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Venustiano Carranza

Dr. Fernando Antonio Herrera Martínez.- Venustiano Carranza, político, militar y empresario. De gobernador de Coahuila, asume como jefe máximo de la Revolución, por el asesinato de Francisco I. Madero y en 17 meses, saca al chacal, asesino y usurpador Victoriano Huerta.

Accedió al Poder Ejecutivo el 13 de agosto de 1914 hasta el 30 de abril de 1917, aunque la Convención de Aguascalientes tenía por presidente a Eulalio Gutiérrez. En la lucha entre caudillos derrota a Pancho Villa y a Zapata. Luego gana la elección y es el primer presidente constitucional, el 1 de mayo de 1917.

Su gobierno no logra lo que se esperaba, por lo que al llegar la siguiente elección trató de influir para elegir al candidato, lo que no fue aceptado por antiguos aliados. Surge el Plan de Agua Prieta con Obregón de líder. Carranza huye con rumbo a Veracruz, es alcanzado y asesinado en el trayecto.

Su legado es la Constitución de 1917, que es realista y responde a las condiciones internacionales de su tiempo. Las relaciones obrero-patronales en el artículo 123 y la reforma educativa en el 3o, la agraria en el 27.

Aguanta la invasión de soldados de Estados Unidos, en represalia a la incursión de Francisco Villa a Columbus, Nuevo México, que dura poco menos de un año.

Carranza tiene que guerrear todo el tiempo con varios enemigos: Emiliano Zapata; Félix Díaz que levanta al Ejército Reorganizador Nacional, en Veracruz; los soberanistas Guillermo Meixueiro y José María Dávila, en Oaxaca; Manuel Peláez, en la Huasteca; Saturnino, Cleofás y Magdaleno Cedillo, tres hermanos levantados en San Luis Potosí; José Inés García Chávez, en Michoacán; Pancho Villa, en Chihuahua, aunque disminuido.

Obregón se había retirado a su rancho, alejándose de Carranza. Carranza captura y fusila al General Felipe Ángeles, por unirse a Villa, y Emiliano Zapata asesinado en la Hacienda de Chinameca, el 10 de abril de 1919.

En la Primera Guerra Mundial Carranza mantiene la neutralidad, aunque vacila cuando Arthur Zimmermann le envia un telegrama en enero de 1917, en el que invita a México a unirse a los alemanes. Se prometía ayudar a reconquistar lo perdido en la invasión estadounidense de 1846, en referencia a Texas, Nuevo México, y Arizona.

En cuanto a la Iglesia, Carranza sostiene que la costumbre de un pueblo no cambia de la noche a la mañana; para que la gente deje de ser católica, la Revolución no es suficiente; el pueblo de México seguirá igual de ignorante, con supersticiones y apegado a sus antiguas tradiciones hasta que reciba educación. Sus restos están en el Monumento a la Revolución.

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