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El atardecer de Ciudad Juárez

Lic. Héctor Ramón Molinar Apodaca.- El orgullo de ser juarense, se manifiesta en la forma de vida que nuestros antecesores nos inculcaron en la que fue considerada como la mejor frontera de México. Ciudad Juárez, Chihuahua, se deja querer en primer lugar por los nativos de esta ciudad, que colinda con la hermana El Paso, Texas, donde nacieron un gran porcentaje de mexicanos que se quedaron a vivir en Juárez y no en El Paso.

Las personas que llegaron por diferentes motivos emigrando de sus lugares de origen, son parte de las familias que han colaborado para crecer en la economía y en el empleo, generando con su participación una estadística que puede competir con la industria y en las diferentes carreras que ofrece la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, como la Medicina y las diversas de Ingeniería con reconocimiento universal, así como personajes famosos en la cultura y el arte.

Somos una comunidad hospitalaria por naturaleza, que compartimos sin egoísmo, sin envidia y sin hostilidades nuestra gran ciudad en todos los aspectos, y hemos abierto las puertas de nuestras casas como la amistad que nace del corazón. El juarense adoptado Juan Gabriel, nos describió en las letras de sus canciones. Se enamoró de esta gran ciudad, donde creció amado y donde comenzó su triunfo como artista, dejando como gran legado el lado bueno y humano de nuestra ciudad en sus canciones.

En los años sesenta y setentas íbamos bien en el progreso normal. No nos veíamos tan disparejos con El Paso, Texas, pero nos sucedió lo que nos sigue afectando enormemente, pues también llegó para quedarse la corrupción. Así comenzaron los negocios ilícitos de compraventa de drogas y alcohol. Los gobernantes se doblegaron ante el poder y la riqueza ilícita. Algunas familias de alta calidad de vida aprovecharon para apropiarse de las tierras a su alcance, ante el inminente crecimiento urbano. El tráfico de influencias determinó la distribución de la riqueza en todos sus aspectos.

En cuanto a los valores y sentimientos, seguimos conservando algunos, tales como la lealtad, la honestidad, el amor al prójimo y la hospitalidad, dejando de lado a la clase política que se fue perdiendo como se refleja en la desolación de una ciudad en ruinas por falta de capacidad y honestidad de los que han tenido el honor de gobernar a la frontera que dejó de ser la más importante por el calificativo despreciable de la “más violenta”.

Cincuenta años perdidos por la enorme corrupción, nos convierten en sobrevivientes del país. Porque con la mano de obra, capacidad profesional y emprendedores que somos, hemos logrado superar la pobreza extrema y seguimos siendo atractivos por el ambiente indescriptible que atrae a los fuereños. A pesar de la ingratitud de los funcionarios que han formado parte de los ayuntamientos cada tres años y que son testigos del saqueo y destrucción de la noble tierra que los vio nacer.

Somos víctimas de los gobernadores del estado de Chihuahua y presidentes de la república en turno, que nos venden cobre como si fuera oro, bajo la demagogia que les distingue y los separa de la sociedad que verdaderamente trabaja para la comunidad en general, porque el lavado de dinero se infiltró entre empresas que contratan a juarenses buenos y no distinguimos a los malos. Por eso es la gran puerta del crimen organizado. Los malos también llegaron y se quedaron.

A pesar de que estamos en alto riesgo en el consumo de las adicciones, gracias a que los criminales de los cárteles han utilizado a nuestros niños y jóvenes para explotar su inocencia, bajo la complacencia y complicidad gubernamental, así como todo tipo de tranzas para despojarnos de la cultura, costumbre, diversión sana, educación y el crecimiento urbano bien definido y organizado, todavía podemos avanzar para rescatar lo poco de lo mucho perdido.

Los que decidimos quedarnos a pesar de las adversidades en cuanto al clima extremo y zona desértica, somos testigos de la manera que hemos caído en un laberinto sin salida ante la corrupción, que nos despojó también de la historia del antiguo Paso del Norte, porque ya no tenemos el centro histórico que es fundamental en todas las ciudades del país. Pero los atardeceres siguen siendo con hermosos colores.

Nos han robado todo, menos la dignidad y por eso los juarenses seguiremos trabajando para erradicar las adicciones y superar la corrupción. Porque también tenemos buena crianza que ha heredado los valores y principios para fomentar en todas las familias que tienen ilusiones y cuya sangre fluye heredada con la bondad y el carisma que nos caracteriza. Y no lo digo yo. Siempre habrá algún visitante que exprese: “Ciudad Juárez está bien feo, pero me gusta”. “Los juarenses tienen algo que nos atrae que no sabemos cómo decirlo, pero lo sentimos”.

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