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Año 2021

Alejandro Cortés González-Báez.- Mi querido 2021,como quizás sepas, desde hace tiempo tengo la costumbre de despedir los años, y lógicamente ahora te tocó a ti. La verdad no tengo idea dónde está el cielo de los años, o algo que se le parezca. No creo que sea justo mandarlos a una simple bodega para almacenarlos en cajas que se cubrirán de polvo. Pero, en fin, ya me he acostumbrado, este es uno de los muchos asuntos en los que nadie me pide mi opinión. Si por mí fuera, tendría una agradable finca donde pudieran convivir entre ustedes y platicar sobre todo lo que les tocó ver en su paso por este hermoso planeta donde vivimos los humanos.

Debe ser muy interesante escucharlos a ustedes sobre lo que realmente sucedió, pues entre la prensa, las redes, la historia oficial y los “expertos” que nunca faltan, nos quedamos sin la oportunidad de conocer la verdad. A estas alturas todavía ignoramos mucho sobre la famosa pandemia, o pandemias, pues no sé si las diferentes variantes del Covid se puedan considerar como una sola o son distintas. Tenemos mucho tiempo oyendo diversas opiniones a favor y en contra sobre el origen, los medicamentos, la conveniencia de hospitalizarse o no, y sobre las posibles consecuencias de vacunarse. Todo esto se ha convertido en una enorme madeja de afirmaciones contradictorias.

Hay un tema de importancia capital en el que también existe una división de opiniones y el cual va tomando tonos cada vez más contrastantes en el ambiente social y político. Desafortunadamente contemplamos a diario que algunas autoridades civiles y, una vez más la prensa y los demás medios se refieren a grupos de opinión con términos peyorativos. Tal pareciera que no son conscientes de que están llenando un barril con pólvora, pues como todos los seres humanos tenemos la capacidad de dejarnos llevar por las emociones hasta altos grados de violencia.

Cuando perdemos de vista esto, corremos el peligro de dejar de ser parte de la solución para convertirnos en parte del problema, de ahí la importancia de cuidar nuestra forma de hablar para no transformarnos en soldados de ejércitos contrarios ofendiendo y humillando a quienes piensan de manera distinta a la nuestra. Todos tenemos la obligación de tender puentes en vez de destruir los que ya existen, y desafortunadamente vemos que nuestra sociedad presenta preocupantes señales de inestabilidad.

Por otra parte, está el tema de la educación de los menores en asuntos tan importantes como el respeto a la forma de pensar de los demás en cuestiones de política. Hace un tiempo un amigo que conduce agresivamente me comentó que estaba pensando en enseñar a su hija mayor a manejar. Yo le comenté que estaba en un error ya que sus hijos han estado aprendiendo a manejar desde muy pequeñitos pues están acostumbrados a viajar en su auto.

Los padres de familia están formando gente pacífica, conciliadora, respetuosa y colaborativa todos los días o, por el contrario, futuros adultos groseros, irrespetuosos, intolerantes y agresivos que formarán parte de grupos sociales sanos o enfermos, y todo ello sin darse cuenta que al hacer comentarios sobre temas de política están usando palabras y juicios peyorativos frente a sus hijos. Dentro de poco, cuando los hijos regresen a las clases presenciales van a participar en conflictos con sus compañeros por este tipo de posturas extremistas, y más tarde, en todos los ambientes de la sociedad.

No debemos caer en el juego de la división que algunos están orquestando, pues con ello ponemos en peligro la paz de nuestro país.

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