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Amor edulcorado

Daniel Valles.- Hemos celebrado recientemente el llamado Día del Amor y la Amistad. Sin duda una fecha muy comercial, pero que levanta mucha animación entre la gente, la que se viste de rojo, le compra tarjetas melosas a la persona amada. Dulces a los nietos y a los hijos. Es una algarabía total. Y a pesar de la nevada que tuvimos, la gente celebró con entusiasmo.

La celebración está centrada en la emoción, en la vida interior de la persona que tiene necesidad de edulcoradas costumbres y actividades para la afirmación del amor o del cariño entre la gente. Lo que bien, es de cierta forma inocuo.

Todo lo que así se endulza o así se practica recibe casi siempre el comentario o la observación como esta: “eso debería ser todos los días, no solo el 14 de febrero”.

Pero igual pasa con el Día de las Madres, de la paz mundial, del niño y la niña, como hoy dicen y otros más, días en los que como dije de forma edulcorada y de manera inocua se llevan a cabo. Es la comercialización de costumbres que hace años eran más intensas y significativas. Han sido víctimas de la deconstrucción cultural, emocional y social que hemos vivido por las últimas cuatro décadas.

Pero como a toda acción corresponde una reacción, hay otros aspectos de la vida que se han intensificado, producto de los aspectos tergiversados que se viven, en los que la emoción ocasional se torna tan dañina y perversa, que engaña y nubla el criterio.

Donde lo “normal” o habitual, lo rutinario, carece de la emoción que segregue la adrenalina que el ser humano necesita para creer que está vivo. Y que con base en esto mismo lleva a la persona a hacer un autoanálisis profundo, pero sin descubrir ninguno de los rasgos propios que son evidentes para cualquier persona que haya vivido alguna vez en la misma casa o haya trabajado en la misma oficina.

Así es la cultura de hoy. Nos envuelve, nos endulza la vida con edulcorantes, lo que ha dado como resultado realidades que creímos inocuas, pero que no lo fueron tanto. ¿Como qué? Como el origen del “Día de los Infieles”.

La infidelidad es una forma de corrupción. De plano, yo sí me sorprendí con la existencia de tal día y, sobre todo, por la celebración. Eso es lo que realmente me sorprendió: La celebración pública.

La infidelidad es tan vieja como la corrupción, la mentira, el crimen y todas esas cosas que dañan la vida de las personas y que han deconstruido la sociedad y, por ende, la Familia.

¿Se le hace exagerado lo que le escribo? ¿No cree que exista tal celebración? Entonces se sorprende al igual que yo, pero mire: le comento la nota aparecida el pasado día 13 del presente, en el diario La Razón.

“En la víspera del Día del Amor, la app de citas extramaritales Gleeden reveló que 74% de las personas infieles en México están dispuestas a romper el confinamiento para celebrar con sus amantes en estas fechas”.

De acuerdo a una encuesta realizada a más de ocho mil usuarios de dicha red social, será el 13 de febrero, conocido como el Día del Amante, que 56% de los infieles acudirá a un hotel para ver a su amante, 26% se verá en un departamento y 18% elegirá un lugar al aire libre.

Del total de encuestados, 59% pondrá como pretexto para ausentarse de casa una urgencia en el trabajo, 21% argumentará que un amigo necesita ayuda y 20% dirá que un familiar está en apuros. Respecto a los regalos, 41% piensa darle a su amante un juguete sexual, 39% lencería, 16% regalará flores y otro 9% joyas.

El sondeo también señaló que los que no saldrán de casa, están dispuestos a festejar de manera virtual: 33% de quienes no verán presencialmente a su amante hará sexting (envío de mensajes sexuales), 27% videollamada y 18% enviará nudes”.

¿Pero y eso qué tiene, todos tienen derecho a ser felices, a vivir el amor? ¿Amor? Depende de lo que se entienda por amor.

Al igual que la palabra libertad, amor es una de varias palabras que todas las personas creemos conocer bien. Sin embargo, no es así. Además, es una de esas palabras que dice mucho, pero comunica nada. ¿Por qué? Porque cada persona tiene una definición diferente y la puede acomodar a la necesidad del momento. ¡Vaya relativismo!

La edulcoración y la creencia de lo inocuo de la práctica generalizada de la infidelidad, han dado por consecuencia la devaluación del matrimonio entre las parejas heterosexuales, la creación del Día del Amante, entre otras nuevas costumbres culturales de la posmodernidad.

Razón por la cual, cada año son menos las personas que se casan y más las que deciden permanecer solteras. Predomina el amor erótico en la cultura, se ejerce sin la necesidad o el requerimiento cultural y social de estar casados.

En México, la gente cada vez se casa menos, y, por el contrario, optan la soltería, o bien, la unión libre. Los datos arrojan que la gente casada representa el 35.4 por ciento, la soltera el 34.2 por ciento y en unión libre viven el 18.3 por ciento de los mexicanos.

El verdadero amor, el que se ha de celebrar el 14 de febrero, el 15 y todo el año, es el amor desinteresado, el que se da incondicionalmente. Este tipo de amor es el que acepta a las personas por lo que son y no por lo que tienen o pueden ofrecer.

Es un amor ferviente que se estira para perdonar las faltas o errores que se cometen, pero que a la vez es justo para no condonar la reprimenda cuando se merece y se ha ganado a ley.

(*) Daniel Valles es el Comisionado Internacional Anticorrupción de la OMPP

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