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La inseguridad, el talón de Aquiles

Alejandro Zapata Perogordo.- El rubro considerado como el problema más álgido del país continúa siendo el de la inseguridad, un tema que cada vez se agudiza más. Lejos de encontrar acciones o estrategias exitosas para combatir ese lastre, vemos con mayor frecuencia cómo la delincuencia organizada se enfrenta sin recato alguno y a la luz pública al Estado.

Hace no mucho, quizás unas semanas atrás, dimos cuenta de una manifestación en el estado de Guerrero, donde la delincuencia se quejaba de una desleal competencia, hecho inédito, pues el motivo del reclamo fue que las autoridades apoyaban al grupo contrario, razón por la cual optaron por salir a la calle para mostrar su inconformidad.

Ahora le tocó el turno a Chiapas, en la frontera con Guatemala, donde obligaron a los habitantes de la región a salir de sus casas y vitorear a uno de los cárteles que operan en la zona. El desfile de vehículos con gente armada se convirtió en centro de un espectáculo grotesco.

Nunca en mi vida pensé siquiera que algo así pudiera acontecer: ver a los miembros de la delincuencia organizada pasearse como héroes por la vía pública a la vista de todo mundo, burlándose del estado de derecho, sometiendo a los habitantes de las zonas e irónicamente imponiendo su voluntad, frente a autoridades temerosas, escondidas, solapadoras y complacientes.

Las cifras dibujan un estado fallido, donde la delincuencia avanza a pasos acelerados, se ha convertido en uno de los grandes y más redituables negocios a grado tal, que se considera una actividad de gran envergadura en el reclutamiento de personas, ocupando uno de los primeros sitios a nivel nacional, lo que significa un importante crecimiento.

Ante la ola de enfrentamientos derivadas por esa actividad y el número de personas fallecidas o desaparecidas, a la par de infinidad de acciones incluyendo retenes carreteros, violaciones, feminicidios y un sinfín de tropelías, los jesuitas han tomado cartas en el asunto y convocan a un diálogo por la paz.

¡No es para menos! Frente a la incapacidad de los gobiernos o su falta de voluntad para atender un fenómeno que está dañando gravemente al país, cuyos resultados arrojan datos peores que si estuviéramos en una guerrilla, alguien debía tomar cartas en el asunto.

El hecho es que la delincuencia se está apoderando de los territorios, tomando el control de las zonas donde opera, ante la impotencia de las autoridades, someten a los habitantes de las regiones o, en caso de resistencia, los ejecutan. Ejemplos hay por todas partes.

La estrategia en la materia, implementada por los gobiernos, ha producido resultados adversos y no se ve para cuándo se puedan recuperar la tranquilidad y la armonía social, los efectos son desastrosos y las víctimas colaterales van en aumento.

Los cárteles se han empoderado, su capacidad se aprecia cada vez más alta, los gobiernos se preocupan por esconder cifras y ocultar noticias, pero no por combatir con inteligencia a la delincuencia. Sus discursos e informes siempre son alentadores; sin embargo, la cruda realidad en los hechos los desmiente.

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