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Se hace bolas

Dr. Fernando A. Herrera M.- A la presidente Sheinbaum se le empieza a hacer bolas el engrudo. La luna de miel pierde su encanto y en Palacio Nacional se respira un aire denso, un tufo que incomoda a su inquilina. Los problemas amenazan con rebasar el límite tolerable, el golpe sobre la mesa parece inminente.

En Morena el panorama es similar. La otrora rijosa, agresiva y desafiante Ariadna Montiel ha tenido que mutar en una permanente apagafuegos. Ambos espacios presagian tormenta. Históricamente, las hegemonías han caído bajo el peso de sus excesos, una ley que Morena decidió ignorar.

La paradoja es que el daño es autoinfligido. El bono democrático los obnubiló y detonó un agudo síndrome de Hybris. Su eventual caída no viene de la oposición desarticulada, sino de su implosión interna. Una pinza doble que amenaza a la Cuarta Transformación: el frente judicial de Nueva York y, adentro, las contradicciones de su gobierno.

Abundemos en la baraja:

La Sota: El ventilador de Brooklyn

La primera carta ya se juega en la Corte de Nueva York y viene marcada. La rápida modificación de medidas cautelares al general Gerardo Mérida Sánchez —quien cambió la prisión por el resguardo domiciliario— confirma su nuevo rol como testigo protegido bajo la jueza Katherine Polk Failla. El militar ya comenzó a cantar y las partituras resuenan con fuerza hasta Palacio.

El Caballo: La justicia selectiva

Mientras Washington avanza, el frente interno galopa sin rumbo, se pierde, tropieza y puede que desbarranque. El Estado se ha dedicado a la minería de expedientes para cazar piezas del pasado: Ángel Aguirre por Ayotzinapa y Ernesto “Rufo” Appel por el huachicol fiscal. Golpes mediáticos que muestran una asimetría intolerable para el ciudadano de a pie. Esa fiscalía que vuela para perseguir opositores, avanza a paso de tortuga cuando es Rubén Rocha Moya. La bandera de la pureza moral se deshilacha.

El Rey: El veredicto de las urnas

La última carta es el destino electoral en las intermedias. La narrativa no resiste cuando la seguridad sigue como una promesa rota y el dinero ya no alcanza para la canasta básica. El control de las masas no es un cheque en blanco; el votante desencantado y los indecisos castigarán el fracaso, el robo y los abusos. Perder la mayoría calificada en el Congreso será el primer paso que les deje claro que México ya no tolera el cinismo.

A la presidente se le hace bolas el engrudo. Y en política, cuando el horno no está para bollos, lo primero que se quema es el partido en el poder.

Relaciones Públicas

La presidenta de México ha claudicado a sus funciones; ahora dedica su tiempo a ser la encargada de las relaciones públicas de la familia López Obrador.

Si Andy no tiene nada que ver con el robo de impuestos por el huachicol fiscal, ni con los actos de corrupción que se han cometido en la construcción de las megaobras como la refinería Dos Bocas, el Tren Maya, el Interoceánico o el aeropuerto Felipe Ángeles, ¿entonces quién es él?

Si no es nadie en ese entramado que vale cientos de miles de millones de pesos, ¿entonces por qué se han tomado la molestia en Estados Unidos de quitarle la visa? ¿Qué sentido tiene? ¿Por qué mortificar más la relación entre ambos países con algo tan fútil, tan poca cosa, de lo que él mismo llegó a sugerir que no tenía importancia?

Sin embargo, dedica meses a meditar el tema porque la visa se le canceló y le fue comunicado en Houston, cuando pretendió pasar el área de migración en una visita a su hermano mayor. Tuvo que regresar en un vuelo comercial a petición de los mismos oficiales de EU.

De esa larga reflexión dio a luz una extensa carta, muy al estilo de su padre, dirigida a Trump, en la que le inquiere si estaba enterado de su asunto. También dedica un amplio espacio para insultar a dos personajes: Marco Rubio y Christopher Landau, con el detalle particular de que a este último lo conoce porque fue embajador de EU en México.

Aparte de los insultos, le pide que los despida de su gobierno y, de paso, le da a entender —al igual que lo hizo su padre en otra carta— que es manipulado por sus colaboradores.

Si Andy es inocente, ¿qué hace la presidenta dedicando mañaneras a defenderlo, a decir que una visa no define a nadie o a cuestionar por qué no se las cancelan a otros criminales?

Andy señala que no existe nada que lo acuse de haber cometido una falta moral, mucho menos un hecho delictivo. Yo digo que, aparte de haber ocupado el puesto de secretario de organización de Morena, no ha tenido otro empleo, al menos del que estemos enterados. De este hecho, si es cierto, se desprende que no podría ser culpable de operación alguna, puesto que no ha hecho “literalmente” nada más con su vida laboral.

Y si no ha hecho nada que sepamos —a menos que trabaje haciendo chocolates en la pequeña fábrica de la familia—, entonces la pregunta es: ¿por qué tanto escándalo? ¿Para qué señalar que se defiende la soberanía al defender al hijo del prócer? ¿Entonces quién es Andy, además de ser hijo de AMLO? ¿De verdad vamos a echarle más leña al fuego por una simple visa?

A menos que alguien, en Estados Unidos, sepa algo que los mexicanos no.

O que sí se sabe, pero por muy pocos.

Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx

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