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Censura a Nancy Pelosi

Padre Eduardo Hayen.- Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, ha incurrido en una situación tan escandalosa por su creciente apoyo público al aborto, que su pastor, monseñor Salvatore Cordileone, arzobispo de San Francisco, jurisdicción a la que ella pertenece, tuvo que tomar la grave decisión de prohibirle la recepción de la Eucaristía el pasado 19 de mayo.

La pena canónica que el arzobispo ha impuesto sobre la señora Pelosi ha sido una decisión ejemplar y valiente que pocos prelados se atreven a hacer. No se trata de una excomunión formal –la pena más severa de la Iglesia–, sino de una censura pública que le prohíbe el acceso a la Comunión eucarística.

Imponer una pena canónica públicamente a una de las líderes del mundo político con más influencia y poder en Estados Unidos es una acción que tuvo que ser largamente meditada y con disposición a asumir el sufrimiento por los efectos que pueda tener sobre el arzobispo, su arquidiócesis y sobre la Iglesia norteamericana. Pero además es una decisión que aumenta la polarización que vive la sociedad estadounidense por la posible derogación de la ley federal del aborto en junio de este año.

Prohibir recibir la Comunión sacramental es una pena canónica severa que puede imponer la autoridad de Iglesia Católica sobre un bautizado. Si bien no es una declaración formal de excomunión de la Iglesia, la pena de entredicho es una censura que no permite acercarse al reo a recibir los sacramentos.

Es una pena que supone una ofensa gravísima y que es de carácter medicinal. No se trata de un castigo como si fuera una venganza por un mal comportamiento sino, más bien, es una sanción correctiva, es decir, con el objetivo de que la persona castigada reflexione, recapacite, reconozca su error y salga de él para la propia salvación de su alma y la de otras personas afectadas.

El arzobispo Cordileone en 2021 publicó una carta pastoral llamada “Desde antes de formarte en el útero te conocí”, en la que reflexionaba sobre la santidad de la vida humana y las razones por las que un político católico pro aborto no debe recibir la sagrada Comunión.

En una entrevista con el periodista Eric Sammons, el arzobispo Cordileone manifestó su frustración y decepción por el apoyo público y radical que Nancy Pelosi había dado al aborto durante décadas, pero dijo que antes de tomar una decisión de censurarla, era necesario hablar con ella sobre la gravedad de sus acciones.

Dejó pasar un año después de la publicación de la carta pastoral; hubo varios intentos de entablar comunicación con la Pelosi; ella endureció su postura abortista y jamás mostró arrepentimiento. Estas circunstancias llevaron finalmente a Cordileone a imponer la pena canónica. Sobre aviso no hay engaño.

Durante su vida pública, Nancy Pelosi se ha declarado devota católica y, al mismo tiempo, es una rabiosa promotora del aborto. Ella asiste regularmente a la Iglesia de la Santísima Trinidad en Georgetown en DC donde recibe la Comunión.

Y mientras ella seguía comulgando, su obispo Cordileone explicaba en su carta pastoral que durante dos mil años quienes reciben la Eucaristía profesan públicamente su fe católica y se esfuerzan por vivir según las enseñanzas morales de la Iglesia; que aquellos que rechazan la enseñanza de la Iglesia sobre la santidad de la vida humana se ponen en contradicción con la comunión de la Iglesia, y por eso no deben recibir el sacramento de esa comunión que es la Eucaristía.

Señalaba además el arzobispo que además de poner en peligro su bien espiritual, está el peligro del escándalo. Por su falso testimonio otros católicos pueden llegar a dudar de la enseñanza de la Iglesia sobre el aborto, la Sagrada Eucaristía o ambos.

Cordileone ha señalado también los pasos que debe seguir Nancy Pelosi para regresar a la Sagrada Comunión: “no debe presentarse para la Sagrada Comunión y, si lo hace, no debe ser admitida a la Sagrada Comunión, hasta que repudie públicamente su defensa de la legitimidad del aborto y confiese y reciba la absolución de este grave pecado en el sacramento de la Penitencia”.

Muchos católicos agradecemos la claridad de las enseñanzas de monseñor Cordileone y apoyamos la pena impuesta a Nancy Pelosi. De ninguna manera vemos en este castigo una venganza hacia ella ni deseamos que Dios la condene. Al contrario, por ser una hija de Dios que ha proclamado el error y promovido el pecado grave de manera pública, con gran confusión y escándalo para los católicos, era necesaria una acción severa, pero al mismo tiempo llena de caridad pastoral, para mostrar la luz de la Verdad; y de esa manera evitar que su alma se pierda y que otros católicos la sigan por el camino que puede conducir a la reprobación eterna. Es necesario orar por ella y por los políticos católicos que promueven la cultura de la muerte.

Reacciones contrarias a la pena impuesta a Nancy Pelosi no se han hecho esperar dentro de la misma Iglesia. Algunos sacerdotes afirman que ellos no pueden negar la Comunión a nadie, ya que los sacerdotes no están para condenar sino para mostrar cercanía y ternura en todo momento, con el estilo de Dios.

Sin embargo, este estilo pastoral es contrario al Evangelio y al estilo de Dios. Jesús mismo nos habló de la corrección fraterna en privado, y si la persona corregida “no te hace caso, dilo a la comunidad, y si no hace caso a la comunidad considéralo como un pagano o un publicano” (Mt 18,15-20).

Un castigo mira siempre al bien de la persona y a salvar a la comunidad de caer en el mismo error. Hay que dar gracias a Dios cuando nos corrigen, pues más vale tener pastores un poco severos que nos conducen por el camino estrecho, a contar con pastores blandos que solo nos miman, pero que ni salan la tierra ni son luz para sus ovejas.

La prohibición de comulgar a la señora Pelosi es un llamado a una seria reflexión para todos aquellos católicos que públicamente se declaran a favor del aborto, entre ellos el presidente Joe Biden. Si se ha puesto en entredicho a una poderosa mujer quien apoya públicamente el asesinato de inocentes, los políticos católicos pro aborto deben de recapacitar sobre su postura y pedir la luz al Espíritu para que ilumine su conciencia, les descubra la sacralidad de la vida humana y los haga crecer en su formación como discípulos de Jesús. No es la agenda de los partidos políticos la que salva, sino la fidelidad a la enseñanza de Jesucristo que se recibe a través de la Madre Iglesia.

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