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La corrupción sigue y sigue

Daniel Valles.- En 2018, de acuerdo a datos del INE, 33 de cada 100 personas votaron por Andrés Manuel López Obrador, un hombre que por 18 años estuvo hablando en contra del sistema político, del presidencialismo y en contra de la corrupción.

Señaló a toda institución de gobierno, las mandó al diablo, descalificó a cuanto funcionario pudo. A tres presidentes de la república que lo fueron antes que él. Al por mí apodado desde 2005 como “El Memo” (Vicente Fox), a Felipe Calderón y a Enrique Peña Nieto.

Los dos últimos lo derrotaron en las urnas. Siempre gritó: ¡fraude! Nunca se probó alguno. El señor López Obrador ganó la elección de 2018 de manera abrumadora. Se jacta de haberlo hecho con más de 30 millones de votos, lo que es cierto.

Nadie en los equipos de los perdedores lo dice y no muchos analistas se preocupan por recalcar que eso es solamente un tercio del padrón electoral. Es decir. 67 personas de cada 100 no votaron por la fórmula de Morena.

De acuerdo a datos del INE, 34 por ciento de la gente votó por las diferentes fórmulas y 33% no votaron Se abstuvieron. Ergo, la ventaja de don Andrés no es tan grande como se quiere hacer creer y es fácilmente reversible.

De ahí que ahora mismo anda en campaña de popularidad por el sureste mexicano. En pleno pico de la pandemia y cuando el semáforo que nos obligan a respetar está en rojo para todo el país, menos para el estado de Zacatecas, donde es anaranjado. Al diablo el semáforo. Parece que dijo “nuestro ya no tan querido presidente”.

La campaña ganadora de Andrés Manuel López Obrador tuvo como oferta base el combate a la corrupción. Los mexicanos decentes, hartos de tanta maldita corrupción, le creyeron.

Olvidaron el plantón en Reforma en 2006, la toma de pozos petroleros en Tabasco por López Obrador. Al “señor de las ligas”, René Bejarano, su secretario, atascándose las bolsas de dinero mal habido, presuntamente para Don Andrés, su jefe.

No tomaron en cuenta los berrinches cuando se puso en el pecho la banda presidencial pirata y se declaró presidente legítimo de México. Bueno, nada de esa conducta corrupta que le toleraron las autoridades del momento.

Así y a pesar de todo le dieron su voto, su confianza, porque combatiría la corrupción. 34 personas de cada 100 le creyeron. Así lo hicieron. Pues ahora, su popularidad ha caído estrepitosamente. Podría ganar la elección de nueva cuenta, pero no con los márgenes de 2018.

Ya perdió, casi el 47%, de aceptación, de acuerdo a algunas encuestas como Mitofsky y otras. La pandemia del Coronavirus ha afectado. Ha sido mal manejada por su subsecretario de Salud de apellido López-Gatell, quien ha sido duramente atacado porque se ha obviado la manipulación que ha hecho de los datos y su abyección total.

También por los casos palpables de corrupción al interior del gobierno de la 4T,  no solo en uno o dos lugares, sino en varios a saber: el caso de los ventiladores que León Bartlett, trató de vender al IMSS, con un sobreprecio. Los contratos directos en Pemex. Las acusaciones de malversación de fondos desde hace más de un año contra Ana Gabriela Guevara, directora de la CONADE.

Esto le ha dañado en su popularidad por más que lo han querido disfrazar, negar, ocultar sus auxiliares o hacerse como que es un juego político de sus adversarios, los conservadores.

A todo esto se agregan dos cosas esta semana. La denuncia que hacen campesinos de Campeche hacia el programa “Sembrando Vida”, en el sentido de que la gente que lo maneja pide “moches” o mordidas de 100 y 200 pesos mensuales.

En Tabasco, en el mismo programa, otro hombre asegura que si no se “mocha” con los técnicos, éstos lo sacarán del mismo. Las notas periodísticas que están en mi archivo señalan los nombres de las víctimas.

Las que agregan que: “a un año del programa social estrella de la administración de Andrés Manuel López Obrador -el cual da 5 mil pesos mensuales a agricultores por cultivar dos hectáreas y media de terreno-, ellos y otros de los más de 230 mil beneficiarios de Sembrando Vida cuentan historias de semillas dadas después de la temporada de lluvias, falta de agua, siembras en sequía, plantas muertas, falta de insumos, de herramientas y tala de árboles”.

Multiplicar 230 mil X 200 pesos, representan casi 50 millones de pesos solamente en eso. ¡Al mes!

Por su parte el Inegi, con la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) 2019, es muy clara: La tasa de corrupción se incrementó de 14 mil 635 víctimas por cada 100,000 habitantes en 2017, a 15 mil 732 en 2019.

Por su parte la tasa de incidencia pasó de 25 mil 541 actos de corrupción por cada 100,000 habitantes en 2017 a 30 mil 456 en 2019. Esa es la realidad y se muestra con documentos o datos de las mismas instituciones de la 4T.

Por lo que se puede concluir que la corrupción no solo no ha disminuido, sino que como dicen algunos senadores del PAN, las prácticas irregulares van en aumento.

Así lo señalaron Xóchitl Gálvez, Indira Rosales y Julen Rementería, senadores del PAN, quienes coinciden en señalar que: “Morena tiene razón, al decir que no son iguales a los anteriores, son peores”.

Por todo lo anterior y los casos en Pemex, donde se han perdido 800 mil millones de pesos en 18 meses y con los contratos directos que la secretaria de Energía, Rocío Nahle, presuntamente está adjudicando a empresas de reciente creación de compadres y amigos, se pondría de manifiesto que la corrupción sigue siendo el sello de las operaciones de la 4T. Como era antes.

Significa que la corrupción sigue y está en todos los niveles. Que arriba no se ha limpiado, como dice nuestro “ya no tan querido presidente”, sino que también abajo sigue la misma mugre que dijo iba a erradicar. No lo ha hecho y quién sabe si lo hará.

Ahí, El Meollo del Asunto.

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