Inicio Perspectiva La Geografía no se vota; el reacomodo es obligatorio

La Geografía no se vota; el reacomodo es obligatorio

Dr. Fernando A. Herrera M.- Mientras en América Latina seguimos discutiendo ideologías, el tablero está cambiando. Estados Unidos ya despertó. Su objetivo es que China disminuya su influencia económica; Rusia mueve los hilos de Cuba y EU necesita que se repliegue. Quien no lea el momento, quedará fuera de la ecuación.

Hubo mucho descuido. Entre 2008 y 2020, Washington miró hacia Medio Oriente y a Asia. En política los vacíos se ocupan y entraron. China pasó de un 8% a un 25% del comercio con la región. Le prestó a 21 países de América Latina 140,000 millones de dólares para su proyecto de la nueva Ruta de la Seda. Rusia reactivó su inteligencia en Cuba y a través de ellos proveyó de armamento a Venezuela y a Nicaragua.

Cuba exportó su modelo de gobierno, todavía mantiene más de 20,000 colaboradores en Venezuela y otros tantos en Nicaragua. En México tiene “médicos” que instruyen a la 4T.

Trump está decidido a poner fin a estas influencias. Incluso desde el periodo Biden en 2022, Estados Unidos regresó al barrio latino sin pedir permiso. Lanzó el nearshoring, la Ley CHIPS y ofreció subsidios millonarios para sacar a China de las cadenas críticas. México recibió 36,000 millones de dólares de inversión extranjera solo en 2024.

El Comando Sur duplicó sus ejercicios militares y el mensaje de la Casa Blanca es claro: “friendshoring”, significa que deben hacer negocios sólo con los aliados.

Se ve en tres países. Sin el aparato de inteligencia cubano, Maduro no sobrevivía el 2019. Hoy, Washington quita sanciones porque en Caracas ya rompió ese cordón. Nicaragua firmó cuatro acuerdos militares con Moscú desde 2016 y abrió un centro de capacitación ruso en Managua. Resultado: bloqueo de créditos del BCIE.

México coquetea con médicos cubanos y con autos chinos, pero el 83% de exportaciones siguen yendo a los Estados Unidos. El T-MEC manda. Jugar a dos bandas es ir en contra de nosotros mismos.

La parte más incómoda es que estamos atados por la geografía a Estados Unidos y no nos conviene jugar en contra. Son 3,200 kilómetros de frontera y 1.5 millones de dólares de comercio por minuto. Recibimos 63,000 millones de dólares en remesas al año. La seguridad, la migración, el agua y hasta los cárteles: todo se negocia con ellos.

La neutralidad es un lujo de Suiza, no de México.

¿Qué pasa si no entendemos el reacomodo? Argentina lo probó en 2024: se peleó con Washington esperando rescate de Beijing. China no puso un dólar cuando llegó el default. Cuba vivió 60 años de los subsidios soviéticos, luego de los venezolanos. Ahora, sin padrino, está al borde del colapso. Si México se arriesga a que se rompa el T-MEC perdería 4 millones de empleos directos en un año.

El pragmatismo no es sumisión, es ver el mapa. Estados Unidos ha sido abusivo e intervencionista muchas veces, pero es nuestra única opción, a menos que nos arriesguemos con China. Hasta suena descabellado. Nunca más cierto el dicho que se atribuye a Porfirio Díaz: Pobre México, tan lejos de Dios, y tan cerca de Estados Unidos.

El reacomodo empezó. Podemos subirnos con condiciones, negociando inversión, tecnología y, por supuesto, un trato digno, o nos pasan por encima sin preguntar.

La geografía votó por nosotros en 1848… Toca entenderlo en 2026.

Una comisión de buenas intenciones

La idea de crear una comisión que revise los perfiles de candidatos que los partidos pretendan postular, parte de un diagnóstico correcto: la ciudadanía ya no confía en que los partidos se autorregulen. Este tipo de filtros previos suena a un buen avance, pero tal como se propone, con recomendaciones opcionales y sin consecuencias, apenas alcanzaría el calificativo de simulación y muy costosa.

Con buena fe no se limpian las elecciones. Se limpian con reglas que duelan cuando se corrompen.

Una comisión que solo “sugiere” termina siendo el mejor escenario para un partido cínico: si el dictamen le favorece, lo presume como sello de calidad. Si le estorba, lo ignora sin pagar costo alguno. El resultado es legitimar lo mismo de siempre, pero ahora con un trámite burocrático adicional.

Si de verdad queremos que sirva, la comisión necesita dientes. Y esos dientes deben morder donde más les duele a los partidos: el registro y el dinero.

No todos los riesgos son iguales y la sanción tampoco debería serlo.

Si una persona que desean postular resulta con vínculos con la delincuencia organizada, sentencias por corrupción, violencia sexual, uso de recursos ilícitos. Si la comisión acredita riesgo grave y el partido lo postula de todos modos, la comisión debería cancelar esa candidatura en automático.

Si el partido reincide dos veces en un mismo proceso electoral, debería perder su registro nacional. No hay democracia que aguante partidos que funcionan como franquicias del crimen.

Para que esto no se vuelva garrote político, la comisión necesita blindaje: que sea integrada por ciudadanos, con perfiles técnicos y académicos y sin militancia partidista reciente.

También que hagan públicos los criterios a seguir por los partidos para elegir a sus candidatos y que los análisis y sus dictámenes se den a conocer tres días antes de la fecha de registro.

Los partidos van a argumentar que se “limitan sus derechos políticos”. Falso. Lo que se limita es la posibilidad de postular delincuentes con financiamiento público. El derecho a ser votado no es absoluto: la ley impide candidaturas con sentencia firme. Esto solo adelanta el filtro a la etapa donde todavía se puede evitar el daño.

Esperar a que un alcalde ligado al narco llegue al poder para luego desaforarlo, es suicida. Cuesta vidas, cuesta dinero, cuesta instituciones.

La política mexicana lleva 30 años administrando escándalos en lugar de prevenirlos. Una comisión de buena fe, sin sanciones, será otro capítulo de esa novela. Si van a crearla, que sirva. Y si no hay disposición de castigar a los partidos que postulen impresentables, mejor ni gastemos en la comisión.

De esta forma nos ahorramos todo el teatro y al menos no insultamos la inteligencia del votante.

Sí… De buenas intenciones están llenos los panteones.

(*) Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx

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