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Crímenes de Estado

Dr. Fernando Antonio Herrera Martínez.- Los crímenes de estado casi nunca son esclarecidos. Está el caso Colosio, el de Aguas Blancas, el de Acteal…

Hoy que se cumplen nueve años de la desaparición de los 43 de Ayotzinapa. Se refuerza la creencia de que cuando el Estado está involucrado, como en este caso, los padres nunca sabrán lo que pasó, tampoco dónde están.

Se mintió cuando mataron estudiantes en 1968, igual en Corpus Christi 1971. De toda la guerra sucia hay desaparecidos de los que no se sabe nada a 50 años de distancia. La impunidad que se reserva el Estado es total. Tlatlaya es otro ejemplo de ejecuciones impunes. La muerte de 40 migrantes en Juárez es otro caso de protección del Estado a un amigo.

Los nueve años de la desaparición de los de Ayotzinapa son los años de la peor vergüenza de los dos últimos gobiernos. Llegan a la verdad y cuando saben quiénes fueron, porque lo saben, todo se atora. No hay autoridad que valga frente a los galardones que pesan más que el presidente.

El uniforme no sólo llama la atención de las mujeres, sino que intimida a los presidentes. Los padres no tienen dónde ir a visitar ni a llorar, menos a recordar a sus hijos. También es doloroso porque no saben dónde están. Se sabrá hasta dentro de unos 30 años o más, cuando ya ninguno de los involucrados viva. Así funciona.

Los padres seguirán su viacrucis, su interminable peregrinar. Andrés Manuel López Obrador sabe quiénes fueron, pero les teme. No así a los padres de las víctimas, a quienes oye sin escuchar.

Odios y división

Los odios entre mexicanos están a flor de piel. Basta que opines algo sobre política para que varios te digan que estás equivocado y si la persona o grupo que te contesta usa violencia verbal, te dirán hasta de qué vas a morir.

¿Quién propició ese odio? ¿Quién dividió a los mexicanos? ¿Ahora somos un país de izquierdos y derechos o liberales y conservadores? ¡No estoy de acuerdo!

Es cierto que nuestra identidad nunca se ha definido como para darnos orgullo de pertenencia o una identidad que nos llene de orgullo. A menos que seamos esos mexicanos que tanto me agrada ver en los partidos que viajan por todo el mundo vestidos de mil maneras para que se note que son mexicanos.

Ya es hora de dejar ese odio atrás. En México somos más que eso. No podemos dividir el país entre chairos y aspiracionistas, zurdos y derechos, liberales y conservadores… Creo que los verdaderos mexicanos estamos por encima de eso. Que nadie nos manipule, decidamos solos y que las decisiones nos definan.

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