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En el reino de las especulaciones

Raúl Ruiz.- El frío amanecer en Ciudad Caótica cubrió la mayor parte de la franja fronteriza, a dos grados bajo cero, y el parque Bertha Chiu lucía un vaporoso velo gris, que disuadía al senderista en su caminata matutina.

Internarse entre la bruma era un ejercicio de alto riesgo. No solo de caer por un trágico resbalón al dar un mal paso, sino de perder el equilibrio… mental.

Sí. Porque entre más te introducías por la sutil neblina, más te alejabas de la realidad. Era atravesar a otras dimensiones.

Como el portal ‘Del Rumbo Desconocido ‘, lugar donde desaparecen los malandros luego de cometer una fechoría, paraje al que no recomiendo visitar. O como en mi caso, extraviarse entre los manglares del Reino de las Especulaciones.

Aquí, los especuleros se juntan en bolitas de 6 u 8, para opinar sobre los temas del momento. Ninguno tiene la razón, pues expresan sus opiniones sin fundamento racional, solo conjeturas salidas del presentimiento, corazonadas, sensaciones que buscan darle al clavo por puritita suerte.

En eso se la pasan los especuleros. Día y noche. 24 X 7 X 365. Se alimentan de la especulación y la disfrutan como el sibarita que vive para el placer. Cualquiera que los escuchara en el mundo real, les podría dar crédito a sus comentarios y podría perder el piso. En el Reino de las Especulaciones, no cabe la ciencia de la prospectiva, ni siquiera la lógica.

Yo, en plan turístico, caminando con las manos en los bolsillos y mirando como menso los falsos edificios, pasé inadvertido. Y escuché de los especuleros, sus afirmaciones…

– ¡Defintivo! Cruz queda fuera de la jugada. La candidatura quedará para Estercita.

– ¿En serio?

– Así es, mi fuente es un amigo muy cercano del comité de campaña de la Claudia.

Avancé unos metros y otra bolita especulaba…

– La fiscalía tiene ya completas 65 carpetas en contra del alcalde, su hermano y unos tíos lejanos que viven en la colonia Roma de la CDMX. De un momento a otro los atrapan. No pueden gozar de impunidad por tanto tiempo.

Doblé la esquina y estaban pisteando bajo un toldo de paja, cuatro especuleros entretenidos en el dominó. Pero… especulando, claro.

– Pues mira, si bajan a Cruz del caballo, tiene muchas probabilidades de ganar el candidato del Frente Angosto por Juarex.

– Pienso igual. Que mal pedo que no escogieron a Enrique Jalapeño. Se descompuso el plan A; conseguirían cuando menos cinco regidores.

En el Reino de las Especulaciones, el clima nunca es extremo, o más bien, nadie siente ni frío ni calor, ni sueño, ni hambre de sed. Nada de eso.

Tras una vitrina de luces de neón especulaban tres damas haciéndose el manikiur.

– Pues una cosa sí te digo, en el segundo distrito federal, ganará Marlencita, un rostro nuevo, juventud y talento. Dijo la primera.

– Y en el cuarto distrito, federal la tiene peladita, Mariachela. Le dejan ganada la curul como herencia. Dijo la segunda.

Y la tercera, acotó.

– Y las dos, por gracia de Dios, se apellidan Terrazas… ¿pueden creerlo?

El tiempo no existe en el Reino de las Especulaciones, los especuleros no duermen, solo especulan. No sé qué tanto anduve entre estas callejuelas pero en mi curiosidad, me asomé a un edificio en penumbras y vi una puerta brillante.

Abrí y sentí el chiflonazo del mundo real. Me volví a terciar la bufanda y caminé de regreso a mi estudio. Preparé mi café y mientras disfrutaba de su rico aroma y sabor, suspiré profundamente y me dije:

Ah… como me gustaría ser especulero y opinar así, sin sustento.

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