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Corrupción latente

Entregar el poder a algo o a alguien para que te domine y se apodere de tu mente, es una forma de suicidio psicológico. Walter Riso, psicólogo italiano

Cuauhtémoc Monreal Rocha.- La sucia política mexicana, ¿cuál no?, invade todo el país. Los gobernantes, todos, juegan descaradamente con la dignidad ciudadana y pareciera que a esa sociedad heterogénea le gusta, le encanta saborear que le den atole con el dedo desde Palacio Nacional, donde se hospeda el hombre de Macuspana.

Ecce homo que ocupa la Silla Embrujada, sin duda, opinamos nosotros, pasará a la historia de México como el primer presidente en nombrar por dedazo, destape, designación, impulsar o lo que sea, a una candidata (Claudia), a una candidata de la oposición a la cual le cerró la puerta Mariana (Xóchitl) y a un candidote títere, de un partido minoritario MC llamado Samuel (a) el “Fosfo Fosfo”, a quien, afortunadamente, después de un buen sainete político, las autoridades neolonesas ya sometieron al orden y la campaña presidencial, hasta donde estamos informados, seguirá siendo un mano a mano ranchero, entre una emperatriz y una aborigen, todo esto escrito con el debido respeto para ambas mujeres, o si lo prefieren, para ambas ciudadanas.

La que sigue dándole fuerte dolor de cabeza a los mexicanos es esa voraz empresa paraestatal llamada PEMEX, que no tiene llenadera; sigue siendo, desde 1938 “pa’cá”, un auténtico barril sin fondo, sigue siendo la cueva de Ali Babá (Tampoco la CFE no canta mal las rancheras), para unos cuantos saqueadores de los bienes nacionales y por eso su administración, cada día, cada semana, cada mes, cada año, hasta llegar a este gobierno cuatrotero y folclorero, se vuelva más opaca, más turbia.

La transparencia de sus recursos no existe, no se ve por ningún lado; en tanto que su administración, en plena quiebra, según los enterados, no mejora nada, lo mismo su cacareada producción que no levanta ni con grúa, con todo y “Dos Bocas”, lo que nos hace pensar que su corrupción latente no tiene fin, por estar amparada por la impunidad, gracias a la indolencia y capricho del presidente más autócrata que ha llegado a Palacio Nacional.

Veremos qué sucede los próximos días, no vaya a resultar otro candidote o candidota a la Grande, porque la nación mexicana, psiólogicamente, ya está cansada de los caprichos del Viejo. Vale

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