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Gobernantes ineptos

Alejandro Cortés González-Báez.- A quienes me conocen no les resulta raro verme vestido como sacerdote pues casi siempre visto ropa clerical. Pero en las horas de sueño uso la ropa oportuna para poder dormir a gusto. Si voy a hacer ejercicio procuro el atuendo adecuado, y si tengo la oportunidad de hacer guardia en alguna estación de bomberos en Chihuahua me protejo con mi equipo de protección personal cuando nos llaman a un servicio, ya que soy bombero voluntario. Pero independientemente de la ropa que use, sigo siendo la misma persona, con mis cualidades y mis deficiencias, con mis aciertos y mis errores, y la misma forma de pensar. ¡Ey padre! ¿A dónde va con todo este rollo? Pues a un tema muy simple: Los políticos cuando cambian de partido siguen siendo los mismos.

Y que quede claro una vez más, que no estoy hablando de política, pues no es mi papel, sino de asuntos puramente humanos.

Estoy plenamente convencido de que los funcionarios no se forman en los partidos, sino en las familias donde nacieron. Los formadores de todos ellos son sus padres (entiéndase: Papá y mamá; en algunos casos, sus abuelos y otros parientes, junto con el ambiente en el que crecieron, pues las virtudes se maman desde que nacemos). Ningún partido político forma a sus agremiados en la honradez, en la sinceridad, en la hombría de bien, en el servicio a la sociedad, en el orden mental, en la jerarquía de valores, en la capacidad de gestión, en la decencia del trato humano, y en las demás cualidades que debe tener un buen gobernante.

De acuerdo con lo arriba dicho, si no estamos de acuerdo en la forma en que algunos gobiernan, deberíamos echarle la culpa a sus educadores. Resulta obvio que en algunos casos no hay a quien culpar pues nadie los educó en aquello que es el eje de la formación de un auténtico ser humano.

Aquí cabe un planteamiento que suena platónico: ¿Cómo están educando hoy en día a sus hijos pequeños los padres de familia para que puedan llegar a ser los futuros gobernantes, diputados, senadores y jueces? Ya sé que esto no resuelve ninguno de nuestros urgentes problemas, pero lo que quiero subrayar es que el ambiente social y político es responsabilidad de todos, por lo tanto: Aquí todos somos culpables de nuestra situación, por nuestros “pecados de pensamiento, palabra, obra y omisión”.

Ningún actor político ha ocupado su puesto por generación espontánea. Cada ser humano arrastra detrás de sí una historia y un ambiente donde han influido muchas personas —quienes, por su participación o por su indolencia— los han llevado a las cumbres del mando de los diversos niveles.

Que se sienta indignado aquel que siempre haya respetado los límites de velocidad, quien no haya sobornado a un policía para evitar una infracción de tránsito, quien no haya copiado en un examen en la escuela… En definitiva: Hay mucho por hacer. Está claro que hay corrupción, inseguridad y otros males mayores, pero quejándonos no los resolveremos.

Por lo pronto, sí, ahora, nos toca salir a votar.

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