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La mentira del 68

Dr. Fernando A. Herrera M.- Gustavo Díaz Ordaz asumió como hombre de estado y consciente de su responsabilidad como presidente, además de la reciedumbre de su carácter, y tal vez con vergüenza y amargura, el genocidio de los estudiantes en 1968, ordenado a sus espaldas por Luis Echeverría, a la sazón secretario de Gobernación. Gustavo Díaz Ordaz es hasta nuestros días (y lo seguirá siendo) uno de los presidentes de México más odiados y al mismo tiempo el menos comprendido.

Era feo, trompudo, por lo que sufrió desde niño el rechazo de su madre Sabina, que prefería a su hermano Ernesto; aun así, se sobrepuso y pese a la pobreza que le impidió ingresar a la milicia, logró hacerse abogado y en su camino se hizo de la amistad de Maximino Ávila Camacho.

Díaz Ordaz era serio, arrogante, obsesivo y con férrea disciplina, así que aprovechó la mano que le tendió ese “padrino” y pudo lograr puestos políticos de relevancia que lo llevaron a ser juez, secretario de Gobierno de Puebla, diputado federal, senador y luego con alas propias llegó a secretario de Gobernación con Adolfo López Mateos y al puesto de presidente de la República.

En apariencia seco y hostil, sus escapes lo llevaron a obsesionarse por armar complejos rompecabezas y lo encaminaron a aprender a tocar guitarra porque le fascinaba la bohemia para entonar, dicen que tenía voz aceptable, canciones que lo hacían reunir algunos amigos y al menos contaba con sus inseparables “rumis”, pues compartía departamento, incluso ya siendo senador de la República, con Adolfo López Mateos, Corona Del Rosal y Donato Miranda Fonseca, lo cual denota su don de la amistad y la austeridad en su vida.

Don Gustavo nació con la Revolución Mexicana en 1911 en San Andrés Chalchicomula, Puebla. Ya como secretario de Gobernación daba señales muy claras de lo duro que sería como presidente. Solía decir: “Al secretario de Gobernación no solo se le debe tener respeto, sino también miedo”. Tuvo la oportunidad de gobernar el país, prácticamente dos sexenios: el suyo y el de Adolfo López Mateos, quien como presidente pasó la mayor parte del tiempo en giras en el extranjero, en eventos sociales, borracheras y con mujeres. Cuando era secretario de Gobernación decía con orgullo: “En esta oficina está el control político de México”.

En el gobierno de Adolfo López Mateos hubo una represión política total y a pesar de eso, Adolfo López Mateos (ALM) terminó su mandato con altísima aprobación de la población, principalmente porque tenía mucho carisma y segundo porque él no tenía que ensuciarse las manos. Para ello estaba su secretario de Gobernación.

A muchos les encanta tener villanos en la política, así es más fácil culpar a alguien y desquitar el rencor acumulado. Gustavo Díaz Ordaz ha sido uno de los tiranos favoritos por excelencia. Por ende, lo único que la mayoría de la población sabe y quiere saber de él es sobre el genocidio del 68.

Gustavo Díaz Ordaz aprendió de Maximino Ávila Camacho. Gobernó con mano dura, a gritos, regaños y severidad. Pero eso sí, nadie podría acusarlo de corrupto. Díaz Ordaz jamás fue un presidente querido por los mexicanos, principalmente por su aspecto físico y eso, en un país racista, clasista y elitista tiene mucho peso en la política. Basta ver la televisión mexicana, el nivel de discriminación es obvio; Y, por si fuera poco, México acababa de tener a uno de los presidentes más carismáticos de su historia: Adolfo López Mateos. Era imposible para GDO competir.

La mancuerna ALM – GDO funcionó a la perfección debido a que el primero era la imagen del gobierno lopezmateísta y el segundo era el genio que hacía lo necesario para que el país funcionara. GDO fue un presidente que tuvo la fortuna de ser el último que tuvo éxito en el plano económico. Gobernó el país, en términos prácticos, por 12 años: el sexenio de ALM y el suyo.

Al llegar a la Presidencia mantuvo al parralense como secretario de Hacienda, a Don Antonio Ortiz Mena, con quien se logró el punto más alto del “Desarrollo Estabilizador” del país. También llamado el “Milagro Mexicano”.

En su administración el país tuvo un crecimiento sostenido anual de 7%. Y nomás por señalar ejemplos: En los últimos tres sexenios el promedio ha sido del 2%. Y en el sexenio actual, pandemia de por medio, El crecimiento del país es de 0%.

Por otra parte, en su gobierno la inflación no rebasó el 3%. En cambio, en el sexenio de Zedillo, solo de enero a diciembre de 1995 la inflación pasó del 10.23% a 51.97%, cinco años después del llamado “error de diciembre” en el 2000 la inflación bajó a 8.66%. En el 2001 fue de 6.95%. Y en 2017 fue de 6.77%. Algo de destacar es que el dólar se mantuvo a 12.50 desde finales del gobierno de Ruiz Cortines hasta la salida de Díaz Ordaz.

Nota: no es defensa de GDO, solo se comparten los hechos, más allá del reprobable e inolvidable genocidio.

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