventana, sin importar a quién le cayeran encima. Más atrás, en los tiempos y estudios de la mitología griega, se decía que el reino del dios Hades estaba situado debajo de la Tierra.

Ahora tenemos los prados Asfódelos, morada de los muertos: el Erebo, pero nos hace falta el Tártaro para atrapar a los monstruos y titanes del crimen organizado.

Nadie se atreve a contradecir al presidente, sus decisiones son únicas e infalibles. Cada vez más solo, en un palacio que le queda grande, al igual que el puesto que ocupa, solo reniega y regaña a quien se le para enfrente. Atrás quedó su imagen inmaculada, su orgullo de honradez a toda prueba: “mi único patrimonio soy yo mismo y mi autoridad moral como ciudadano”.

Andrés Manuel es víctima de las enfermedades del poder (hubris e Hybris) y ya no ve nada, ni escucha, ni oye, ahora es copia fake del Luis XIV, el Rey sol que decía: el Estado soy yo. Esta historia seguiría si no tuviera plazo, afortunadamente, lo tiene: 2024.

Andrés Manuel ha hecho lo que todos en la historia: desde la cúspide empezó a cavar su propia tumba. Son tantos los frentes abiertos que ya es imposible hacer la lista. La sociedad tiene como única opción seguir esperando que alguien con sentido común se ponga a trabajar para resolver los problemas de la vida diaria. ¿Complejo? Pareciera que sí, pero es que nadie se ocupa; eso sí, todos se preocupan, pero no basta. 

Ahora que la sangre, y las lágrimas inundan el país, el presidente pelea y recrimina a todos. La sociedad desea recuperar su vida, dedican su esfuerzo a repartir culpas.

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