Dr. Fernando A. Herrera M.- El juicio político contra María Eugenia Campos no tumbó a la gobernadora, sino que despertó de su largo letargo al PAN.
Después de dos relanzamientos fallidos y decenas de discursos insustanciales de Jorge Romero, Acción Nacional estaba sumido en el ostracismo. El caso Chihuahua le ha dado la palanca para salir de la irrelevancia a una causa para cohesionarse: La defensa de Maru Campos como víctima de una persecución política emprendida con todo el aparato del Estado.
No se trata de retórica panista. Es lo que documenta toda la prensa: el CEN del PAN convirtió “Yo con Maru” en una consigna nacional y ha llevado la defensa al pleno durante el debate de la Reforma Judicial y ha preparado eventos de trascendencia, además de una movilización en Chihuahua el mismo fin de semana en que la presidente Sheinbaum convocó movilizaciones en todo el país para celebrar los dos años de su triunfo.
¿El PAN aprovechó el timing? Porque el gobierno federal está acorralado con el expediente que no ha podido controlar: La petición de detención preventiva con fines de extradición, contra políticos acusados de colusión con el crimen organizado.
El Departamento de Justicia de Estados Unidos requiere que México detenga, preventivamente con fines de extradición, al gobernador morenista de Sinaloa, Rubén Rocha —hoy con licencia— y a nueve funcionarios más, dos de los cuales se han ido a entregar a la justicia de los Estados Unidos. La SRE ya recibió el 28 de abril solicitudes formales de detención provisional y, aunque reclaman que la solicitud viene sin las pruebas suficientes según la propia cancillería, la pelota se pasó ahora la cancha de la FGR.
La presidente Sheinbaum no ha sabido cómo responder. En vez de tomar la ruta jurídica, ha lanzado una campaña en defensa de la soberanía nacional, colocando a Maru Campos como la artífice de permitir la injerencia extranjera.
Su partido, Morena, ha ido más lejos: instruyó a los diputados locales de Morena para que iniciaran formalmente una solicitud de juicio político por traición a la patria contra la gobernadora, por haber permitido —dicen— la entrada de personal de la CIA sin avisar a la Federación.
La maniobra es burda: emparejar el marcador. Si Washington pide a un gobernador de Morena, el oficialismo responde pidiendo la cabeza de una gobernadora del PAN. La opinión pública se decanta por creer que no es justicia, sino una vil distracción y hasta revanchismo.
El problema es que la distracción no borra los nombres. Mientras el gobierno persigue a Maru por un operativo donde murieron dos agentes extranjeros, no explica por qué no ha procedido contra algunos de los suyos señalados por una corte extranjera.
En los hechos se dice que eran cuatro agentes y dos murieron, pero a los otros dos los dejó ir sin abrir una carpeta de investigación, y ahora usa la soberanía como escudo político, dejando de lado la omisión que le exigía la ley de detenerlos.
El PAN lo entendió tarde, pero lo entendió: si no defendía a Maru ahora, mañana cualquier opositor sería “traidor” por estorbar la narrativa. Por eso salió del letargo. No por ideología, sino por supervivencia y estrategia.
El juicio a Maru Campos no es contra Chihuahua. Es contra la sociedad misma y la opinión pública. Y por primera vez en el sexenio, la oposición decidió no permitir, como hasta ahora, que la narrativa desde la mañanera se imponga.
No hay caudillo que valga
Tenemos más de dos siglos de Independencia y los hemos visto pasar probando gobiernos como quien se prueba ropa. Gobiernos van y vienen, de todos colores, con todas las promesas. Nunca ninguno ha logrado llenar las expectativas de la sociedad, no porque todos fueran malos, sino porque ninguno vino a construir ciudadanía. Vinieron a usar el poder y se fueron. Y nosotros los dejamos.
Hemos confundido patria con gobierno, y gobierno con un mesías, con un salvador. Esperamos con ilusión que llegue alguien que nos diga qué hacer, cómo hacerlo y a qué hora nos formamos. Cuando no llega, nos enojamos. Cuando llega y falla, nos volvemos a sentar a esperar al siguiente. Es el ciclo perfecto del caudillismo, un líder que promete resolvernos la vida, entonces la gente le delega la vida y al final nadie responde por nada. Es tiempo de romperlo.
Nadie, ningún caudillo, nos va a resolver la vida. Esa la tenemos que resolver cada uno por nuestra cuenta, en la casa, en la calle, en el trabajo. No podemos seguir esperando instrucciones, ahora nos toca asumir las consecuencias de nuestros actos. La democracia no depende de un mesías cada seis años, depende de un oficio que debemos hacer a diario.
Míralo en números. En la elección presidencial de 2024 votó apenas el 59.8% del padrón. Es decir, cuatro de cada diez mexicanos con derecho a votar decidieron no ir a la casilla. Es más, en seis de los estados, el abstencionismo promedió 54%, con picos en otros de hasta 62%. Eso no es apatía, es renunciar a que mi vida pueda ser mejor.
Y renunciamos justo cuando más nos cuesta. Porque ahora creo que todos hemos perdido algo: un familiar por la violencia, un negocio por la extorsión, un año de escuela por la pandemia, un ahorro por la inflación, un amigo que se fue. Cada familia en México carga una tragedia reciente, y aun así, seguimos esperando que alguien más la repare. No va a pasar.
Ellos, como gobierno, pueden ir y venir. Nosotros, estamos obligados a permanecer aquí como ciudadanos, aquí nos tenemos que quedar. Debemos comprender que, si no lo hacemos nosotros, no se arreglará nada, porque el poder no construye ciudadanía, la ciudadanía es la que construye el poder. Un voto no es un favor al candidato, es un contrato que firmamos con nosotros mismos.
La única forma de tener el gobierno que necesitamos es eligiéndolo entre todos, no solo una parte de nosotros. Cuando vota el 60%, gobierna el 60% para el 100% y el 40% restante luego se queja del resultado que ayudó a provocar con su silencio. No hay representación que valga sin la participación de todos.
Despertar no es gritar en redes. Es entender que la responsabilidad es nuestra y que no es delegable. Es dejar de pedir que nos resuelvan y empezar a exigirnos a nosotros mismos. Es ir a la casilla, aunque llueva; es vigilar el conteo, aunque dé flojera; es organizar el comité de vecinos aunque nadie nos pague; es decirle que no al que ofrece dinero por el voto aunque tengamos mucha necesidad.
Algo tiene que moverse dentro de nosotros. No es ideología, es madurez. México no necesita otro salvador, otra mentira más, México necesita millones de ciudadanos ordinarios haciendo cosas ordinarias como votar y, por supuesto, preguntar, informarse, participar, cumplir la ley, pagar impuestos y exigir cuentas.
Los gobiernos pasan. Nosotros, la ciudadanía se queda. Si esta vez, después de tanto que hemos perdido, no entendemos eso, seguiremos cambiando de jinete mientras el caballo sigue cojo.
Es tiempo de despertar. No porque venga alguien a despertarnos… Es que ya no podemos seguir dormidos.
Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx
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