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El Socialismo

Dr. Fernando A. Herrera M.- Los extremos de la Política tienden a ser parecidos; por un lado, los socialistas que pretender “ayudar” a los pobres, lo hacen mediante dádivas; nunca bajo proyectos sustentables, y su característica más importante es centralizar y ejercer su autoridad a rajatabla; se traduce en autoritarismo.

Por el otro, los mandatarios como Recep Tayyip Erdogan, quien domina la política en Turquía desde principios de siglo, cuando fundó el partido “Justicia y Desarrollo” (AKP). Es conocido como un demócrata conservador, musulmán por decisión propia, fue Primer Ministro de 2003 a 2014 y desde entonces asumió la Presidencia; sin duda el político más popular de Turquía, lleva la rienda con mano férrea y empieza a despertar protestas por su régimen radical y absolutista.

Uno más es el de Daniel Ortega, en Nicaragua, que luego de derrocar al dictador Anastasio Somoza se ha eternizado en el poder, con su esposa como vicepresidenta y encarcelando a todos sus opositores; una dictadura social-comunista.

Antes Donald Trump, en Estados Unidos ejerció una política de ultraderecha que generó enemistad y miedo entre los países del mundo; autoritario y de extrema derecha, en donde su principal característica es que todo el que tenga más saliva trague más pinole; y lo menos posible de ayuda social a los más pobres.

Nuestro país está más centralizado que en el sexenio de Luis Echeverría, que de mis recuerdos, por la edad, es el que considero el más autoritario y centralista a la hora del ejercicio del poder; de él se sabe que quiso convertirse en líder del entonces llamado “Tercer Mundo” con una carta “Derechos y Deberes Económicos de los Estados”; luego pretendió ser Secretario General de la ONU y perdió sin votos a su favor frente a una decidida unanimidad en torno al austriaco Kurt Waldheim.

Luis Inácio Lula Da Silva, obrero metalúrgico, sindicalista y político; presidente de Brasil de 2003 a 2010, fundador y presidente del Partido del Trabajo, tres veces candidato perdedor, hasta que en 2003 ganó la Presidencia y logró triplicar el Producto Interno Bruto (PIB) convirtiendo a Brasil en potencia mundial en dos mandatos consecutivos, luego vino el escándalo internacional conocido como “Lava Jato” de la petrolera, que lo llevó a la cárcel por 580 días por corrupción pasiva.

Ahora el Juez Sergio Moro, quien llevó su caso, está sujeto a una investigación por ejercer presiones a empresarios que declararan falsedades en contra de Lula, quien ahora encabeza las preferencias para ganar las elecciones presidenciales y regresar al poder para echar fuera al derechista extremo, tipo Mussolini, Jair Bolsonaro.

Lula no oculta sus preferencias y para nadie es secreto que simpatiza con gobiernos de extrema izquierda. Daniel Ortega, radical de izquierda, de corte marxista-leninista, para conservar el poder se ha moderado y ha logrado estar muy cercano a líderes de la Iglesia y controla la mayoría de los sindicatos. Aliado incondicional de Hugo Chávez, junto a Venezuela, Nicaragua es el país que más ha expulsado a ciudadanos en busca de trabajo en otros países, ante la ausencia de políticas públicas generadoras de empleo.

En México, para no continuar con la enorme lista de países extremistas, estamos en una situación polarizada que a través del odio divide a todos y mientras el presidente centraliza el poder y lo ejerce con la más autoritaria forma de gobierno, derrocha los escasos recursos del país al más puro estilo de José López Portillo, sucesor de Echeverría, quien se distinguió por su frivolidad y ejercicio del gasto dilapidando en forma exagerada.

De acuerdo a la edad del presidente, de 68 años, es la época en que se formó políticamente y son sus nostalgias las que lo llevan a pretender regresar al país a los tiempos de presidentes admirados por él.

Hasta hace poco había venido haciendo un gobierno en donde nada más él mandaba, pero hace una semana la Cámara de Diputados rechazó la iniciativa de Reforma Eléctrica y recibió una de las derrotas más importantes de su gobierno, antes en una victoria pírrica había ganado 11 gobiernos de entidades federativas, pero perdió la mitad de la joya de la corona en la Ciudad de México y la posibilidad de juntar dos tercios en ambas cámaras para modificar la Constitución.

Ahora envió una iniciativa para reformar la Constitución en materia electoral, a todas luces regresiva y que, por supuesto, llega destinada al fracaso, debido a que pretende desaparecer al INE actual, sustituyéndolo por otro más laxo y con menos consejeros, al igual que desaparecer los Oples y tribunales Estatales Electorales. La propuesta incluye desaparecer 32 senadores y 200 diputados para reducir ambas cámaras del Congreso.

Luego presentará, según su dicho, la Reforma de la Guardia Nacional, que pretende dejar a cargo de los militares, lo cual está cantado por los partidos opositores tampoco pasaría, con lo que la Guardia Nacional seguiría operando en la ilegalidad.

Uno no deja de preguntarse: si durante la semana posterior a la derrota de la iniciativa de reforma eléctrica, han encabezado desde su movimiento, liderados por el mismo presidente, una campaña que llama traidores a la patria a quienes votaron en contra de esa reforma, ¿cómo diablos espera su apoyo para tumbar al INE y militarizar a la Guardia Nacional?

Claramente vienen dos derrotas más para el presidente, pero lo más preocupante es que parece haber perdido el rumbo, pareciera estar sumido en una depresión grave que le ha quitado su enorme capacidad de comunicador desde la tribuna diaria de su mañanera.

El miedo a una especulación de extender su mandato se ha ido diluyendo, la oposición, finalmente, ha logrado unirse en torno a una causa: “Salvemos a México, somos mayoría”, refiriéndome a que somos más, entre los que votamos en contra de AMLO y los que no votan, de tal manera que si nos unimos y decidimos cambiar de gobierno debemos salir a votar todos en 2024.

Terquedades

La crisis que enfrenta su gobierno lo ha llevado a solicitar porras para su secretario de Gobernación, Adán Augusto López, cuando debiera destituirlo por violar la Ley Electoral. Tiene en la Fiscalía General de la Republica, por capricho o favores recibidos, a un funcionario impresentable como Gertz Manero y sus obras emblemáticas están subiendo de precio, la corrupción las abruma, tanto El Tren Maya como El Transístmico y la Refinería Dos Bocas, aunque pareciera no importarle nada, salvo su propia sucesión, a la que está dedicado de tiempo completo.

Su bandera, “La corrupción”, no ha disminuido, al contrario campea como nunca, la inseguridad es un fracaso tremendo que dejará marcado su gobierno como el más sangriento de las últimas décadas.

Algunos de sus programas sociales son buenos, pero todos, absolutamente todos, están plagados de corrupción y opacidad, incluida la Pensión Universal, Sembrando Vida, Construyendo el Futuro, la prometida ayuda a discapacitados, la falsa promesa de hospital y medicinas gratuitas para todos, la mentira de desmilitarizar el país dejándolo más militarizado y al Ejército más empoderado que nunca en su historia.

El fracaso de su consulta popular para reafirmar su ego y popularidad que ya fue anulada por la Corte, por improcedente.

En fin, el presidente ha pasado de tener la mayoría calificada en las dos cámaras, el apoyo del Poder Judicial y una relación de diálogo aceptable con algunos líderes de oposición, como Dante Delgado y Alejandro Moreno, a tener ahora, a todos unidos, pero en su contra.

Ese logro pareciera ser el más importante de su gobierno. Logró lo que parecía imposible: Unir a la oposición. Por otro lado, con los insultos y agresiones verbales a jueces y magistrados ha logrado ponerlos en su contra y hasta Gertz Manero se independiza cada vez más de la influencia del presidente, sin mencionar los fracasos de Mier como líder de los diputados de Morena y el trabajo de Mario Delgado desde la presidencia de ese movimiento. Y no incluí a su ídolo Putin adrede.

¡¡¡Salvemos a México, somos mayoría!!!

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