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Chihuahua 2027

Dr. Fernando A. Herrera M.- El diseño, desde la comodidad de los escritorios en la Ciudad de México, de las estrategias electorales para 2027, pareciera un ejercicio de pulcritud matemática e ideológica por parte del PAN nacional, pero la realidad es que ese choque centralista podría dinamitar a ese partido y pulverizarlo aún más.

La nueva dirigencia nacional del PAN, encabezada por Jorge Romero Herrera, ha dictado una sentencia que pretende ser universal: el partido debe ir solo rumbo a 2027, con el objetivo de recuperar la “pureza” de su marca y enterrar de una vez por todas la alianza con el PRI.

Sin embargo, al aplicar esta receta de forma homogénea a todo el país, el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) comete un error clásico del centralismo.

Parece no entender que el pulso real de Chihuahua lo tiene la gobernadora Maru Campos, y que con sus decisiones cupulares abriría la puerta a un choque interno de consecuencias catastróficas para el panismo nacional.

Dictar una estrategia de aislamiento desde el centro del país para un estado con la complejidad de Chihuahua es, por decir lo menos, un síntoma de desconexión territorial.

Mientras la dirigencia nacional se enfoca en discursos de tribuna y en purgas de pasados errores compartidos con el priismo, en el terreno local, la realidad es de trinchera.

Chihuahua es uno de los últimos bastiones donde la oposición no solo sobrevive, sino que gobierna y compite al tú por tú contra el aparato del Gobierno Federal.

La miopía del PAN nacional radica en ignorar que el éxito político en Chihuahua se ha construido gracias al pragmatismo operativo y al liderazgo de Maru Campos. La gobernadora ha demostrado entender el pulso regional, tejiendo acuerdos y operando con un realismo político que en la capital del país parecen no comprender.

Para el panismo chihuahuense, la urgencia no es salvar la pureza del logo, sino retener el estado. Y para lograrlo, las matemáticas locales son las que mandan, no los caprichos del CEN.

Si Jorge Romero insiste en asfixiar la flexibilidad que los liderazgos norteños exigen para construir frentes amplios locales, la colisión interna será inevitable.

Un choque abierto entre el Gobierno de Chihuahua y la dirigencia nacional traería pésimas consecuencias para el PAN en todo el país.

En primer lugar, al debilitar institucionalmente a Maru Campos frente a la maquinaria de Morena, le quitan oxígeno al contrapeso político más visible que le queda al panismo. Si el CEN dinamita las alianzas locales de supervivencia que requiere el estado, fragmentará el voto opositor, entregándole en bandeja de plata la gubernatura al oficialismo.

En segundo lugar, la soberbia centralista provocaría una ruptura total en la confianza de las estructuras locales hacia su dirigencia.

Un PAN nacional debilitado, que pierda Chihuahua por un error de cálculo nacido del orgullo, se quedaría sin narrativa de victoria y sin el financiamiento político de gubernaturas clave, lo que lo llevaría a una crisis de legitimidad interna insalvable.

El partido existe para ganar y ejercer el poder, no para ganar debates morales mientras entrega sus estados más preciados. Al final del día, la pureza ideológica de nada sirve en la oposición. El centralismo del CEN podría costarle al PAN el norte del país y, con ello, su relevancia nacional.

Dr. Fernando A Herrera. Periodista y politólogo, es Doctor en Administración por la UACH. Presidente del IEE Chihuahua (2006-2015); presidente de Instituciones Electorales de las entidades federativas en México (2014). Es autor de la trilogía “Secretos” filosofía para la vida cotidiana. Presidente y director general de chihuahuaexpres.com.mx

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