Inicio ADHOCRACIA La protesta común de Ayotzinapa

La protesta común de Ayotzinapa

Dr. Arturo Castro.- Amor y paz fue la frase utilizada por la generación hippie setentera, cuyas características fueron muy singulares a través de la música, la ropa y el peinado, las drogas también formaron parte importante.

El festival de Avándaro fue su máxima expresión, miles de jóvenes disfrutaron las delicias de la vida por varios días, solo amor y paz, nada de violencia que perturbara a terceros sin motivo, esta cultura fue amigable y por demás tranquila.

La protesta se dio en un marco de hacer ver que la vida puede ser diferente, la queja fue el conservadurismo que no permitía esa vida propia, pensando que era inmoral a los principios religiosos y de responsabilidad social.

Antes los pachucos hicieron lo propio en sana paz, los cholos tuvieron su época en la que el barrio rifaba, al igual que la violencia entre pandillas, los darketos y tantos grupos más, buscan una distinción a través de lo excéntrico que propicie que la sociedad los voltee a ver y saber que existen.

El caso Ayotzinapa no fue una moda porque el historial de la Escuela Normal Isidro Burgos está lleno de luchas de carácter socialista casi llegando al comunismo, la escuela figura como abandonada por el gobierno como tantas normales más en el país.

Aquí se secuestraban camiones de pasajeros, de comida y de bebidas sin que ninguna autoridad pusiera orden; al paso de los años, aparecieron Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas con aquella liga terrorista 23 de septiembre.

Los estudiantes de Ayotzinapa son más que los habitantes de ese pueblo, en 2014, secuestraron camiones foráneos para ir a la Ciudad de México y conmemorar el 2 de octubre, conocido como Tlatelolco, el vandalismo estaba en todo su apogeo hasta que sucedió lo que sucedió.

Algunos lesionados, muertos y 43 desaparecidos en un enfrentamiento del que nadie sabe nada, los testimonios son vagos, la verdad histórica, la comisión de la verdad solo es un reflejo del esfuerzo gubernamental para tratar de conocer la realidad del suceso ocurrido en Iguala, Guerrero.

El resultado es un sinfín de protestas, muchas de ellas violentas, no se conocen avances, ni se conocerán, tal y como sucedió en la Plaza de las Tres Culturas en 1968.

La violencia llegó también a través de un grupo de mujeres encapuchadas y vestidas de negro, que hacen pintas y quiebran vidrios a su paso en cualquier marcha de protesta sin que se registren culpables por aquello de abrazos no balazos en la gestión gubernamental, el último dato es por las diferencias acerca del aborto dirigido y el derecho a la vida.

Hacen lo que quieren, el gobierno solo coloca barreras metálicas para evitar el abuso contra instalaciones públicas y comerciales, ello seguramente representa un gasto del que no se dice nada, los diputados tienen la palabra.

Legalizar las protestas violentas es una idea surgida de la facilidad que se tiene de facto para dañar propiedades ajenas y nunca tener culpables, ni justificación alguna.