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Él no es lo que dice ser

Dr. Arturo Castro.- La luz ilumina cualquier gesto de Francisco Bastarse. Es un político amable, responsable y organizado. Estudió política social en la Universidad de la Vida, trabaja sirviendo a la gente y sus actividades de descanso las pasa en un rancho campestre, en medio de una gran ciudad.

Su mayor ilusión es jubilarse e irse a descansar a otro rancho, uno muy lejano, sin el bullicio social; escucha música de protesta, parafrasea a grandes filósofos y héroes de la historia, elogia el misterio, la fantasía y las ideas ajenas como propias.

Disfruta al por mayor especular y contradecir a los que saben porque cree que sabe. Son ejercicios para liberar sus emociones propias e influenciar a una estática sociedad que lo observa sin verlo y lo acepta sin saber porqué.

Tiene un deporte favorito que no tiene nada que ver con el América ni el Cruz Azul porque le son inclusive. No pasa frio ni calor, vive en una casa prestada que está muy bien equipada, respira sin preocupación, ya sea enfermo o sano. Se divierte con las ideas de los amigos que son fieles compañeros de partido, cuenta anécdotas de cómo ayudar a familias de escasos recursos constantemente.

Últimamente se le ha visto cansado, ojeroso y sin ilusiones, ante la gran responsabilidad de nuevas tareas y proyectos en los que los próximos cambios políticos están a la orden del día, comandados por una especie de tres mosqueteros que incluye además a Dartagnan, quien no tiene un lugar en la mesa, pero despacha en una oficina palaciega.

Celebra a su manera las travesuras de sus comandados, dándoles la razón que sustenta a través de datos que deja sin oportunidad a la realidad de expresarse, promoviendo escenarios imaginarios que han descrito grandes escritores a través de la historia como lecciones a la sociedad del mundo mundial.

Pinocho se creía niño, Birdman creyó poder volar, Clark Kent sí lo hacía al igual que el Pegaso griego. Francisco Bastarse intenta lo posible y lo imposible, siendo la única razón verdadera su posición frente a todo y a todos. Es un político diferente que de estar parado aprendió a caminar, correr para terminar volando como Juan Salvador Gaviota.

A Juan Salvador lo corrieron de la comunidad gaviota por creerse diferente, regresando como un líder triunfante de jóvenes gaviotas ante la mirada incrédula de los viejos sabios conservadores.

La política lo permite todo a través del consenso social, ya sea dirigida o participativa, la planeación no importa ante el capricho de los programas y las obras que dejan un buen peculio a los protagonistas.

Hay muchos políticos en el orbe, pero como Francisco ninguno. Cualquier parecido que se encuentre, será solo un invento más como aquella mítica novela del héroe desconocido escrita por Miguel Alemán Velasco en 1966.

Fue la vida mítica de Hipólito Martínez en Valle Verde, convertida en película mexicana en 1981.

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