Dr. Fernando A. Herrera M.- La imagen fue clara, todos entendieron: Maru Campos en México, pero no sola, arropada por la cúpula del PAN. Y no fueron a socializar. Fueron a dejar claro que, si quieren guerra, la tendrán.
La dirigencia y la gobernadora dejaron un mensaje sin matices: la van a defender como sea, donde sea y hasta donde tope. Y tienen razón para plantarse así porque lo que estamos viendo es un contraste moral insultante.
Por un lado, desde la Presidencia protegen a Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa con licencia, acusado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos de favorecer a “Los Chapitos”, la facción de los hijos de “El Chapo” Guzmán, a cambio de protección política.
Y por el otro lado, citan y hostigan a la gobernadora Maru Campos, precisamente después de que su gobierno participara en el desmantelamiento de un narcolaboratorio en la Sierra Tarahumara, un golpe directo al negocio del fentanilo.
¿De qué lado está el Estado y la presidente? ¿Del que destruye laboratorios o del que, según Washington, pactaba con quienes los instalan, operan y fabrican las drogas?
El PAN ve el garrote político que los legisladores de Morena pretenden usar para quitarle el fuero. Mientras, la FGR se vio obligada a aclarar que no la imputó porque no hay delito que perseguir. El citatorio fue impugnado por ella misma porque realmente fue un intento para fabricarle un caso.
Nada de medias tintas y, como dijo Don Felipe, “haiga sido como haiga sido”, la gente entiende que se pretende castigar a quien combate a los narcos y, entiende también que la presidente intenta cuidar a los acusados de proteger a los delincuentes.
Chihuahua tiene memoria. Este estado no nació para obedecer ni para dejar pasar injusticias. Desde siempre ha sido cuna y cabeza a la hora de pelear por las causas de México. Es increíble que Chihuahua tenga que recordarle a los que hoy dirigen el país que el poder no se hereda, se gana. En Chihuahua nunca hemos sido agresivos, pero tampoco dejados.
Por eso la numerosa presencia de Maru con su partido no fue una pose. Fue el aviso. El PAN y la gobernadora dejaron claro que la lucha apenas empieza porque lo que está en juego no es el puesto de una gobernadora, sino los principios fundamentales que se deben seguir para dirigir el país: ¿México premiará y protegerá a los que combaten el crimen, o a los que lo toleran y se asocian con ellos?
Si la presidente no entiende el enorme costo político aunado al tremendo descrédito del país por defender a los narcopolíticos, por lo menos debía comprender que no somos iguales, como ellos mismos lo dicen, porque acá se combate al crimen y se destruyen narcolaboratorios. Mínimo, si no lo quiere reconocer o premiar, por lo menos debería callar.
Por lo pronto Chihuahua toma nota. Y acá cuando nos tocan a uno, respondemos todos. Igual por Maru que por nosotros.
Se dijo que hasta donde tope. Bien. Que tope donde tenga que topar. Aquí no se negocia la dignidad.
La lucha apenas empieza.
No vean TV Azteca
La presidente pidió que no vean TV Azteca. Luego, cuando le recordaron que eso se llama censura, aclaró que no era una censura, “era sólo mi opinión”.
¡Qué alivio! Menos mal que el poder tiene opiniones inofensivas.
El problema no es que a alguien le guste o no un canal. Todos tenemos derecho a ver lo que se nos antoje, o a cambiarle. El problema es que quien lo pidió no es cualquier persona: es la Jefa del Estado Mexicano, con un micrófono abierto, presupuesto, fiscalías y concesiones bajo su mando.
Cuando un ciudadano común dice “no lo vean”, es un zapping. Pero si lo dice la presidente, es una advertencia y un acto de censura a la libertad.
No necesita firmar un decreto. Basta con ese guiño a los seguidores de Morena. Porque, del otro lado, los anunciantes entienden, los directivos entienden, los reporteros entienden. Y por supuesto, nadie quiere estar en la lista negra del poder. Entonces, lo que dijo no fue una opinión. Ejerció presión con una fingida sonrisa desde el mando supremo.
Y luego viene la coartada con risita: “fue a título personal”. Como si la investidura se pudiera colgar en el perchero antes de entrar a la mañanera. No se puede. La banda presidencial no tiene modo avión.
Si TV Azteca miente, que se le conteste con datos. Si exagera, que lo exhiba. Para eso está el debate público. Lo que no se vale es usar la tribuna más poderosa del país para invitar al boicot. Porque mañana será la censura para otro medio y pasado mañana será para un periodista incómodo.
Nos vendieron que no iban a estigmatizar a la prensa, pero cambiar el slogan no cambia la práctica. Antes era “yo tengo otros datos”, ahora es “no la vean”. El verbo cambia, pero el reflejo es el mismo: el poder censurando a los medios.
La libertad de expresión no es para aplaudir al gobierno. En realidad es para soportar a los que no aplauden. Y si solo defienden a los medios que les caen bien y les aplauden, no están defendiendo la libertad, están defendiendo a los que les hacen propaganda.
“No vean TV Azteca” suena inofensivo. Pero en la boca de la presidente, es el primer paso para recomendar que la gente no atienda o no vea otros medios que la molesten.
Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx
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