Inicio Perspectiva Jesús ayuda, atrae y sostiene, perdona y levanta

Jesús ayuda, atrae y sostiene, perdona y levanta

“Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: Guía adelante, hacia lo profundo y echad las redes para pescar”. (Lc 5, 4)

Antonio Fernández.- Bueno es considerar cuando no hay que pensar en la respuesta sino en razonarla, porque ilustrará a la comprensión: ¿Qué sucedería si en la ciudad donde vivimos no existieran leyes, normas de conducta, de rectitud y decencia, justicia, legalidad y honradez, respeto a los bienes particulares y propios, obvio que tampoco moral ni buenas costumbres?

Sería un caos en todos los órdenes la vida de los habitantes, nadie tendría seguridad, se viviría con intranquilidad y miedo temerosos de ser asaltados, golpeados o robados, ser causa de venganzas o de arrebatar la vida.

¿Cómo resolverlo? La ciudadanía exigirá de la autoridad restablecer el orden, hacer respetar las leyes del buen gobierno, aplicar la ley ante la anarquía e insistiría para que la sociedad viva tranquila, tenga garantía de confianza para la familia, ir al trabajo seguros, prive el respeto y el orden.

Entonces se dirá: antes vivimos una mala situación que se ha corregido, ha sido bueno el esfuerzo para que se respete la ley, afirmando: la ciudad vive en paz.

Así sucede en las cosas del mundo, pero bueno es hacernos una pregunta trascendente: ¿Y el interior de las personas? Se pregunta porque cada uno tiene a responsabilidad su alma, la cual es más importante cuidar que vivir en paz, disfrutar de la vida, gozarla como siempre se ha disfrutado.

Por eso se prefiere la paz al pasar por el mundo sin entender que venimos a él para participar en una lucha que está dentro de cada persona, donde el bien debe vencer el mal, porque el mal es la cizaña que ahoga la semilla del trigo que es nuestra alma.

Y nos preguntamos: ¿Por qué la maldad controló la sociedad e hizo de la suyas? La verdad fue porque se vinieron abajo en los habitantes las buenas costumbres y se cayó en la maldad perdiendo los valores espirituales y morales lo que hizo surgir la perversidad no solo en la ciudad, sino en el interior de cada persona.

Así sucede cuando las naciones y personas se alejan conscientes y disimulados de la verdad, se alejaron porque no quisieron seguir la verdad que está en la palabra de Dios.

Se evitó ahondar en los Santos Evangelios, se evitó cumplir su mandamiento, se evitó todo sentido de amar y servir a Dios y al prójimo a pesar de saber y conocer que por ellos Cristo Nuestro Señor realizó el plan divino de salvación revelado por Dios, les pareció embarazoso y complicado, molesto e incómodo cumplir, pero siendo la regla dispuesta por Dios Nuestro Señor cumplir su mandamiento, obligado es cumplir.

Tenemos un ejemplo: se le pide a un niño que no juegue con los cerillos porque es peligroso; sus padres se los quitan, pero los dejan a la mano, y cuando no lo ven el niño los toma y talla el cerillo que puede terminar incendiando la casa y muy posible su vida termine en ese incendio.

Pues bien, el niño somos todos, el Padre que quita el cerillo es Dios, dando a cambio los bienes espirituales para que cada uno logre la salvación de su alma, así prevenir se incendie su alma, pero son una y otra vez de-sechados, se obra como ese niño al creer erróneamente que como nadie lo ve puede hacer lo que quiera, pero a un costo muy alto, ya que según imagina no necesita de nadie, peca olvidando que Dios ve a cada persona en todo momento.           

La realidad del ser humano es que el Padre creador de las almas da a sus hijos para su cuidado bienes que desprecian, prefiriendo los que al cuerpo satisfacen a una vida perecedera, no les importa hagan el mal que se causan porque no se toma en serio lo que es bien para el alma.

¿Causa? Se teme saber que Jesucristo Nuestro Señor sostiene en las buenas y malas situaciones a las que el ser humano se deja llevar, ayuda cuando el agobio cierra las capacidades humanas y no hay salida a nuestras caídas.

Atrae Jesús como el pastor a la oveja descarriada, la que perdona cuando se acerca al sacerdote y confiesa sus maldades echando fuera las asperezas del alma, el Señor conmovido comunica la novedad a los suyos y en todos hay gozo porque un alma perdida el Señor la ha recuperado.

Preguntamos: ¿Quieres ser tú esa alma que cause alegría indescriptible en los cielos y en tu corazón? Esfuérzate para ello, todo el que quiera puede hacerlo, Cristo Nuestro Señor lo ha dado a conocer: “Así, os digo, habrá gozo en el cielo, más por un solo pecador que se arrepiente”.

hefelira@yahoo.com

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