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Solo y sin querer ser nadie

Dr. Arturo Castro.- La política es una hoguera que las acciones provocan a través de los tiempos, cuyo código son las acciones y desarticulaciones que la sociedad vive paso a paso, las circunstancias que la provocan son cíclicas y circulares.

La sociedad acompaña a los políticos en la búsqueda de desarrollo y bienestar, es un juego que todos jugamos, es una relación de fiesta y reniego, el color partidista no importa, solo intenta ser feliz en una cultura de falta de interés por ser mejor.

El ciudadano como tal, no tiene identidad, conoce su pasado a través de los procesos educativos controlados por el Estado, se le dice que Benito Juárez es un héroe de la época de la Reforma, sin mencionar que gobernó 14 años, hecho que en cualquier parte se llamaría dictadura.

El ciudadano en la vida social imagina vivir tranquilo, la violencia en cualquier sentido es parte de una cultura adquirida por influencia de los medios de comunicación y de las redes sociales en donde la lluvia no importa ni el calor tampoco.

El país vive intensamente el fuego político de la discordia entre chairos y fifís, discursos y acciones públicas, partidos políticos y afines que forman equipos de lucha por el poder que hacen de la vida cotidiana un ring sin el Santo ni Blue Demon.

Nadie está en todos lados, la sociedad vive una constante emoción por creer que tiene un poder que no existe, nadie está en la multitud del mitin político, del estadio de fútbol y en el centro de cualquier ciudad.

Se pierde en la bola, caminando sin saludar a nadie más, está ante una soledad manifiesta en el engaño de pretender ser lo que no es, le gusta la decisión a pesar de no tener razón, es lo que es y le gusta ser como es que a pesar de no querer ser nadie, lo es sustantivamente.

Nadie no lee, interpreta todo a su favor y cuando se reúne en sociedad conoce el poder que tiene y de lo que es capaz, grita con encanto y desencanto defendiendo su espacio que maneja entre gustos y diferencias de otro nadie a su lado.

Solo y sin querer ser nadie es solo una creencia de sí mismo, es feliz, feliz, feliz diría alguien que se dedica a la política y que si es alguien en la historia, que tiene lo que los otros no tienen, porque vive en un palacio sin mirar el hacinamiento que provoca el empresario al construir casas de 54 metros cuadrados.

Solo y sin querer ser nadie, es la pregunta por no pretender ser alguien, ese alguien que trasciende en una formación personal, ciudadana, laboral o académica.

Nadie es Ulises en la Odisea de Homero, nadie perdura al paso de los siglos, nadie quiere ser nadie pero existe.