Dr. Fernando A. Herrera M.- Chihuahua tendrá una elección para gobernador cerrada y, quizás, de las más competitivas en su historia moderna.
La frontera es en el papel una potencia demográfica. Con cerca del 40% de la lista nominal del estado tiene el potencial para poner y quitar gobernantes.
Hasta ahora nadie ha logrado una votación más allá de los estándares históricos registrados. En Juárez, eligen alcalde con porcentajes menores al 40% de su listado nominal. Y cuando hay campaña para elegir gobernador se acercan a ese número, pero nada más allá de uno o dos puntos. O como dicen en las encuestas: arriba o abajo de ese número.
La realidad que no pregunta y solo se impone, nos deja claro que se trata de una costumbre histórica e implacable: Juárez no vota, y cuando vota, cuida ese techo de cristal.
Cuando eran solas las elecciones intermedias, la afluencia bajaba a niveles de 28 a 30%. Ahora que son coincidentes, rozan el 40%, quedándose un poco atrás o lo superan con uno o dos puntos.
Este comportamiento incide en su peso y propicia que municipios del centro, sur y oriente del estado, con padrones menores, pero más activos, inclinen el resultado.
En Juárez el arraigo de esta apatía electoral es superior a cualquier liderazgo local y el cargo de alcalde casi siempre se convierte es un laberinto del que ningún político –de los últimos años– ha logrado salir, con éxito, al siguiente escalón. La última vez que ocurrió fue en 1992, con Pancho Barrio (+).
En el resto del estado es raro que se entienda los que quieren decir “Juárez es Juárez”, y sin ese entendimiento no se puede dar la conexión, ni se puede valorar su extraordinaria calidez al acoger gente de todo el estado y del país.
En Juárez, a una semana de que llegas, te sientes juarense, pero, porque ellos te hacen sentirlo y, al mismo tiempo, defienden su orgullo de identidad, apegado a una independencia férrea, que no negocian con nadie ni por nadie.
Si quisieran gobernar, podrían hacerlo o estar muy cerca de lograrlo con su propio listado nominal, pero lo que más les importa es dirigir con toda la autonomía su ciudad, preservar su orgullo y la independencia con que se manejan. Mientras no se metan con ellos, se ocupan de lo suyo.
Una premisa que a la postre resulta falsa, es aquella, producto de un análisis político, que afirma que gobernar Juárez, “con cierto éxito” garantiza que se puede ir por la grande.
Los alcaldes juarenses, por más exitosos y populares, incluso, carismáticos que hayan sido durante su gestión municipal, no han podido romper con ese techo de cristal.
Alcaldes de diferentes partidos que arrasaron en elecciones locales, después corroboraron que ese mismo electorado que los aplaudió, se quedó en casa en la siguiente elección.
Algunas posibles razones
Juárez es una ciudad receptora de migración por excelencia. Su vibrante dinamismo económico atrae a miles de personas de otros estados de la República. La población flotante tramita un enorme número de credenciales de elector, sin tener arraigo. Para un ciudadano que va de paso, o recién llegado, las decisiones de las urnas les resultan ajenas.
Juárez es el motor principal de la industria maquiladora y ha impulsado a Chihuahua, y con mucha ventaja, a ser el mayor exportador del país. Para lograrlo, un enorme sector de población vive sometido a horarios laborales extenuantes y sometidos a un rol de turnos muy exigente. Para esos cientos de miles de personas, el domingo electoral representa un día de respiro que no van a cambiar para ir a hacer la fila en la casilla.
Ese día es, apenas, un breve espacio para el disfrute familiar o, en muchos casos, oportunidad de una jornada extra para ganar algo más para sus hijos.
Existe otro factor que es profundo, es una decepción o desencanto acumulado por décadas. Juárez produce la riqueza, pero su presupuesto no lo refleja.
Es algo similar a lo que ocurre con el estado, que aporta al país como el número 10 en su PIB y recibe presupuesto como si fuera 21, por su número de habitantes.
Este sentimiento de abandono histórico, alimenta esa apatía colectiva hacia las figuras gobernantes. Al igual que con los habitantes del estado que les provoca una rebeldía justificada hacia la federación por el cómo reparte nuestros impuestos.
La realidad vs las estrategias
Morena no necesita convencer a los convencidos, sino despertar a un gigante, a sabiendas de que la popularidad local de sus alcaldes, para nada es garantía de una votación masiva.
En contrario, la oposición irá por la inercia: Que Juárez sostenga sus rangos.
Romper el techo de cristal en Juárez, requiere de una conexión permanente con la identidad y el orgullo de una frontera súper productiva, pero siempre mal tratada e incomprendida.
Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx
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